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«España está liberando endorfinas con 'Ocho apellidos vascos'»

ABC junta a protagonista, director y guionista de la película que se ha convertido en todo un fenómeno social en España

D�a 01/04/2014 - 02.12h

«Ocho apellidos vascos» es la película del año en España. Un éxito fulgurante que no deja de crecer gracias al boca a boca. Con más de 16 millones de euros recaudados, ya hay luz verde para una secuela que podría ambientarse en Cataluña.

La película narra la historia de Rafa, un joven sevillano que se enamora de una chica vasca y la sigue hasta su pueblo. En ese punto reaparece el padre de ella. Rafa debe hacerse pasar por vasco para no despertar la ira del arquetípico votante del PNV que exige pedigrí de la tierra a su futuro yerno (de ahí el título de la cinta). Un engaño que da pie a infinidad de situaciones cómicas que juegan con los clichés de unos y otros, vascos y andaluces.

Tres de los principales responsables del filme acudieron a ABC para cambiar impresiones sobre el mayor éxito del cine español del momento: su director, Emilio Martínez-Lázaro; uno de sus guionistas, Borja Cobeaga (el otro responsable del libreto es Diego San José); y su actor protagonista, debutante en la gran pantalla, Dani Rovira. La primera pregunta era obligada: ¿Esperaban un éxito de este calibre? El debate entre ellos, que destila complicidad, se anima de inmediato.

Emilio Martínez-Lázaro: Esta cantidad de éxito yo, por lo menos, no la esperaba. Ni yo ni nadie. Es muy raro. Llegar a las cifras de recaudación de la primera semana es muy difícil, que la segunda semana las supere ya parece imposible. Da la impresión de que se está manteniendo también, es milagroso. Decía Pedro Pérez (expresidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales) en twitter que había pasado de fenómeno cinematográfico a fenómeno social y yo también lo creo.

Borja Cobeaga: Creo que es normal, con la promoción que ha habido, que arranque bien. Pero ya que la segunda semana semana suba, eso es la película, no la promoción. Creo que es una película para ver en cine. Si la ves solo en tu casa...

E.M.L.: Pasa con todas las comedias de risa. Las que son más de sonreír da un poco igual. Las que tienen risa en voz alta, como esta, hay que verlas en público.

B.C.: Las comedias de sonrisa son un poco tristes...

Dani Rovira: Como el primer fin de semana funcionó tan bien crea el efecto de que estás en el gimnasio, en el «curro», en el bar, y están tus dos colegas contándote la película. Y dices: «Ya está, no me la contéis, quiero ir a verla». El boca a boca es brutal. Hay gente que está yendo dos veces a verla. Es imposible esperar una cosa así. Ni el mismo público lo esperaba.

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El malagueño Rovira, hasta ahora conocido como uno de los mejores cómicos de escenario, se lanza a desgranar las que considera que son las claves de la acogida de la película:

D.R.: Es la combinación de muchas cosas. El momento en que ha llegado, una muy buena fecha, cuando no había ninguna comedia en los cines; una promoción brutal, una película que habla sobre una temática que nunca se había tratado antes en España, el tema de los regionalismos, escrita por ellos (Cobeaga y San José), los más acreditados para escribir comedia, sobre todo en el País Vasco. Un reparto que es de mundos muy diferentes. Dirigida por él, hasta los colores del cartel. Creo que sale una vez cada... Han salido los tres limones.

Los tres ríen a gusto con la comparativa que hace Rovira con una máquina tragaperras. El director retoma el hilo:

E.M.L.: Yo no sé explicarlo racionalmente, tantísima cantidad de éxito. (En Telecinco) no tenían la seguridad para nada. Esperaban que pasara algo muy bueno. Pero llegar a estos niveles... La primera semana que quedara encima de «300», que llegara la segunda semana y las dejara a todas por ahí tiradas. Eso es muy raro, muy extraño y nadie se lo esperaba. He hablado mucho con el presidente de Universal, que está eufórico, y tampoco se lo esperaba.

B.C.: Creo que sí que había expectativa de que fuera bien pero no tanto.

Un éxito que sus propios responsables todavía intentan asimilar pero que no puede ser fruto de la casualidad. ¿Qué hace tan especial a Ocho apellidos vascos? ¿Qué la diferencia del resto?

B.C.: Dani... Es su primera película y ha sido llegar y besar el santo.

D.R.: Yo no había rodado ninguna película pero sí soy consumidor de cine y creo que, aunque el rodaje ha sido muy maravilloso, no es fácil llegar a hacer un producto así. Es difícil de hacer pero muy fácil de ver. Ahí está la clave. Como público me apetece verla, es una comedia muy facilita, como espectador es fácil disfrutarla, te va llevando y no tienes que hacer ningún tipo de proceso cognitivo. Es tan sana y te hace sentir tan bien que ha llegado en un momento ideal.

E.M.L.: Es la pregunta del millón. Yo he hecho un montón de películas y es la segunda vez que me pasa (tras «El otro lado de la cama»). Y seguramente no me volverá a pasar. No es nada fácil. ¿Qué demanda el público? ¿Quién lo sabe? Cuando vieron el primer montaje no creas que hubo una reacción tan positiva. Saber qué demanda el público para hacer un éxito... si lo supiéramos, puedo asegurar ahora mismo que lo haríamos todas las veces. Es lo que queremos hacer. Todos. Tienen que darse muchas condiciones: un excelente guión, unos excelentes actores y un director mediano (bromea).

B.C.: Comedias se han hecho siempre. «Tres bodas de más» ha ido bien.

E.M.L.: Es muy díficil saber cuándo una película tiene éxito o no. El público es impredecible, si no aciertan ni los americanos. ¿Por qué se hace «Spiderman» siete veces? Para no equivocarse, saben que es una marca.

B.C.: Siempre se habla de falta de ideas, pero tiene que ver con el miedo: a no repetir éxito, a repetir fracaso. ¿A cuántos guionistas de España le estarán diciendo: quiero una como esta? En un negocio como este, tan inseguro, te agarras a cualquier cosa. Ha salido bien pero no es muy diferente a lo que se había hecho. Ha acertado en conectar con el público, pero no más o menos que otras películas.

E.M.L.: La mezcla ha salido muy bien pero quizás no ha sido tan pretendida. Hemos tenido todos suerte. Dani era la primera película. Nos podíamos haber dado un buen golpe. El problema del cine español es estructural, no es de dar con una película de éxito. Si fuera fácil todas las películas serían así y todo el mundo invertiría en cine.

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Tópicos y humor sano

Antes del estreno de «Ocho apellidos vascos», planeaba cierto temor a ofender sensibilidades. Martínez Lázaro revela que, a dos semanas, del estreno, la palabra «vascos» estuvo a punto de desaparecer del título.

E.M.L.: El título lo inventó Borja y me pareció maravilloso, un acierto absoluto. Estuvieron a punto de cambiarlo por ese tipo de prejuicios.

B.C.: La sociedad va por delante. Los miedos que pueda haber por nuestra parte, la sociedad española nos da mil vueltas, está mucho más dispuesta a aceptar esto, tratar temas como el nacionalismo. A mí me parece una comedia bastante blanca.

E.M.L.: Es absolutamente blanca, No puede ofender más que al que quiera sentirse ofendido. El crítico de «Gara» se ha sentido muy ofendido porque la actriz principal (Clara Lago) no es vasca. Cuando dices una tontería semejante y no dimites de crítico de cine, a partir de ahí ya puedes decir lo que quieras.

B.C: ¿Se puede dimitir de crítico de cine?

E.M.L.: Tiene que dimitir de crítico de cine. Un vasco tiene que ser interpretado por un vasco y un bombero por un bombero, me figuro.

B.C.: Creía que iba a ser más polémico que un malagueño hiciera de sevillano (bromea).

D.R.: Por lo que me ha llegado, para nada. Todo lo contrario, se lo han tomado con mucho cachondeo. Me decían: encima haciendo sevillano, siendo malagueño, las ronchas que te pueden salir. Y para hacer de la niña de «El exorcista»: ¿tenemos que pillar a una niña poseída de verdad?

E.M.L.: Seguramente la película tiene ese sentido de quitar hierro a cosas que los políticos explotan sin ningún pudor para sacar votos. Yo no hago por eso la película, la hago porque me resulta irreverente y gracioso ir a la contra; sin insultar a nadie por ser nacionalista, por mucho que el nacionalismo me parezca absurdo. Son los sentimientos de cada uno

D.R.: La gente sale con muy buen rollo. Hay mucha gente en España que está liberando endorfinas, y en ese sentido un poca sanadora sí puede ser la película.

E.M.L.: Cuando decimos lo del buen rollo es de pronto hablar de unas cosas de las que lo único que hay que hacer es reírse cuando salen.

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Cobeaga partía con la experiencia de haber creado una serie pionera: «Vaya semanita», que enseñó a los vascos a reírse de sí mismos.

B.C.: Hemos vivido con esa presión encima (la violencia terrorista) durante mucho tiempo. Y a veces te hace ser indolente y te crea indiferencia ante la cantidad de barbaridades que vas viendo en el día a día. La solución es sacar la risa. La risa de una víctima jamás. Los detalles de que posicionas a un tío dependiendo del periódico que compres, que si dice «egun on» o «buenos días» ya sabes de qué pie cojea.

D.R.: Es una parcela muy pequeñita. Luego el abanico de tópicos no tienen absolutamente nada que ver con la política. Es la manera de comer, vestir, el carácter.

E.M.L.: Hay una manifestación donde un tío se crece y empieza a decir unas tonterías impresionantes, y el público le contesta. A nadie (en el pueblo) le importaba. Y si lo veía, la gente se reía. No había ningún problema.

B.C.: La película va de que nos parecemos mucho más de lo que pensamos.

Habrá secuela

El éxito de «Ocho apellidos vascos» ha llevado a Telecinco a dar luz verde a una secuela. Las primeras informaciones apuntan a que se ambientaría en Cataluña, aunque tanto Martínez Lázaro como Cobeaga ni confirman ni desmienten el emplazamiento.

E.M.L.: Venían productores al rodaje y decían: «Hay que hacer una secuela». Yo decía: «Hay que esperar a ver cómo funciona». Me han llamado y va a haber secuela, seguro.

D.R.: Si se repite elenco y equipo, se me atisba la posibilidad de volver a trabajar con ellos.

E.M.L.: A mí me da miedo porque estan todos convencidos de que van a ir al rodaje como si estuvieran de vacaciones. Un momentito, que aquí todo el mundo, mañana, a las seis y media arriba (ríe).

B.C.: Y eso nos da mucho poder a nosotros de cara a dónde situar el rodaje. Puede ser en el Teide, donde no tengan un bacalao o un chuletón que llevarse a la boca. Lo bien que se lo pasaron en el rodaje ha condicionado muchísimo la ubicación.

E.M.L.: Por decir algún lugar que tenga que ver con Cataluña, si te lo llevas al Ampurdán...

D.R.: La Costa Brava no estaría mal. Pero por guión, que esté justificado.

E.M.L.: La comida tiene que estar, como los desnudos, por exigencias del guión.

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