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En Sony Pictures escriben ahora a mano
Un cartel anunciando el estreno de «The Interview»

En Sony Pictures escriben ahora a mano

Las consecuencias del ciberataque y la cancelación de «The Interview» todavía se están midiendo

D�a 22/12/2014 - 13.13h

Cuando el 24 de noviembre los empleados de Sony Pictures llegaron a su puesto de trabajo y encendieron sus ordenadores como cada mañana, sus pantallas se bloquearon. «Hackeado por GOP», rezaba el mensaje, firmado por los autodenominados Guardianes de la paz (Guardians Of Peace) y acompañado por la imagen de un esqueleto. Acababa de empezar el ataque más virulento contra un estudio de Hollywood de la historia de la industria cinematográfica.

Tres días antes, los altos ejecutivos ?su presidenta, Amy Pascal, y Michael Lynton, consejero delegado de la compañía? habían recibido la primera amenaza directa de los hackers. «Queremos una compensación económica. Paguen el daño causado o Sony será bombardeado». El estudio empezó a sospechar que detrás de aquellas coacciones podía estar Corea del Norte. La razón: el inminente estreno de «The Interview», una parodia dirigida por Seth Rogen y Evan Goldberg sobre dos periodistas norteamericanos (el propio Rogen y James Franco) compinchados con la CIA para intentar asesinar al dictador norcoreano Kim Jong-un. Hacía meses que el régimen asiático había tachado la cinta de «acto de guerra» y de «terrorismo gratuito».

Pero solo era una hipótesis. Hasta que dejó de serlo. «Os hemos prometido un regalo de Navidad. Os lo mostraremos en el mismo sitio y a las mismas horas en las que ?The interview? se proyecte. Qué amargo destino para quienes busquen la diversión? Pronto el mundo verá la horrible película que Sony Pictures ha hecho. El mundo se llenará de terror. Recordad el 11 de septiembre de 2001», decía el mensaje, escrito en un inglés rudimentario, que precipitó los acontecimientos.

El pasado miércoles, después de que las tres principales cadenas de cines de Estados Unidos (Regal, AMC y Cinemark) anunciaran su decisión de no proyectar la película en sus salas, el estudio tomó la decisión más drástica y canceló el estreno, previsto para el 25 de diciembre. «Sony Pictures ha sido víctima de un asalto criminal sin precedentes. (?) Apoyamos a nuestros cineastas y su derecho a la libertad de expresión y estamos muy decepcionados con este resultado», decía su comunicado.

Y así es como la filtración de miles de datos de la compañía se convertía, en cuestión de horas, en un asunto de seguridad nacional. Un día después, el FBI acusaba oficialmente al gobierno de Corea del Norte de estar detrás del ataque, pese a que el régimen asiático ha negado en todo momento su implicación directa, aunque ha admitido que sus seguidores podrían estar detrás de la conspiración. Y el viernes, el propio Obama tomaba la palabra. «No podemos permitirnos una sociedad en la que algún dictador de cualquier parte del mundo imponga la censura en Estados Unidos», declaró el presidente después de tachar de «error» la decisión de Sony de no distribuir la película y de lamentar que la corporación no consultara su decisión con él.

Y mientras la Casa Blanca anuncia una «respuesta adecuada» al ataque norcoreano, Hollywood está en estado de shock. Actores como Steve Carell y Ben Stiller y directores como Judd Apatow se han lamentado por el peligroso precedente contra la libertad de expresión que supone la cancelación del estreno de la película. El guionista Aaron Sorkin, afectado por algunas de las infiltraciones, arremetía contra la prensa y George Clooney, ejerciendo de hombre influyente, escribía una carta a todos los pesos pesados de la industria para que apoyaran corporativamente a Sony. Nadie firmó su petición.

Cada día, el daño más grave

Y cada día que pasa, el daño a Sony y, de rebote, a toda la industria cinematográfica es más grave. Al principio, el goteo de filtraciones fue, más o menos, inocuo. Se trataba, principalmente, de un rosario de chascarrillos hábilmente dosificados sobre las relaciones entre los mandamases de Sony y sus estrellas, gracias a la divulgación de todos los e-mails de Amy Pascal, cuyo puesto de presidenta pende ahora de un hilo. Así se supo, por ejemplo, que el todopoderoso productor Scott Rudin había llamado «niñata malcriada con mínimo talento» a Angelina Jolie, que Pascal estaba disgustada con Leonardo DiCaprio por cambiar de opinión respecto al biopic de Steve Jobs o que Rudin y Pascal hacían bromas racistas sobre el gusto cinematográfico del presidente Obama. Pero también se desvelaron los planes de Sony para proyectos futuros como Cleopatra, el remake femenino de Cazafantasmas o una nueva adaptación de Spider-Man. Además, se filtraron miles de documentos sobre las finanzas del estudio y otros datos sensibles, como los nombres que las estrellas utilizan para pasar desapercibidos en los hoteles y hasta los scans de los pasaportes de estrellas como Angelina Jolie y Cameron Diaz. Otros detalles eran, incluso, más sonrojantes. Por ejemplo, las inexplicables diferencias salariales por cuestión de sexo tanto de sus estrellas (véase Jennifer Lawrence) como de sus altos ejecutivos.

Pero aparte del mero cotilleo y del daño que podría infligir a la reputación del estudio, otros perjuicios son contantes y sonantes. Los hackers también distribuyeron películas completas que aún están pendientes de estreno como el musical Annie, y los dramas «Still Alice» y «Mr. Turner». No solo eso: han puesto en riesgo algunos de los títulos más inminentes del estudio.

Los productores de la próxima película de James Bond, «Spectre», han denunciado el robo del guión preliminar de una producción que, con 300 millones de dólares de presupuesto, podría convertirse en una de las más caras de la historia de Hollywood. Pero ni si quiera el anuncio de la cancelación del estreno de «The Interview» ha persuadido a los hackers. El jueves se filtraron 50 guiones más. Algunos, como los de «The Wedding Ringer» o «Sausage Party», que también dirigirá Seth Rogen, pertenecen a proyectos que aún están en pleno rodaje. De hecho, el futuro de estos y otros títulos podría tener un futuro incierto.

Consecuencias económicas

Las consecuencias económicas para Sony, que tiene más de 6.000 empleados en nómina y cuya facturación anual supera los 8.000 millones de dólares, podrían ser devastadoras. Para empezar, solo la cancelación del estreno de «The Interview», con un presupuesto de 35 millones de dólares, podría suponer unas pérdidas de 75 millones, según «Variety». Aunque el portal económico «Bloomberg» estima que el coste total podría ascender a 200 millones de dólares si a eso se suma la reconstrucción del sistema informático del estudio, la investigación de los ciberforenses, la pérdida de productividad de los empleados y los daños a su reputación. Paradójicamente, no es una situación nueva para Sony. En 2011, la compañía perdió 170 millones de dólares cuando el sistema de su consola, PlayStation, fue hackeado.

Además Sony, que ha puesto a disposición de sus trabajadores un equipo de psicólogos y un servicio para evitar casos de usurpación de identidad debido a la filtración de miles de datos personales, se enfrenta también a varias demandas. De hecho, tres de sus extrabajadores ya han interpuesto una querella contra el estudio por no haber protegido debidamente sus datos personales, incluidos 47.000 números de la Seguridad Social (el equivalente al NIF) y miles de datos médicos. Para apaciguar los ánimos, esta semana Michael Lynton reunió al personal de la compañía y prometió que el estudio no sucumbirá al ataque y que no habrá despidos. «Esto no nos va a hacer caer. No deberías preocuparos por el futuro».

...Y Larry Flynt contraataca

El resto de estudios temen que, pese a la retirada de la película, las amenazas espanten a los espectadores durante el fin de semana de Navidad, uno de los más rentables del año. Pero, además, la cancelación del estreno sienta un precedente peligroso que afecta a toda la industria. De hecho, ya ha habido consecuencias inmediatas. El estudio «New Regency» ha confirmado la cancelación del rodaje de «Pyongyang», la cinta que iba a protagonizar Steve Carell sobre la historia real de un animador que trabajó tres meses en un estudio de Corea del Norte. Para otros, en cambio, el ciber-ataque ha servido de acicate. Larry Flynt, mítico fundador de la revista «Hustler», ya ha prometido que su compañía producirá la versión porno de «The interview». «Si Kim Jong-un y sus secuaces estaban cabreados, que esperen a ver la película que vamos a hacer nosotros».

Y mientras los empleados de Sony trabajan con papel y boli desde hace dos semanas para evitar males mayores, los hackers siguen con sus coacciones y han exigido a Sony que la película no vea la luz en ningún formato y que hasta el trailer, que se estrenó en julio, sea eliminado. Sin embargo, la escena final, en la que Kim Jong-un muere tras el ataque de un misil a su helicóptero, ya circula por Internet. De hecho, en su último comunicado, la compañía declaraba que aún conserva ?la esperanza de que cualquiera que quiera ver la película tenga la oportunidad de hacerlo?. Pero, de momento, no se sabe ni cómo ni cuando. Fundamentalmente porque ni el ataque ni las filtraciones están controladas por el momento y el 25 de diciembre sigue marcado en el calendario de los hackers. Han prometido un regalo. Y, obviamente, estará envenenado.

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