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Antonio Banderas: «Creo en la gente de mi país, reconozco el talento»

Antonio Banderas: «Creo en la gente de mi país, reconozco el talento»

Se afianza en la producción con «Autómata», una fábula de ciencia-ficción que él mismo protagoniza y que compite por la Palma de Oro en el Festival de San Sebastián. Ayer la presentó

Día 23/09/2014 - 02.40h

Atrás quedaron los tiempos de la estrella latina y del «chico Almodóvar». Acaba de cumplir 54 años, y con el paso del tiempo -y también de los rodajes-, Antonio Banderas se ha convertido en todo un filósofo del cine, de habla pausada y mirada fija. Se sabe capaz de impulsar películas con la mera presencia de su nombre, y la última que ha contribuido a alumbrar se llama «Autómata».

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El malagueño produce y protagoniza esta fábula de ciencia-ficción en la que un modesto agente de seguros intenta sobrevivir en un futuro cercano (y apocalíptico) en el que los robots están a punto de alcanzar el nivel de inteligencia de los humanos. ABC ha charlado con éldurante la promoción de la cinta en el mítico hotel María Cristina de San Sebastián. «Autómata» compite por la Concha de Oro del festival.

- ¿Dónde nació la vocación de actor de Antonio Banderas?

Pues es algo que nació hace muchos años. Muchos. Cuando tomé la decisión de actuar. ¿Sabe? Mis padres eran muy aficionados al teatro. Nos llevaban a mi hermano y a mí desde que éramos pequeñitos. Y a mí me encantaba ver cómo un grupo de personas le contaba una historia a otro grupo de personas. Allí se producía como un acto de civilización. Y, asistiendo a aquel ritual maravilloso, al que acudíamos cada temporada los sábados por la tarde hubo un momento en que me empecé a sentir muy incómodo.

- ¿Por qué incómodo?

¡Incómodo en el asiento! Me di cuenta de que en un teatro el asiento no era el lugar correcto para mí. Entonces fue cuando surgió la necesidad de saltar al otro lado de ese espejo, ¿no? Eso todavía está vivo. El hecho de poder contarle a la gente historias que les hagan reflexionar, o reír, o llorar, o emocionarse. Eso para mí es muy importante, me parece un acto de civilización bellísimo. Es como si pudiéramos contarnos a nosotros mismos lo que somos, mediante un espejo. Eso me sigue atrayendo muchísimo, me sigue impulsando a ponerme delante de la cámara y asumir una serie de sacrificios.

- Además del arduo trabajo, ¿cuánto ha influido la suerte en su carrera?

Naturalmente yo he sido una persona que ha tenido mucha suerte en la vida, y esta profesión me ha proporcionado muchísimas cosas. Cosas que tengo y cosas que soy. Pero también lo habría hecho si nadie me hubiera pagado un duro. ¡De hecho ya lo hacía en mi primera época! [ríe abiertamente] Y me consideraba absolutamente feliz cuando hacía teatro amateur, con mis primeros cortitos, con los amigos...

- ¿Por qué produjo «Autómata»? ¿En parte para subsanar una carencia en el cine español?

Sí, hay parte de eso. Evidentemente. Pero también estaba el descubrimiento de una persona que yo no conocía. Fue a través de una amiga en común, que es Elena Anaya. No fue por un sentimiento altruista, o incluso patriota, no fue para decir: «A este director español [Gabe Ibáñez] hay que apoyarlo». No. Me impulsó la necesidad de disfrutar de él. De trabajar juntos. Me interesaba lo que había en él y me interesaba trabajar con una persona que se relaciona así con mi mundo, con las historias, con el guión. Era una forma de ver la vida y las relaciones humanas que me interesó mucho desde el principio.

- ¿Quiere que los espectadores españoles cambiemos nuestra opinión sobre el cine que se hace aquí?

Sí, también podía estar ahí la intención de que algunos españoles pensaran que la ciencia-ficción puede hacerse también dentro de la cinematografía nacional. Demostrarles que el género de la ciencia-ficción no está ligado a una financiación extraordinaria que viene de una compañía norteamericana. Se puede hacer desde otro punto de vista. Mucho más humilde, mucho más reflexivo, mucho más filosófico si se quiere. Eso es lo que vi en Gabe. Y eso fue lo que me impulsó a echarme hacia delante. Como lo hice en un momento determinado con «Justin y la espada del valor» y lo seguiré haciendo en el futuro. Y todo eso ocurre aquí, en mi país.

- O sea, que se sabe capaz de favorecer a los proyectos españoles con su mera presencia...

No es que simplemente crea en la gente de mi país, es que reconozco el talento. Es un talento que está ahí. Y con el que me apetece trabajar. Me apetece producir. ¡Me apetece estar ahí! Me apetece que, a lo mejor dentro de 30 años, alguien diga: «Pues fue Banderas el que le echó una mano a este hombre y trabajó con él».

- Actuar y producir son dos regalos de la profesión, ¿pero cómo lleva las cargas? La fama, los autógrafos, la vida privada...

Llevo esa parte relativamente bien. Es que son dos partes completamente diferentes. Una cosa es mi mundo y mi profesión: esos momentos de realidad que yo busqué desde aquellos inicios como espectador, siendo un niño todavía, cuando iba con mis padres al Teatro Cervantes de Málaga. Eso sigue ahí. Y ese mundo empieza cuando alguien me dice «acción» y termina cuando alguien me dice «corten». Ese es un mundo. Y después, todo lo que provoca alrededor... es algo que hay que gestionar. Y hay que gestionarlo de la mejor manera, de la manera más natural. ¡Incluso utilizarlo en determinados momentos!

- ¿A qué se refiere?

Pues o bien para impulsar una determinada obra social o para cerrar determinados negocios, ¿por qué no? Si ya eres víctima de eso, porque te conviertes en víctima de tu propia intimidad, voy a utilizarlo de la manera más inteligente posible. Sin dañar a nadie y dentro de una ética, haciéndolo bien. Pero son dos mundos completamente diferentes. Así se estructuran en mi cabeza.

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