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Dennis Lehane en la cima y Banderas a media asta
Michael R. Roskam (derecha), director de «The drop», junto a la actriz Noomi Rapace

Dennis Lehane en la cima y Banderas a media asta

Todo es bueno en «The drop», demasiado como para considerarla favorita a la cima del palmarés de San Sebastián

Día 22/09/2014 - 16.14h

No es preciso llevarse un dedo a la sien y poner cara de pensamiento para percatarse de que «The Drop» («La entrega») es una de esas películas que te obligan a llevarte un dedo a la sien y poner cara de pensamiento a la hora de intentar contenerla en unas cuantas frases. Todo es bueno en ella, la historia de Dennis Lehane, el guión de Dennis Lehane, la dirección de Michael R. Roskan, las pedazo de interpretaciones de Tom Hardy, James Gandolfini y Noomi Rapace, la atmósfera, la fotografía, el entresijo?, todo. Un personaje, un camarero, es el «yo Claudio» de este drama al que el policía de la función le dice: «a ti, Bob, no te ven llegar».

[Toda la información del Festival de San Sebastián]

Tom Hardy es un actor que no necesita más que una cámara, como en «Locke», para que valga la pena el precio de la entrada, y aquí compone música de jazz con ese tipo lelo, honrado, valiente y que vive en la jaula del león, en un garito que es tapadera de mafiosos, junto a un pariente fulano al que James Gandolfini le da toda esa grandeza miserable de un físico abrupto y una filosofía (los diálogos de Gandolfini parecen escritos por un nihilista manco con la mano que le falta) de uña de escorpión.

[Primer vistazo a «The drop»]

Y la trama es el gesto de esa filosofía, un robo inapropiado, una vida que depende de un reloj que no funciona, un cachorrillo apaleado, una chica fácil de apalear, un ambiente en el que parecer tonto es la mejor manera de ser listo? Como cualquier relato de Lehane, la historia camina con los zapatos muy sucios, pero también se tiene la intuición de que podría ser traducido al latín clásico y conservaría su esencia. «The Drop» es demasiado buena como para considerarla favorita a la cima del Palmarés.

Banderas, futurista

Otra película a la competición era «Autómata», del español Gabe Ibáñez, una apuesta personal de Antonio Banderas, productor y protagonista de esta historia situada en un futuro próximo y asqueroso. Lo mejor de la película es que le permitirá a los críticos poner muchas veces una de sus palabras favoritas, distopía, pues el argumento nos sitúa en un mundo postapocalíptico en el que la especie humana son habas contadas y la sociedad malvive gracias a la eficacia y control de los robots.

[En fotos: Banderas derrocha simpatía]

Antonio Banderas es el agente Jacq Vaucan, investigador de la corporación que se encarga de aclarar el sospechoso desmadre de algunos autómatas. No se tarda mucho en ver en las pisadas de Gabe Ibáñez las huellas de «Blade Runner»; tampoco se tarda mucho en dejar de verlas. La trama se enreda como en un asunto de replicantes, y Antonio Banderas hace mucho esfuerzo (quizá demasiado, y se le nota) en darle algún sentido «lágrimas en la lluvia de Rutger Hauer» a su agujereado personaje. La aparición de Melanie Griffith es también, en cierto modo, una distopía.

Bier hace padecer al espectador

Y la tercera película a concurso era «Una segunda oportunidad», de Susanne Bier (ganadora de un Oscar con «En un mundo mejor»), un drama familiar y policíaco que protagoniza Nikolaj Coster-Waldau (el de «Juego de Tronos») y que le propone al espectador varios dilemas éticos a base de empujar a sus personajes hasta ese lugar de la lógica en el que la espalda pierde su casto nombre. El policía protagonista, buena persona, buen marido, buen padre de un bebé, es sometido a tales tensiones por el argumento, que el espectador padece lo indecible (y en eso se diría que consiste la cosa, en que el espectador padezca también) ante el modo tan seguro con el que «el bueno» mete la pata. No es la mejor película de Susanne Bier, aunque ella se la toma tan en serio como si lo fuera.

Y ya toma el protagonismo del festival Paco de Lucía, con un espléndido documental en el que mira a la cámara y le cuenta muchas de esas cosas que hasta ahora sólo habían contado sus dedos. Pero de él ya hablaremos mañana.

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