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Sorrentino divide el mundo con su también grande y bella «Youth»
Michael Cane y Jane Fonda, ayer en Cannes

Sorrentino divide el mundo con su también grande y bella «Youth»

Jia Zhang-Ke redondea el Día de la Decadencia con el magnífico melodrama «Mountains may depart»

D�a 21/05/2015 - 10.28h

La decadencia es el deterioro pero con traje de lino y sombrero panamá, y puede haber algo distinguido en ella que no todo el mundo sabe atrapar y expresar; Paolo Sorrentino, sí, y en toda su gran belleza. Y la decadencia también es declive, degeneración, desconexión contigo mismo, y eso lo caza al vuelo Jia Zhang-Ke. Dos cineastas de gran formato que presentaron sus películas en la competición, «Youth» y «Mountains may depart», y ambas tremendamente sugerentes y poderosas en la infección de elegancia y lejanía de ti mismo a esa idea ineludible y quizá necesaria de irse desenfocando.

Sorprendentemente, Sorrentino sugiere en el título, «Juventud», lo contrario de lo que parece mirar fijamente; pero nada muestra y valora tanto la juventud como la falta de ella. Se ve, se nota, a través de la mirada de dos amigos octogenarios, un director de orquesta retirado (Michael Caine) y un director de cine ante su obra testamentaria (Harvey Keitel), que pasan unas semanas en un hotel balneario suizo? Frente a ellos, el paisaje: un sorbo de presente, el paladeo no siempre agradable del pasado y lo perdido, un escenario variado de los frescores, los contratiempos y dilemas de los que miran su decadencia con los prismáticos al revés, como un joven actor de éxito por su papel en el interior de un robot (Paul Dano), o la hija deprimida de Caine por un desastre amoroso (Rachel Weisz), o la surrealista y húmeda aparición en carne y?, carne, de una Miss Universo que interpreta Medalina Ghenea, que tal vez no lo sea en realidad pero que en la ficción sorrentina lo clava, les clava (a ambos al borde de la piscina), nos clava.

Sentimientos a la brega

Hay momentos en «Youth» de absoluto contacto con la excelencia, con un tumulto de sentimientos a la brega y que quieren ponerse en el primer plano de la escena: la izquierda de Maradona (su «triple», podría decirse, en una visión esperpéntica y muy amarga de la decadencia), el plástico que los dedos de Caine usa para dirigir el ritmo de las cosas, los cencerros del ganado que siguen en concierto su batuta, los desperdicios de la memoria en sus conversaciones con Keitel, con quien tiene la amistad perfecta: solo en lo bueno, o esos destellos de franqueza paternofilial o de franqueza consigo mismo y su declive en las conversaciones con el emisario de la Reina.

Es casi absurdo decir que el personaje de Michael Caine está a una altura a la que quizá acabe llegando Jep Gambardella cuando se le apague el rescoldo del cinismo y ya se le quede una sabiduría sofocada, y más absurdo aún ponerse a subrayar que su interpretación es indeleble, imposible de quitar de la piel de la película, como una mancha de nacimiento. Pero lo más absurdo será comprobar que lo único que no declina es la necedad y que habrá quienes solo se dediquen a buscar «La gran belleza» en «Youth» en vez de lo contrario, o sea, encontrarle a «Youth» su gran belleza: contra la división de opiniones, opinión de las divisiones.

La de Jia Zhang-Ke, «Mountains may depart», es lo mismo y otra cosa, y pone su asombroso estilo justo detrás de un enorme melodrama en tres tiempos, pasado (cambio de milenio), presente y futuro (2025) para aplastar contra sus paisajes desenfocados, en demolición, y gestores de emociones de tres personajes, una mujer y los dos hombres que la aman, de los hilos sentimentales que el tiempo anuda y desanuda, y que incluso pierde (no habla de personajes en sí, que se le disipan en el camino, sino de los sentimientos que producen, y a ellos le dedica su acuarela), con cambios de formato y de ADN, como esa idea espeluznante y para la reflexión del hijo chino que vive en Australia y solo habla inglés mientras que su padre, que ya se llama Peter, solo habla en su idioma natal. Relación a través del traductor de Google. La ambición de la película es enorme pues pretende con un narrar figurativo atrapar la abstracción de las metamorfosis y renovaciones del mundo, de su país, de los grandes sentimientos y de sus pequeños personajes. Y da la impresión de que, si los muchos admiradores de Jia Zhang-Ke tenían otras perspectivas sobre su cine, es que éstas están muy por debajo de las del propio director.

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