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El cineasta francés Alain Resnais fallece a la edad de 91 años

El cineasta francés Alain Resnais fallece a la edad de 91 años

El productor de sus películas ha confirmado que ha fallecido rodeado de su familia

D�a 03/03/2014 - 11.20h

Con Alain Resnais (1922 - 2014) desaparece uno de los últimos grandes maestros de los dos movimientos, la Nouvelle Vague y el Nouveau Cinéma, que transformaron la historia del cine y, en cierta medida, la historia de la cultura francesa, durante los años 60 del siglo XX, inventando nuevas formas de relatos visuales, cinematográficas.

Los maestros de la Nouvelle Vague, Eric Rhomer, François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, instalaron la cámara cinematográfica en la calle, siguiendo la brecha abierta por los vanguardistas rusos y un genio de origen español, Jean Vigo.

Los maestros del Nouveau Cinéma, Resnais, Agnès Varda, Chris Marker, Georges Franju, Henri Colpi, Armand Gatti, Roger Leenhardt, Pierre Kast, eran menos «estetizantes» y comenzaron dando al documental un estatuto de gran obra artística. Hubo muchas otras diferencias entre ambos movimientos. Con el tiempo, esas divisiones se esfuman pasablemente. Y, para nosotros, queda lo esencial: obras de ambición excepcional que cambiaron el rumbo de la cultura visual francesa.

En ese marco, Resnais ocupa un puesto de muy primer orden. Comenzó siendo un documentalista magistral. En ese terreno, sus obras sobre Van Gogh y Guernica continúan siendo trabajos de referencia. «Nuit et brouillard» fue la primera película francesa sobre los campos de concentración. Con un capítulo especial consagrado a los campos franceses. Un documento extraordinario, recibido con terror administrativo. El Estado francés no aceptó su distribución hasta 1977, veinte años después de su realización.

Actor, documentalista, gran lector, guionista, Resnais hizo una obra con muchos registros, político, formalista, teatral, incluso «dialogante» con los dibujos animados y el comic. El director solía decir: «Cuando estoy bajo de forma, leo novelas. Cuando estoy en forma miro y leo mucho cómic».

Las dos primeras y grandes películas de Resnais, «Hiroshima, mon amour» (1959) y «L?Année dernière à Marienbad» (1961) fueron dos grandes aldabonazos, saludados por la crítica como dos grandes monumentos. Por aquellos años comenzaba a triunfar el Nouveau Roman, un movimiento literario muy formalista. Las películas de Resnais dialogaban a su manera con la obra literaria de Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet.

El Nouveau Roman pasó a mejor gloria. Aquellas primeras películas de Resnais solo eran capítulos de una obra en marcha que tomó muchos otros caminos. Hay un Resnais político, que filma «La guerre est finie» (una parábola que parte de la Guerra civil española). Hay un Resnais cronista de época, que filma Stavisky, la historia de uno de los grandes escándalos de la III República. Hay un Resnais mucho más intimista, a partir de los años 80 del siglo pasado, cuando la segunda esposa del cineasta, la actriz Sabine Azèma, se convierte en personaje central de su obra.

Bajada a los infiernos

Andando el tiempo, Resnais no dudaría en embarcarse en proyectos próximos a la opereta, como «Pas sur la bouche», cuando no filma fantasías burlescas, como «Les herbes folles». La última gran obra del cineasta, «Vous n?avez encore rien vu», es una suerte de síntesis de toda su obra. El narrador cuenta la melancólica historia de un grupo de personajes, convocados postmortem para interpretar una nueva versión de Eurídice, la historia de una bajada al infierno en busca de las raíces y los seres que iluminaron y sembraron nuestra vida.

El primer Resnais que contaba la historia silenciada, hasta entonces, de los campos de concentración franceses, puestos al servicio del invasor nazi, era un cronista de la historia más atroz, gran maestro del documental más implacable. Los Resnais que vinieron (formalista en «Marienbad»; o político estrictamente político, muy convencional) también se preguntaban por el sentido de la historia, para extraviarse en los más oscuros laberintos. El Resnais último estaba muy alejado de sus aventuras de treinta o cuarenta años atrás. Y comenzaba a enriquecerse con una ligereza impensable en otro tiempo. Para mejor bajar al infierno de las dudas morales y metafísicas de los personajes de su obra última.

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