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Borja Cobeaga: «Mi película no es ideológica, pero sí defiende el diálogo con ETA»
El director y guionista Borja Cobeaga (centro), junto a varios de los actores de su película «Negociador", hoy en la gala del cine vasco, en el marco de la 62 edición del Festival de Cine San Sebastián

Borja Cobeaga: «Mi película no es ideológica, pero sí defiende el diálogo con ETA»

Cobeaga se atreve con un vodevil disparatado sobre la última negociación Gobierno-ETA, una «tragicomedia» que ridiculiza a Eguiguren y la cúpula etarra

Día 23/09/2014 - 16.08h

Borja Cobeaga (San Sebastián, 1977) sabe bien que se mueve «en un terreno muy peligroso» al fabular sobre la negociación que el Gobierno de Zapatero mantuvo con ETA en 2006. Unas conversaciones secretas que terminaron «en fracaso» y más asesinatos, y que estuvieron protagonizadas por la cúpula etarra y el expresidente del PSE, Jesús Eguiguren. El personaje al que Ramón Barea da vida en la gran pantallasolo es superado en lo ridículo por el cabecilla de ETA «Thierry», responsable último de la ruptura.

Pero Cobeaga, recién salido del éxito de «Ocho apellidos vascos», no ha dudado en pasar este episodio oscuro de nuestra historia reciente por su tamiz cómico, que ayer suscitaron algunas risotadas en el primer pase de la película en el festival de San Sebastián. «He hecho una tragicomedia. Quería mostrar que los actos que nos venden como solemnes están tremendamente condicionados por el factor humano».

- De los «Ocho apellidos vascos» a la negociación secreta entre el Gobierno y ETA hay una gran pirueta? ¿Qué te has propuesto? ¿Cuál es el objetivo?

He querido mostrar que los actos que nos venden como solemnes en realidad están presos por los más pequeños detalles. Que hay algo épico, que todo está tremendamente condicionado por el factor humano.

- Entonces, ¿pudiste haber tratado una reunión igual una reunión del G-8?

Exactamente. Hay una escena en la película británica «In the loop» en la que el jefe de Estado Mayor de EEUU y una senadora están en una recepción en una casa y se ponen a calcular el número de víctimas que causaría su ataque a un país de oriente en una calculadora infantil que hace ruidos de vaca... Quizá eso pueda ofender a alguien, pero yo lo vi brillante. Cuenta mucho mejor cómo se prepara un ataque militar que el telediario. Es esa fascinación por los detalles, lo antiépico.

- En este caso, recreas las miserias y vicisitudes de un personaje polémico, Eguiguren, y su relación con los dirigentes etarras, con los que come patatas fritas y bebe cerveza en el hotel de Oslo.

Yo he cogido un referente real (por Eguiguren, a quien por cierto ha molestado este proyecto) para recrear una ficción.

- Sí, pero trazas un hombre ridículo, demasiado despistado como para ser portavoz de un Gobierno en negociación con un grupo terrorista.

Yo defiendo a Eguiguren, ha puesto toda la carne en el asador. Para mí ha pesado más la determinación e ilusión del tipo que se ha preparado durante toda su carrera para afrontar esto y fracasa. Es la crónica de un fracaso. No he querido ser ecuánime ni equidistante (sobre Eguiguren en su relación con los etarras) pero tampoco quería una peli ideológica. Lo que sí se defiende es el diálogo.

- ¿No hay límites para la comedia? ¿Todo vale?

No, no todo vale. Pero lo que pasa es que los límites son subjetivos. Habrá gente que vea la película y le parezca un signo de madurez que se pueda hacer algo así y presentarlo en San Sebastián. Estamos ahora aquí, en el bulevard, sin que quemen autobuses. Y habrá a quien le parezca una falta de respeto.

- En la película cuentas como «Thierry» cumple su amenaza de que Eguiguren se ate la corbata negra. Es una historia con víctimas. ¿Habrás pensado en cómo encajara la familia de Carrasco tu película?

Sí, sí. No hay un atisbo de comedia en eso. Se ha cuidado mucho esa escena del funeral. En realidad es una tragicomedia y creo que se retrata cómo le afecta de verdad (a Eguiguren, amigo personal de la victima). Las tintas del respeto están cargadas.

- Como director vasco, ¿sientes mayor legitimidad para tratar estos temas?

No, no me siento más legítimo. Yo soy director de cine. He contado una historia que, como vasco, me fascina y atrapa. Solo espero que pueda interesar a más gente.

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