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Los colmillos de Drácula, un invento del cine
Christopher Lee, el primer vampiro del cine con colmillos largos

Los colmillos de Drácula, un invento del cine

Hasta 1958, ningún vampiro de la gran pantalla los llevaba tan largos. Desde entonces, cada chupasangres de la ficción se los coloca en un lugar distinto

Día 25/10/2014 - 02.56h

Cualquier disfraz de vampiro que se precie ha de tener obligatoriamente una capa oscura, uñas largas, la tez blanca y, por supuesto, una dentadura con colmillos largos. Pero el lector se sorprenderá al conocer que, hace 60 años, a nadie se le hubiera pasado por la cabeza dotar de llamativos dientes caninos a ningún chupasangre.

El origen de la imagen icónica de vampiro hay que buscarlo en Hollywood y, más concretamente, en el actorChristopher Lee. Él fue el primero de los dráculas más famosos del cine se calzó los colmillos para dar una imagen más terrorífica, pese a la dificultad que suponía para un actor poder vocalizar con ellos en la boca. Afortunadamente para él, en «Drácula» (1958), la primera película que protagonizó con este papel, solo tenía trece líneas de guión.

Para ser justos, el primer actor en colocarse esta icónica dentadura fue el turco Atif Kaptan en su «Drakula Istanbul'da» (en la imagen de abajo), una de las primeras producciones de terror en Turquía, que data del año 1953 y que ya adelantaba la tendencia dental -un tanto rudimentaria- en cuanto a filmes de vampiros, pero que no tuvo repercusión más allá de las fronteras otomanas.

¿Qué dicen las novelas?

La literatura vampírica, en la que se inspira para sus personajes el cine de Hollywood, ya citaba en el siglo XIX la existencia de dentaduras poco frecuentes en estos monstruos nacidos de la imaginación humana. Porque, según las novelas clásicas, los vampiros poseen dientes para poder morder a sus víctimas, en las que suelen dejar dos pequeñas incisiones en el cuello.

«Varney el vampiro» (1845) fue la novela que marcó muchas de las características de estos seres demoniacos: su protagonista poseía fuerza sobrehumana y poderes himnóticos, además de beber sangre para recuperar su energía vital. Pero si nos fijamos en sus dientes, todos ellos -caninos e incisivos- aparecen descritos como «similares a colmillos». Luego, Bram Stoker ahondó en la idea y terminó de consolidar la imagen del vampiro como un ser con todos los dientes afilados y puntiagudos.

En este punto, la dentadura tiene una importancia fundamental a la hora de contar la historia de los vampiros. Y hay una teoría para explicar su origen: «Los dientes afilados que entran en la piel de la víctima, normalmente una mujer, se explica por la misoginia del propio Stoker», apunta en conversación con ABC Javier Pulido, doctor de la Complutense y autor del libro «La década de oro del cine de terror español». Este elemento dental es el complemento perfecto para un monstruo que representaba «la decadencia de la sociedad victoriana y el miedo a enfermedades como la sífilis. Es un mal exterior que intentan romper desde fuera el status quo burgués», relata Pulido.

Dientes, dientes...

Con las novelas de Stoker en pleno auge llegó el invento del cine y las primeras adaptaciones no tardaron en llegar. Sin embargo, estos vampiros primigenios no acertaban a ponerse colmillos. Uno de los Drácula más famosos de la historia del cine, Bela Lugosi, no mostraba más que una dentadura humana normal y corriente. Nosferatu (1922), el vampiro alemán, tenía dos incisivos prominentes, además de una desigual mandíbula en la que le faltaban varias piezas dentales.

Hubo que esperar hasta el año 1958, con el citado Christopher Lee, cuando se vistió a Drácula con unos lustrosos y alargados colmillos, fabricados por el técnico dental Sean Mulhall. Muy diferentes de los que luego se vieron en el cine español, a veces fabricados con patatas cortadas para simular este maquillaje, como explica Javier Pulido.

Desde entonces la industria audiovisual ha fabricado vampiros con todos los dientes afilados («Supernatural»), sin ninguno prominente («Crepúsculo») o con los colmillos cambiados de sitio, como en la serie «True Blood». Merece la pena pararse en este último caso porque inventaron con gran éxito una nueva ubicación para este arma letal. Y lo justificaron.

«Creamos unos colmillos retráctiles, que se alojaban en la boca y, cuando el vampiro estaba en peligro o a punto de comer, se colocaban en su sitio», explica Alan Ball, creador de la serie. «Luego los colocamos en los incisivos laterales, porque funcionan mejor y son similares a los de serpientes como la de cascabel».

«Los caninos -colmillos- eran muy típicos y masculinos», explicaba también el dentista Clint Herzog a la revista E!. «Colocándolos al lado, en los incisivos, que son dientes más femeninos, otorgan a los vampiros de True Blood un look mucho más agresivo, que encaja perfectamente a sus personajes».

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