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Nicole Kidman, en estado de Gracia
Nicole Kidman, ayer en Cannes

Nicole Kidman, en estado de Gracia

La polémica película de Dahan inauguró el Festival con algún silbido de la crítica y unos tímidos aplausos

D�a 15/05/2014 - 18.37h

La película «Grace de Mónaco» ha sido el sonajero del Festival de Cannes para su inauguración. Atento todo el mundo, que empieza Cannes? Movimiento espasmódico de sonajero? Hay tanto de qué hablar de lo que rodea a esta película que parecería un mero capricho centrarse en ella. Las crónicas señalaban el cabreo de los Grimaldi por lo que exhala la película sobre su familia, y el director, Olivier Dahan, apuntaba que probablemente no habían visto más que un «tráiler» de ella y que le sorprendía su reacción. Creo que tiene razón el director, pues «Grace de Mónaco» ofrece una imagen de mamá (y también de papá) inmejorable, como diosa de Hollywood, como esposa, como madre, como Princesa, como persona crucial en los destinos de esa ciudad Estado que es Mónaco y hasta como gran paladín de la política internacional? Rainiero y Gracia forman la pareja en el centro del universo justo en la misma época en la que John y Jacqueline Kennedy lo eran realmente, y el contencioso entre Mónaco y Francia a principios de los años sesenta se convierte en el gran suceso mundial como si no hubiera existido la crisis de los misiles.

El trato, o el retrato, de Olivier Dahan a los sucesos que narra no puede ser más devoto hacia ellos; de hecho, si hay algún perjudicado por el aire real o inventado de la película tiene que ser el presidente Charles de Gaulle (o la propia política exterior francesa), que queda como un panoli.

Una de las primeras cuestiones a relatar de esta película es si Nicole Kidman es capaz de desaparecer para que aparezca Gracia de Mónaco, y eso es algo que consigue con absoluta rotundidad pasados los primeros minutos de desconcierto. En las primeras escenas es Grace Kelly en el Estudio, y camina y se comporta como Juno en el Olimpo, y la adaptación de Nicole Kidman al personaje real es tan acompasada y evolutiva como la de Grace Kelly al personaje Real. En cuanto al otro caso a dilucidar, el de Tim Roth en el papel de Rainiero, la cosa es algo más complicada, pues no sabría decir si Roth se parece o no a su personaje, pero lo que está claro es que no se parece a sí mismo: ni rastro de ese Tim Roth macarrón y turbio que hemos visto tantas veces.

Olivier Dahan intenta equilibrar en paralelo dos conflictos, el de Mónaco con Francia y el de la Princesa Gracia con ella misma, y ambos tienen que ver con la independencia. Nicole Kidman expresa con exactitud la tentación de Gracia de Mónaco por convertirse otra vez en Grace Kelly y acudir a la llamada de Hitchcock, que le ofrece el papel de Marnie, la ladrona. Sobre la capacidad interpretativa de Nicole Kidman habla el mejor momento de la película (con el permiso del momento Callas de Paz Vega), cuando ensaya en la soledad de su dormitorio una escena de Marnie: la borda de un modo que probablemente no hubiera hecho Grace Kelly, a la que tal vez no superara como Princesa, pero sí lo hace como actriz.

El problema de la película no está, claramente, en el trabajo de Nicole Kidman, sino en el modo floreado con el que Olivier Dahan afronta los tramos sentimentales de su relato (ya le pasaba un poco en «La vie en Rose»), como si necesitara encontrar unas cuantas lágrimas para darle sentido a la humedad de una historia de la que está el mundo empapado? Un exceso de fotoshop en la portada de la revista. Pero ese retocado emocional no es suficiente para empañar la gracia (o Gracia) de Nicole Kidman, que envuelve a la vez a la Princesa de Mónaco y a la reina Kelly.

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