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Hazanavicius le hace un «mourinho» al ojo de los rusos
El director Michel Hazanavicius y Berenice Bejo durante el photocall por la película «The Search»

festival de cannes Hazanavicius le hace un «mourinho» al ojo de los rusos

«The search» denuncia la brutalidad rusa en Chechenia, y vuelve Godard con su traje de marciano de siempre

D�a 22/05/2014 - 12.45h

Los rusos no están precisamente de moda, y su afición a la tanqueta y al macarreo de frontera es la muleta con la que camina Michel Hazanavicius para hacer una versión en Chechenia de aquellos «Ángeles perdidos» de Zinnemannen la Polonia nazi, y con Bérénice Bejo en el papel que interpretaba Montgomery Clift. El director de «The Artist» vuelve al lugar de los hechos, al festival que no le dio la Palma de Oro pero que le lanzó de bruces al Oscar, y lo hace con una película totalmente distinta, «The Search», en la que narra el cruce de un niño huérfano entre los escombros de la guerra de Chechenia, o sea, de la caída en tromba de la fuerza bruta rusa sobre la población chechena con la coartada del antiterrorismo, y una observadora de la Unión Europea para garantizar el respeto de los derechos humanos.

Michel Hazanavicius comete varios pecados con su película, y algunos de tipo dramático y narrativo, pero el gordo, el que se le silbó y se le pateó, fue el de tratar a las tropas rusas como si fueran americanas: niñatos a los que sacan de su vida normal, recluyen en unos bestiarios donde les enseñan a perder la humanidad y a matar sólo para divertirse (adiestramiento «chaqueta metálica» con acento rusky), y luego los envían ya medio locos y emponzoñados de odio al «frente», en cuyo frente suele haber ancianos, niños, mujeres embarazadas y más carne que cañón. Hazanavicius tiene un detalle de osadía al contar en paralelo la historia de las víctimas y la de sus verdugos, es decir, que produce un interesante escalón temporal: crees que ocurren a un tiempo, pero una es el efecto de la otra.

Una Europa dormida

Evidentemente, Hazanavicius pretende darle luz a algo que ahora ya la tiene a causa de Ucrania, pero que ha pasado prácticamente a oscuras en el caso de Chechenia, y pretende también culpar a la «sillontocracia» europea que dormita en sus escaños. La parte magra de la película, esa descorazonadora relación entre la mujer que ve el dantesco panorama y el niño que lo padece y que ha perdido todo, incluso la necesidad de hablar, se le queda a Hazanavicius algo saltarina y maquillada, pero una levísima reflexión al respecto me dice que no es eso lo que tanto ha molestado a los centenares y centenares de rusos que debía de haber en la sala al fin de su proyección.

La película es atrevida por contar en paralelo la historia de víctimas y verdugosY de eso mismo habla «La sal de la Tierra», de los horrores del planeta y de la abyección de su especie más popular y prestigiosa. Es un documental que firman Wim Wendersy Juliano Ribeiro Salgado sobre el padre de éste, el gran fotógrafo del mundo Sebastiao Salgado. Tiene la pegada trágica de la imagen real, la capturada por Salgado en aquellos lugares y momentos en los que el hombre se mancha sus fauces con la sangre de sus semejantes, como en la terrible Ruanda de hutus y tutsis, o en los que la vida humana se esqueletiza por la hambruna, la invisibilidad o la indiferencia. Un repaso biográfico y artístico en el que la más absoluta fealdad se combina con la plástica y la belleza.

Y queda para el final la película de Godard a competición, «Adieu au langage», de sólo setenta minutos pero tan pastosos como si estuviera uno todos ellos comiéndose un polvorón gigante. Poner a competición a Godard es como poner en la final olímpica de cien metros a un tipo vestido de marciano. Godard tiene pasado, tiene prestigio, incluso tiene discurso, pero, francamente, es un tipo vestido de marciano en la línea de salida. God Art y su película «Adieu au langage» es lo de siempre, un perro extraviado, unos actores sin personaje extraviados, carteles que anuncian ideas y metáforas, citas de fulano y de mengano, frases hechas y engoladas, la sociedad contra el Estado, y tal y tal. Godard ha llegado a viejo sin amigos que le digan, «venga, Godard, tío, déjalo ya, quítate el traje de marciano».

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