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Cuando Woody Allen hacía monólogos en los años 60

Ve la luz una nueva recopilación de las tronchantes actuaciones del genio neoyorquino en los inicios de su carrera

D�a 09/10/2014 - 19.26h

«No buscaba dar el salto al cine. Mi único interés era hacer reír a la gente». Así hablaba Woody Allen, lejos todavía de convertirse en reputado director, en 1976 para la revista «Rolling Stone», recordando sus años como comediante especializado en monólogos (década de los 60) en clubes de distintas ciudades de Estados Unidos. Entonces apenas había transcurrido una década desde su transición a la gran pantalla. Hoy, cuando han pasado unos 40 años, llama la atención ver a un joven Allen, micro en mano, brindando a la audiencia sus tronchantes reflexiones.

Allen, que se llamaba en realidad Allan Stewart Konigsberg, decidió con 17 años, influido en parte por su mala relación con sus padres, cambiarse de nombre. Se transformó en Heywood Allen y se dio a conocer al mundo como Woody Allen, primero como guionista en los shows de la época («The Tonight Show», «Sid Caesar's Caesar's Hour») y después en lo que se conoce como «stand-up comedy»: es decir, un cómico, de pie en un escenario, con la única ayuda de un micrófono, soltando ocurrentes monólogos.

El posteriormente director de películas geniales como «Annie Hall» y «Misterioso asesinato en Manhattan» se fogueó en los años 60, recuerda «Rolling Stone», en clubes nocturnos de Nueva York como el Blue Angel y el Duplex, a los que seguirían garito similares en otros puntos del país, véase Chicago, Washington D. C. y San Francisco. Su barrio (Brooklyn), el matrimonio y el vodka eran temas que formaban entonces parte de su rutina. La de un tipo menudo y nervioso, grandes gafas cubriendo su rostro, y terriblemente gracioso.

«Había un montón de cómicos en los 60. Bill Cosby y yo estábamos a la cola», recordaba con modestia Allen ya en la década siguiente, cuando empezaba a sentirse, al fin, cómodo con la etiqueta de cómico. «Tenía un gran temor a que me llamaran así cuando di el salto desde los guiones. Pero ahora, sin duda, me considero un cómico», reflexionaba.

Nueva recopilación

El 25 de noviembre verá la luz una nueva recopilación de monólogos del genio neoyorquino en dos discos. Algunas actuaciones tan brillantes como la del vídeo que acompaña a esta noticia. «El alce» comprime en tres minutos y medio buena parte de sus virtudes: humor ácido, capacidad para reírse de sí mismo y sus creencias y una mano maestra a la hora de contar una historia y mantener la atención del público. Todo, a partir de la sencilla historia de cómo un día mató supuestamente a un alce, se arrepintió y quiso dejar el cadáver en la casa de unos amigos, que celebran una fiesta. Con Allen de por medio, el alce no solo acaba siendo el rey de la fiesta. El final es, sencillamente, desternillante.

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