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Karra Elejalde: «He conocido vascos que no se han comido un chuletón en su vida»

Karra Elejalde: «He conocido vascos que no se han comido un chuletón en su vida»

El actor charla con HoyCinema al poco de lanzarse el dvd de «Ocho apellidos vascos»

Día 27/07/2014 - 14.06h

Al saludar a Karra Elejalde, inevitablemente viene a la memoria la contenida presentación de Koldo a su futurible yerno en «Ocho apellidos vascos» y cualquier tentación de compadreo se corta en seco ante una persona que, al fin y al cabo, sólo ha hecho su trabajo dando vida al «arrantzale» de Argoitia. Sin embargo, su papel ha dado lugar a alguna que otra confusión entre el público: «A mí me llaman de todo. 'Tú eres Karra Querejeta, ¿no?' O Kepa, me llaman mucho Kepa». Al final, los únicos que atinan son los más pequeños: «Los niños dicen '¡mira mamá, ¡es Koldo, es Koldo!', pero, no me han cambiado el nombre». «A mí me gusta que me llamen Karra, y ojalá que no me llamen Chanquete. Haces un personaje, por lo que sea es muy celebrado, y no tiene que hacer mucha gracia que te cambien el nombre».

Todo se debe a las cifras de la película española más taquillera de la historia, con más de nueve millones de espectadores en los cines. Ante tal éxito, cualquier explicación se queda corta y el refranero es el único auxilio para intentar dar con alguna razón: «Hay quien suele decir que 'después de visto los cojones, es macho'. Lo cierto es que, a toro pasado, a todos nos ha sorprendido mucho. Tú nunca tienes una idea propia porque más que nada escuchas las reacciones de la gente. Y la gente dice: 'es que toda España está pasándolo muy mal y necesita reírse'. Pues en la misma época había otras ofertas de comedia y fue esta la que eligieron».

Pero, a la hora de intentar desentrañar el porqué del fenómeno de «Ocho apellidos», Elejalde, junto a los dichos tradicionales, añade la tradición clásica: «En esta piel de toro, tan variada, tan distinta y a la vez tan común y tan igual, se da el hecho de la catarsis de la tragedia griega, o en la comedia, que es cuando el espectador ve que alguien de su condición está en problemas. Entonces se da el hecho catártico, cuando tú ves que eso que le está pasando a ese muchacho te puede pasar a ti. Y si tú haces un retrato robot de los ciudadanos de este país, pues el que no es de Toledo es de Gijón y el que no es canario. Esta películahubiera funcionado igual entre una canaria y un tío de Oviedo o de Vigo. Habríamos funcionado con el clima; habríamos jugado con las papas arrugás y el mojo picón. Y eso es lo que ha hecho que, dentro de la piel de toro, cada uno siendo de su lugar, se sienta identificado».

Por último, una razón fundamentada en el lenguaje: «A veces los creadores emitimos desde un estadio intelectual o inferior o superior al del receptor. Y, en este caso, este es un guión muy bien hecho y muy sencillo. Hemos emitido desde la misma idiosincrasia, desde el mismo estadio cultural del que lo ha recibido. Ya te digo que estas dos cosas son pensamientos míos, que por lo tanto son elucubraciones, no podría poner la mano en el fuego sobre lo que estoy diciendo».

Mucho se ha hablado del libreto de la película, firmado por Borja Cobeaga y Diego San José. Ambos se foguearon escribiendo en «Vaya Semanita», programa de humor de la televisión autonómica vasca conocido por sus gags sobre la realidad social y política del País Vasco, siempre bordeando los límites de lo políticamente correcto. «Borja y Diego son los guionistas de la película, pero los guiones de 'Vaya Semanita' son más caricatura y en un contexto de humor más grueso. Esto está más pulido».

«Ocho apellidos» y los tópicos españoles

Como es sabido, la cinta explota en clave de humor los tópicos regionales para contar una historia de amor entre un sevillano y una vasca. Estas supuestas maneras de ser no siempre se corresponden con la realidad: «He conocido gente de Madrid que no es tirada para adelante, cuando habitualmente lo son; sevillanos que no tienen ni puta gracia, y vascos que comen comida macrobiótica y no se han comido en su vida un chuletón; he conocido gallegos que sé cuándo van y cuándo vienen. Todo ese montón de tópicos lo eran, y es otra razón por la que gente ve que no nos queremos cagar en ellos. Reírnos de nosotros es vital para estar legitimados para reírnos de los demás». Al ver la película, «¿por qué ríe un tío de Gijón? Porque de alguna manera a todos nos toca, esa es la parte catártica».

Dentro de la piel de toro, Elejalde ha encarnado al «vasco tradicional»: adusto, de pocas palabras y contenido. Un papel para el que casi llevaba preparándose desde pequeño. «Yo soy originario de un lugar profundo de Guipúzcoa -Salinas de Léniz- que está a 90 km. de Donosti pero a 19 de Vitoria. Allí hablan vizcaíno, con Ochandiano muy cerca. Cuando digo que no tiene mérito -su papel-, lo digo porque realmente estoy imitando cómo hablaba mi padre. Cuando veo a mi tío Ramón, en vez de Carlos, me dice, 'Carlós', y habla igual que Koldo. No he tenido que pergeñar un personaje. Lo tenía ya. Sólo he tenido que echar mano de mis recuerdos y hacerlo. No tiene mérito».

La vida después de «Koldo»

A pesar de la insistencia de algunos espectadores en cambiarle el nombre por el de Kepa, la vida de Eljalde no ha sufrido un terremoto después de interpretar a «Koldo». Sí que le ha supuesto que mucha gente lo llame para homenajes («El otro día fui con Emilio Martínez-Lázaro a unos premios de la 'cartelera Turia', de Valencia»), y hasta le llaman cofradías de pescadores para darle algún premio, «de Euskadi y de toda España». Sin embargo, afirma que puede «ir tranquilo por la calle, si no te la vas buscando. Si te enseñas, la jodes. Si te haces un selfie en un lugar inadecuado, no te extrañe que después tengas una cola. Me ha pasado que estaba en el aeropuerto, me hice un selfie detrás de esa columna, y cuando salí de la columna, tenía una cola de 200».

En cuanto a su carrera como actor, secuela de «Ocho apellidos» a parte, las propuestas que le llegan siguen sometidas a los rigores de la crisis: «Ahora voy a rodar 'Rey Gitano', una comedia de Bajo Ulloa, que eso ya estaba firmado. Sin embargo, han surgido cosas pero se han caído dos proyectos que eran más o menos seguros y ya no los hacemos. Noto que tengo alguna propuesta de publicidad, que hay más propuestas de trabajo, pero lo cierto es que cada propuesta es 'que tenemos muy poquito dinero, muy poquita producción, que hay que apretarse el cinturón'. O sea, que la gente lo está pasando mal. Se me acaba de caer una película que rodábamos en 10 horas. Se llamaba 'Vida vulgaris', que producía Jordi Carbonell en Barcelona. ¿De qué sirve la popularidad si la industria está parada?».

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