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David Cronenberg («Maps to the stars»): «He hecho siempre lo que he querido»
David Cronenberg, en una imagen de archivo

entrevista David Cronenberg («Maps to the stars»): «He hecho siempre lo que he querido»

El director canadiense muestra sin piedad las tripas de Hollywood en su nueva película

D�a 07/03/2015 - 17.22h

Si hay un director que durante décadas ha caminado por los barrios periféricos de la meca del cine sin comerciar con su trabajo, ese es David Cronenberg. Sin embargo, entra de lleno en Hollywood en su último filme, «Maps to the stars». El realizador canadiense, de 71 años, se amamanta de la fábrica de los sueños para crear su primera cinta en Tinseltown y dedicársela por entero.

[Crítica de «Maps to the stars», por Oti R. Marchante]

«Ha sido una experiencia catártica porque la película se ha cocinado despacio. Han sido diez años esperando para realizarla y ahora estamos finalmente aquí, estrenándola. Bruce (Wagner) escribió el guión hace veinte años y en la última década hemos ido añadiendo detalles, puliendo la historia, manteniendo la estructura y los personajes. Entiendo que ha costado mucho producirla porque es un material muy oscuro», explica el director.

El guión de «Maps to the stars» muestra poca empatía por la vanidad y la ambición de los famosos, los que una vez fueron famosos o los que serán famosos en el futuro. «Si me decidí a esperar e intentar una y otra vez rodar este filme es porque nunca había leído nada ni remotamente parecido. Bruce es alguien que ha vivido en Los Ángeles, conoce la industria y la entiende. La locura de Hollywood es demasiado bella como para no retratarla. Jamás he estado obsesionado con Hollywood, aunque ?Le Monde" escribiera que yo detesto a Hollywood y esta era mi venganza, no es cierto. La amargura que surge en el filme viene más por Bruce que por mí».

Bruce Wagner fue, como el protagonista a quien da vida Robert Pattinson, conductor de limusinas antes que guionista de éxito. En su historia aparecen una riada de actores inseguros, productores y directores obsesionados con los porcentajes, el dinero, los contactos, la autopromoción y la juventud, y no por ese orden. «Claro que conozco Hollywood», dice sorprendido ante la pregunta, y continúa: «Yo he tenido esas reuniones que aparecen en pantalla, no puedo llamar sátira a esta película porque es demasiado exacta. He vivido conferencias más absurdas que las representadas en el filme».

La obra de Cronenberg, una de las más estudiadas por los amantes del cine, es inclasificable. Un artista anómalo que prefiere mostrar una visión subjetiva de la realidad. A él le gusta conectar con el público a través de sus propias experiencias, sustento de su narrativa, antes que aburrirlos con interminable pirotecnia visual. «La mayoría de mis películas las hago coproducidas con financiación canadiense y europea, creo que por afinidad. La verdad es que me siento más cerca del cine de Europa. Cuando rodé "Cosmópolis" pensaba que iba a ser mi última película y no sé por qué lo pensaba, tal vez por lo que me cuesta conseguir financiación para mis proyectos, pero surgió la posibilidad de rodar "Maps to the stars" y lo hice.

«Ahora tengo ganas de sentarme a escribir otro libro y olvidarme un poco del cine», añade, «aunque mi administrador me dice que no, que no se gana dinero escribiendo novelas. Me siento muy orgulloso de "Cosmópolis" y "Maps to the Stars" porque juntos pueden verse como una crítica al capitalismo. "Cosmópolis" en la Costa Este, Nueva York, y "Maps to the stars" en la Costa Oeste, Los Ángeles».

Un autor auténtico

Maestro del terror venéreo, género que prácticamente inventó, Cronenberg vuelve a dirigir con la batuta del miedo mientras suenan los acordes de la alienación social, de la angustia, la toxicidad de la petulancia, elementos que marcan el tempo de «Maps to the stars».

Director de cine, de ópera, guionista, productor y escritor de literatura, David Cronenberg es un autor auténtico: «En mi carrera jamás he hecho una película por hacer una película, por mantenerme. Cuesta mucho rodar un filme y no podría hacerlo sin sentir pasión por cada proyecto. Ahora mismo me estoy diciendo: "A menos que algo espectacular aparezca en tu camino tu carrera ha terminado". Pero me sentiré bien porque, en retrospectiva, he hecho siempre lo que he querido y despedirme ahora no sería tan trágico».

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