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La hipnosis, ¿nos acercará a la Scarlett Johansson con superpoderes de «Lucy»?

Una de las premisas de la cinta es que solo utilizamos un 10% de nuestra capacidad cerebral

D�a 21/08/2014 - 01.11h

El próximo viernes 22 de agosto se estrena en España «Lucy», la última película de Luc Besson. En ella, el director francés nos presenta a una súper Scarlett Johansson, con todas las posibilidades de su mente y su cuerpo desarrolladas en tal grado, que su condición humana se difumina y casi nos falta otro nombre para designar su estado evolutivo. El nombre de la cinta no es casual. Es el mismo que el arqueólogo Donald Johanson le dio en 1974 a uno de sus hallazgos del yacimiento etíope de Hadar. Era el esqueleto de una hembra de lo que, a la postre sería, el Australopithecus afarensis. Un descubrimiento clave en el estudio de la evolución humana.

Si la «Lucy» africana es un peldaño ineludible en la escalera de la evolución, la encarnada por Johansson sería el último paso. A él se llegaría cuando el hombre pudiera utilizar el 100% de su capacidad cerebral, cosa que lam actriz consigue, aunque sea de manera accidental. Interpreta a una chica que, sin pretenderlo, se convierte en «mulera» de traficantes del sudeste asiático. Pero los estupefacientes que hay en su interior acaban entrando en contacto con su organismo y provocando una reacción inesperada: empieza a utilizar cada vez más parcelas de su cerebro, no solo ese 10% que normalmente empleamos. Y los prodigios empiezan a sucederse como por arte de magia, como si de uno de los muchos superhéroes que abundan en los cines se tratara.

La hipótesis que plantea Besson (entre otras interpretaciones posibles) es esa: empleamos una décima parte de nuestro potencial. ¿Es esto cierto? Lo que sí parece serlo es que ese tanto por ciento se corresponde con las decisiones que tomamos de forma consciente. No que solo empleemos esa cantidad, pero sí a la hora de tomar decisiones. ¿Hay algún método para desarrollar nuestra mente sin que tengamos que caer presa de una mafia ni experimentar con drogas, algo que sea más «natural»....? ¿La hipnosis, quizá....?

Después del pase de prensa de la citada película, se invitó a los periodistas a una demostración de hipnosis capitaneada por el mentalista Jorge Astyaro en el Colegio de Médicos de Madrid. A algunos les podría parecer sacrílego que, en la misma aula donde impartió clase Ramón y Cajal y bajo una fotografía suya presidiendo la estancia, se impartiera tal acto. Sin embargo, para Astyaro no tiene por qué existir ninguna contradicción, y el espíritu del Nobel español puede descansar en paz: «La hipnosis tiene una base científica. Hay investigaciones que plantean que un tanto por ciento muy alto de las enfermedades están producidas o amplificadas por cuestiones emocionales y psicológicas o son agravadas por ellas. Mente y cuerpo están conectados. Muchas veces un medicamento tiene un efecto sobre la persona sin que ese medicamento tenga un componente químico que realmente haga, sino que es una cuestión psicológica», afirma el mentalista.

Investigadores de renombre no han sido ajenos a la hipnosis, caso del escocés James Braid (acuñador del término), Jean-Martin Charcot (padre de la neurología) o Sigmund Freud, en quien tanto interés despertaron las actuaciones del danés Carl Hansen.

Pero, ¿podríamos convertirnos en superhombres o utilizar mejor nuestra mente a través de la hipnosis? «De la mente, entendemos muy poco de su funcionamiento aunque cada vez más, pero es una de las últimas fronteras que tenemos como investigación. Sólo somos conscientes de las decisiones que tomamos a un 10% y el 90% restante lo hacemos a nivel inconsciente, automatizamos estas reacciones , como cuando vamos conduciendo de un sitio a otro, o cuando reaccionas ante una emergencia: no estás analizando constantemente todo lo que haces, sino que simplemente lo haces. Para mí eso es más interesante, jugar con la premisa de que un 10% es consciente mientras que casi un 90% es inconsciente. Y pensar qué podríamos hacer para aprovechar más ciertas habilidades o capacidades mentales».

Una instantánea de la demostración con Astyaro y una voluntaria

Confianza e hipnosis

En este método, la confianza es la base de todo progreso: «Tienes que contactar mucho con la persona, ver qué le motiva, qué es lo que quiere trabajar en ese estado hipnótico (dejar de fumar, cambiar hábitos, o como simple experiencia), además de la parte creativa en la que te adaptas a la persona. Como hipnotista, yo creo que el límite está en que logres la confianza de la persona con la que vas a trabajar, que se deje llevar y ayudarla. A fin de cuentas, tú eres un guía, y le estás ayudando a contactar más con esos procesos inconscientes, con esos hábitos, y cambiarlos a nivel inconsciente, pero es la persona la que hace todo el trabajoy la que utiliza su imaginación para conseguir cambios. Cada persona o paciente pone los límites para lo que logra hacer».

En efecto, esta premisa se cumplió en el primer «número» de la demostración: Astyaro empezó con algo tan «sencillo» como intentar que no despegáramos nuestros dedos índices, la primera criba entre «crédulos» e «incrédulos»; o entre sugestionados y antisugestionados porque, al fin y al cabo, «la hipnosis es un proceso psicológico natural, con el que llevamos a una persona a un estado mucho más receptivo, de focalización, con lo cual tendrá un acceso más fácil a la parte inconsciente de su mente».

Una voluntad insobornable

Para prestarse a un espectáculo de hipnosis como «conejillo de indias», es imprescindible el buen humor. Sin duda, los que continuaron participando y llegaron al extremo de no poder abrir sus ojos y acabar como dormidos por hechizo, lo demostraron. Cuando uno de los valientes periodistas puso su mano derecha sobre su cogote, ¿se violentó su libre albedrío? Es decir, ¿se puede hipnotizar a alguien en contra de su voluntad? «Eso es como preguntar si tú, a través de la publicidad, puedes influenciar a alguien para que compre algo. Es un poco ambiguo. La publicidad y los medios de comunicación nos tratan de condicionar a la hora de tomar nuestras decisiones y en la hipnosis pasa lo mismo. Tú no puedes ser hipnotizado, o yo no puedo hipnotizar, si la persona no quiere serlo. Porque no va a poner de su parte, no va a concentrarse en lo que le diga y no se va a dejar llevar a un estado hipnótico. Ahora, si la persona por alguna razón acepta ser hipnotizada y algo de lo que yo le digo o alguna situación le parece incómoda o no se siente a gusto, un mecanismo de defensa natural le haría dejar de responder de manera automática a esas sugestiones y saldría del estado hipnótico o dejaría de responder. Realmente, no hay una forma directa de obligar a experimentar la hipnosis si la persona no pone de su parte».

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