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Denzel Washington, capital del Festival de San Sebastián
El actor Denzel Washington saluda a sus fans del Festival de Cine San Sebastián

Denzel Washington, capital del Festival de San Sebastián

El protagonista indiscutible fue el actor norteamericano, premio Donosti de este año y personaje central y esquinado de «The equalizer»

Día 20/09/2014 - 06.53h

No es fácil llegar a un acuerdo de quién es el protagonista del primer día de un Festival tan importante como el de San Sebastián, si la película inaugural o si el inevitable «hola, don Pepito, hola don José» entre los cientos de invitados a ese zoco en el que ponen puesto y escaparate las cinematografías de medio mundo. En este caso, el de la apertura de la 62 edición del Festival de Cine de San Sebastián, el protagonista no fue ni una cosa ni la otra, a pesar de que los «¿pasó usted ya por casa?» y los «¿vio usted a mi abuela?» fueron, lógicamente, la tónica a palo seco (sin ginebra) del día. Y a pesar de que «The equalizer», la película inaugural, era tan de acción y de sopapos que te animaban a estar dando saltitos en la butaca como si te hubieras tragado un saltamontes. El protagonista indiscutible fue el actorDenzel Washington, premio Donosti de este año y personaje central y esquinado de «The equalizer», al que el director Antoine Fuqua convierte en una versión morena clara del Clint Eastwood de «Sin perdón».

El guión lo convierte muy a su pesar en un perfecto ejemplo de «tolai»La película tiene un arranque muy para intelectuales monedero, con un personaje que lee (los cien libros que ha de leerse uno en su vida, un bonito modo de lograr un fin antes de llegar a él) y que hace una alusión al Caballero de la Triste Figura, símbolo del que se apropia Denzel Washington cuando acude a proteger a la joven Aldonza que interpreta (poquito) la actriz de moda Chloë Grace Moretz. Washington es una presencia de fuerza mayor, que ha interpretado en varias ocasiones ese papel de actor negro que tiene que ganar un Oscar («Grita Libertad», «Malcolm X», «Tiempos de Gloria», «Huracán Carter», «American gangster», «Training Day», «El vuelo»?), y que aquí realiza su otro tipo de papeles, que también borda, el de atizador. Su lucha, justa pero realmente pasada de cocción contra las grandes esferas de la mafia rusa, es muy entretenida peliculeramente, aunque tiene la misma lógica que la de Don Quijote contra los molinos. El director, Fuqua, no se ahorra ni un solo plano a cámara lenta y le intenta poner «belleza» a esa violencia digna de trastienda de charcutería. Probablemente, el acto de valor del personaje, que es un tío «normal» con el tapadillo de un pasado de toma, toma y toma, se hubiera merecido un mejor ajuste del elemento villano, pues su equivalente ruso, seguro que tan letal como él, el guión lo convierte muy a su pesar en un perfecto ejemplo de «tolai». Y todo el desenlace de la historia podría ser reajustado en cualquier cuento para niños.

En cualquier caso, «The equalizer» es un eficaz arranque de festival, con el público encantado dando saltitos y que coloca la enorme figura de Denzel Washington en ese lugar de los justicieros capaces de decir esa frase tan rotunda de «¿quién es el dueño de esta pocilga?», incluso dentro del avispero ruso. Un gran Premio Donostia, aunque, visto lo visto, igual se podría escribir con minúscula y separado.

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