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Cuando la censura tachó de «picante» a «¡Qué bello es vivir!»
Una imagen de la película

Cuando la censura tachó de «picante» a «¡Qué bello es vivir!»

La película de Frank Capra, el clásico navideño por excelencia, tuvo problemas por ciertas escenas y expresiones

D�a 28/12/2014 - 03.06h

Hoy «¡Qué bello es vivir!» pasa por ser una de las películas más edulcoradas (por no decir ñoñas) que ha pergeñado el cine, además del clásico navideño por excelencia (siempre presente en las parrillas televisivas). Pero hace casi 60 años, por increíble que parezca en 2014 (casi 2015), hubo un tiempo en que esta película se dio de bruces con la censura, que la consideraba... picante.

[«Francamente, querida, me importa un bledo» y la censura]

Corría el año 1946 y el guión del filme contenía algunos elementos que no gustaban a los censores, por entonces un poderoso grupo que se dedicaba a fiscalizar la labor de Hollywood. Al igual que ocurrió con tantos filmes de esa época, como «Lo que el viento se llevó, «Qué bello es vivir se la jugó por utilizar el término «impotente», sus referencias a Dios e incluso ciertas connotaciones sexuales de lo más ingenuas. Todas ellas, piedras molestas en el zapato de los señores de la denominada Production Code.

Dificultades que hubo de sortear la maravillosa película de Frank Capra desveladas, seis décadas después, por la Academia de Cine de Estados Unidos, que en su web recoge documentos tan fascinantes como la carta que el censor Jospeh Breen envió el 22 de abril del 46 al ejecutivo William Gordon, de la RKO, estudio propietario de los derechos de la cinta protagonizada por James Stewart e Irene Dunne.

Era necesario, afirmaba Breen, introducir una serie de cambios para que el guión de Capra recibiera luz verde y pudiera llegar a los cines. Esas escenas problemáticas resultan hoy irrisorias, como la borrachera «ofensiva» de George. Igual de ridículo nos parece ahora que se pusieran pegas a expresiones como «I wish to God», «le pido a Dios». Términos como «cretino» o «piojoso» también se le atragantaron a los censores.

Eran otros tiempos. Lo que afortunadamente no ha cambiado es el regalo para el espectador que aún constituye «Qué bello es vivir».

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