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ETA gana en la gran pantalla

ETA gana en la gran pantalla

Solo nueve filmes han narrado el drama de las víctimas; el resto edulcora a la banda

D�a 14/10/2014 - 11.15h

Desde 1977 se han estrenado en España unos 4.000 largometrajes, de los que apenas medio centenar han abordado la realidad del terrorismo de ETA. Películas que, hasta los noventa, edulcoraban a la banda como una organización puntera de la «lucha» del «pueblo vasco» contra el franquismo. Se resaltaba lo heroico de la militancia clandestina y sus «logros» frente al enemigo: el Estado español. Mientras, solo nueve títulos han puesto su foco en el universo dramático de las casi 900 víctimas mortales de ETA, todos rodados en este milenio. Aquí destacan los documentales de Iñaki Arteta -«Olvidados», «Trece entre mil» y «El infierno vasco»- y de Eterio Orega producidos por el fallecido Elías Querejeta -«Asesinato en febrero» y «Perseguidos»-. Y una única ficción: «Todos estamos invitados», de Gutiérrez Aragón.

La presentación de dos nuevas cintas en el último festival de San Sebastián, que relegan el sufrimiento de las víctimas de ETA, ha reabierto el debate sobre qué relato del terrorismo nos deja el cine español. Hay una conclusión clara entre los expertos que han estudiado esta filmografía: el «cese definitivo» de ETA en 2011 ha supuesto un punto de inflexión. «El asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997 hizo que se empezara a dar la voz a las víctimas. Ahora, con el final de ETA, se rodarán más películas y metiendo nuevos elementos como el humor o con cierta distancia del drama. Eso es inevitable», apunta el director de la Filmoteca Vasca, Joxean Fernández.

Estrenada con éxito de público en San Sebastián, «Lasa y Zabala» narra las torturas y el asesinato en los años del plomo de los dos miembros de ETA a manos del GAL, a los que se presenta como «refugiados vascos». El director de este polémico «trhiller», Pablo Malo, defiende la necesidad de plasmar en el cine el «terrorismo de Estado» y justifica el haber eliminado toda referencia a los atentados de la banda porque «no se puede narrar todo en 100 minutos». «Mi película no es una loa a ETA. Es una historia humana con un trasfondo político de dos jóvenes de 20 años que habían atracado un banco. Si ellos hubieran cometido atentados lo habríamos incluido», afirma Malo. «Lasa y Zabala» -se estrena este viernes en los cines- ha recibido notable ayuda institucional: solo la Diputación de Guipúzcoa, de Bildu, ha puesto 100.000 euros y otros 15.000 para su distribución comercial.

Risas moralmente dudosas

La comedia «Negociador», del guionista Borja CobeagaOcho apellidos vascos») parodia la negociación entre el Gobierno de Zapatero y la banda. Solo una corbata negra recuerda en el filme que ETA siguió asesinando, pero el público donostiarra rió a gusto durante la proyección y celebró que ?por fin? la cuestión de ETA pueda «desacralizarse». Se llevó el premio del cine vasco.

«El problema», advierte el director del Euskobarómetro y sociólogo Francisco Llera, es que «en una sociedad moralmente dañada» como la vasca, donde muchos justificaron la violencia etarra, «no se debe ser neutral». «Hay un afán por mostrar el lado humano del terrorista, contar sus historias inocentes, pero no se pude poner en un mismo plano a víctimas y victimarios». Joseba Arregi, exconsejero de Cultura con el PNV y voz crítica contra el nacionalismo totalitario, relativiza la influencia directa del cine -«las películas no garantizan un relato»-, pero rechaza un enfoque cómico para abordar la violencia. «Personalmente, a mí no me gusta. No ha pasado suficiente tiempo». ¿Hay riesgo de banalizar el mal? «El peligro no es tanto la banalizacion como la indiferencia ante el mal. La obsesión por cerrar el capítulo de ETA lo antes posible terminará haciéndonos creer que ETA no existió. No solo hay que reclamar la memoria de las víctimas, sino recordar al verdugo. Si se nos presenta en su vida normal sin decirnos qué hizo, las víctimas pierden su significado. Con o sin películas, la sociedad desea en este momento olvidar. Prefiere no recordar qué pasó y qué hizo cada uno. Es mucho más cómodo», incide Arregi.

La fuerza del verdugo

El catedrático de la Universidad del País Vasco Santiago de Pablo, quien ha estudiado a fondo la relación entre el cine y la historia, explica por qué se ha preferido retratar a los victimarios y sus historias personales antes que a las víctimas. «El verdugo suele tener mayor atractivo por su fuerza dramática, el dilema y la psicología oscura del personaje. Las víctimas en cambio siempre sufren; en eso son más planas», señala.

Hay nuevas películas en marcha como «Lejos del mar», de Imanol Uribe, sobre el enamoramiento de un etarra hacia la hija de una de sus víctimas. O «Fuego», de Luis Marías, que cuenta la venganza de un policía nacional (José Coronado) al que ETA mató a su mujer y mutiló a su hija. Justo un enfoque -el vengativo- que nunca ha existido en la realidad.

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