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Fuente y caudal de Paco de Lucía
Francisco Sánchez Varela, hijo del guitarrista Paco de Lucía

Fuente y caudal de Paco de Lucía

La sensación de escritura y pluma está impregnada de un suave aroma de apósito, de vendaje, de aire cicatrizante

Día 23/09/2014 - 15.56h

Aún es pronto para saber si la cámara de cine será una pluma estilográfica en las manos de Francisco Sánchez Varela, pero en su primera película, «Paco de Lucía: la búsqueda», la sensación de escritura y pluma está impregnada de un suave aroma de apósito, de vendaje, de aire cicatrizante. Francisco Sánchez Varela, hijo de Paco de Lucía, terminó este documento vivo sobre el artista con el mismo golpe forzado de la improvisación de una muerte inesperada, inexplorada en toda la película hasta que se impuso un «the end»; un final infeliz para una película absoluta y descaradamente feliz.

Un documental ejemplar, en el que el director da un discreto y hermoso paso atrás y el personaje da un paso adelante: siempre en primer plano, frente a la cámara, Paco de Lucía nos cuenta su fuente y caudal, los pormenores de la elocuencia de sus dedos, los cambios del estado de ánimo de su música, los pasos y los saltos que tuvo que dar hasta llegar a ella? Y es asombroso cómo sólo hablando de sus circunstancias, de lo musical, nos acerca hasta la esencia de sí mismo: un viaje al corazón sin el menor peaje a la revista del corazón. Por su memoria y su lenguaje directo, sencillo, conocemos la complejidad de su amor al flamenco, al que empujó a pedestales que no sabía cómo subir, y algunos secretos de la grandeza de Camarón, o la pureza de ese ladrido que fue su cante jondo.

La cámara apenas entra en la vida de Paco de Lucía, pero en cambio absorbe y sugiere todo su interior en un raro equilibrio entre discreción y profundidad. Nadie conoce al personaje como esa cámara, y no necesita atravesar ninguna puerta para insinuar hasta el último rincón de la trastienda. El tratamiento del archivo, de la música, del pasado? es magistral y emocionante, y divertido, muy divertido, como ese personaje tímido que nos anima a creer que tiene otro final para esta película. Lo han titulado «Paco de Lucía: la búsqueda», pero igual podría haberse llamado «El encuentro».

El cine a competición en San Sebastián propuso tres títulos, «Casanova variations», un fatigoso recuelo sobre el mito de Casanova con un fatigoso Malkovich perdido entre cuadros operísticos; la coreana «Haemu» que impone su condición coreana y, llegados a un punto, empieza la locura de sangre, vísceras y enajenación, y la alemana «Phoenix», de Christian Petzold, que tiene un final tan abrumador y hermoso que a uno se le olvida el áspero camino hasta llegar a él. Ciertamente, se podría hablar más de ellas; pero también menos.

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