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Benicio del Toro, el tipo que mueve la raya de la frontera
Benicio del Toro, en el Festival de Cannes

CANNES Benicio del Toro, el tipo que mueve la raya de la frontera

Denis Villeneuve explora en su película ese territorio fronterizo entre México y Estados Unidos, en un «thriller» terrorífico protagonizado por el actor puertorriqueño

Día 20/05/2015 - 09.37h

No hay mucho más que decir sobre ese territorio fronterizo entre México y Estados Unidos, pero el canadiense Denis Villeneuve lo explora con su incendiaria vista y presenta un «thriller» terrorífico, «Sicario», sobre el cuerpo poliédrico de la ley, el orden y la ética de frontera, cuya presencia más notable es la de un Benicio del Toro con aún más kilovatios de potencia que de costumbre. Como una reverberación de «Traffic», la película muestra una Ciudad Juárez que convierte en zona residencial la plataforma de Mad Max, y Del Toro (¿será primo de Guillermo, miembro del jurado?... ¡ummmmh!) compone un personaje tan duro, tan extremo, tan letal, que con solo verlo le dan a uno ganas de irse a hacer un chequeo urgente. Villeneuve pretende que su película no sea solo un «thriller» brutal y procura encontrar algo en el interior de sus personajes, en especial en el de la policía honrada que interpreta Emily Blunt, o en la eficacia en ese pasito fuera de la ley, pues basta con mover un poco la línea de sus límites, del agente del gobierno Josh Brolin, y hasta recoge alguna que otra migaja del interior del sicario congelado con ojeras negras como bolsas de basura, del vengativo Benicio, que tiene otra labor que la de atrapar jefes de cartel o truncar operaciones de tráfico a gran escala.

Película de fronteras y de modos de saltárselas en todos los sentidos, con otro sello Villeneuve que no es el de «Incendios», y que tiene la importante cualidad de mantenerte pegado a la butaca como en el despegue de un avión. Justo lo contrario que la otra en competición, «Marguerite et Julien», de Valerie Donzelli, una historia medieval de amor loco entre hermanos que a punto estuvo ya de rodar Truffaut en los años setenta y que prudentemente esquivó. Donzelli no ha tenido esa prudencia y desmedievaliza a medias (trabalenguas digno del interior del filme) una historia que es trágica en esencia y algo comicota en apariencia. Descaradamente cursi en muchos momentos, con un toque grotesco (y no va por la presencia extravagante de Geraldine Chaplin) y un punto insufrible.

Y la sección Una Cierta Mirada acogía la nueva película de Apitchapong Weerasethakul, que con la anterior («Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas») ganó la Palma de Oro. Francamente, esta también podría haberla ganado, pues no es ni menos larga, ni menos extravagante, ni menos Tai. Creo que podría rellenar un par de folios sobre esta película, pero también puedo ahorrárselos.

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