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La mujer detrás de Marilyn Monroe: un «bicho raro» que leía a Hemingway y Joyce
Marilyn, leyendo un libro de Arthur Miller

La mujer detrás de Marilyn Monroe: un «bicho raro» que leía a Hemingway y Joyce

Estas son los detalles más curiosos de la persona que había detrás de la actriz, que hubiera cumplido 89 años

D�a 03/06/2015 - 10.26h

Marilyn Monroe hubiera cumplido ayer 89 años de no haber muerto, el 5 de agosto de 1962, de una sobredosis de barbitúricos. Hoy, no mucha gente conoce su nombre original, Norma Jeane Mortenson, que abandonó, al igual que hizo con el color original de su pelo, para convertirse en la estrella que quería ser.

El mito nos dejó demasiado pronto, a los 36 años, pero mas allá de lo que quiere recordar la historia, sus curvas, su rostro hecho arte pop por Andy Warhol o el «Happy birthday, Mister President» a J.F. Kennedy, esta mujer distaba mucho del icono de Hollywood por el que es conocida.

No solo rubia, también compleja, no solo una actriz de éxito, también una mujer con una infancia dura de orfanatos y que consideraba el mundo de Hollywood un lugar en el que se sentía sola y no terminaba de encajar.

Tras su trágica muerte, todas estas facetas de Norma Jeane Mortenson son el legado de Marilyn Monroe que, con motivo del 89 aniversario de su nacimiento, repasamos.

No era una «rubia tonta»

A pesar de dar vida en la gran pantalla a mujeres rubias y superficiales y de proclamar que los diamantes eran los mejores amigos de una chica, la actriz de «Con faldas y a lo loco» no era nada superficial.

Marilyn era una ávida lectora que contaba con títulos de Ernest Hemingway o James Joyce en su estantería. Además, tuvo como amigo íntimo al novelista Truman Capote («A sangre fría», «Desayuno con diamantes»), que la definía como una persona «muy insegura», pero también «muy, muy brillante».

Quería que la tomaran en serio como actriz

Según informa «The Huffington Post», Marilyn no quería encasillarse en papeles en los que el «sex-apeal» era el requisito fundamental. La actriz quería asumir papeles más interesantes y que la convirtieran en una profesional respetada.

Para conseguirlo puso en marcha junto a su amigo y fotógrafo Milton Greene un estudio, Marilyn Monroe Productions, para darse a sí misma la oportunidad que los estudios de Hollywood no le daban.

Primer matrimonio, a los 16 años

El mundo entero seguía con interés los matrimonios y divorcios de Marilyn con el jugador de béisbol Joe DiMaggio y el escritor Arthur Miller. Pero, fuera de los focos, Norma Jeane estuvo casada con un hombre anónimo, James «Jim» Dougherty.

Fue un matrimonio de convivencia para evitar ser enviada a un orfanato, según detalla la biografía de la actriz , «Mi historia», escrita por Ben Hecht. Este enlace se produjo en 1942, cuando Marilyn apenas tenía 16 años y se divorciaron en 1946.

«Mi matrimonio no me trajo ni felicidad, ni dolor. Mi marido y yo difícilmente hablábamos entre nosotros, pero no era porque estuviéramos enfadados, simplemente no teníamos nada que decirnos», relató la actriz.

«Mi matrimonio no me trajo ni felicidad, ni dolor. Mi marido y yo difícilmente hablábamos entre nosotros, pero no era porque estuviéramos enfadados, simplemente no teníamos nada que decirnos», relató la actriz.

En terapia de psicoanálisis

Como la mayoría de las personas que estudiaban en el Actor's Studio, Norma Jeane también acudió a terapias de Psiconálisis. Las notas de estas sesiones revelan muchos de los fantasmas que atormentaban a la protagonista de Los caballeros las prefieren rubias.

«Inadaptada» en Holywood

La actriz se consideraba a sí misma un «bicho raro» en el celuloide americano. Prueba de ello es el título de un capítulo de su biografía «Mi historia», que se titulaba «¿Por qué soy una inadaptada en Hollywood?».

«Mis carencias sociales eran algo como esto, no ser capaz de reír todo el tiempo en las fiestas o no ser capaz de seguir charlando como una cotorra con otras cotorras. Pero para mí (estos errores) eran menos importantes que otras carencias sociales que yo percibía en los demás».

«Cuando las personas están siendo sociales, no se atreven a ser humanas o inteligentes», explicaba antes de añadir que «Ellos no se atrevían a pensar nada diferente de los que pensaban las otras personas en la fiesta. Los hombres y mujeres no solo vestían del mismo modo, sino que todas sus mentes se convertían en los mismo. Y esperaban que todo el mundo en la fiesta hablara solo de tópicos de fiesta».

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