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Pasolini, el «tifosi»: «El pichichi de la liga es siempre el mejor poeta del año»
En el 40 aniversario del asesinato de Pasolini, la industria editorial se ha volcado

Pasolini, el «tifosi»: «El pichichi de la liga es siempre el mejor poeta del año»

Lanzan una recopilación de artículos del cineasta sobre deporte, del que se sirve para realizar un estudio de la Italia de su época

Día 03/07/2015 - 15.52h

Pier Paolo Pasolini, el famoso director de cine italiano, además de poeta y sesudo pensador, fue también un hincha leal del Bolonia, un «tifosi», con ese humano y sufrido equilibrio de corazón y razón (o sinrazón, que en este caso dirían los que abominan). Amaba el fútbol y lo practicaba con devoción (pero sin demasiada fantasía, era pura garra y buen físico, comentan los que le vieron, con un ligero, se añade, parecido frontal con el mítico Andrinúa del Athletic de Bilbao). «Me sé los nombres de los jugadores de casi todos los equipos, no solo de los actuales, sino también de las temporadas pasadas», escribía en 1969. «Y sigo lo que va pasando. En definitiva, no me separo de ello en un rechazo que sería como negar una realidad negativa o incluso vergonzosa». En este 2015, en el que se conmemora el 40 aniversario del asesinato del cineasta y que ha estado plagado de lanzamientos editoriales e incluso una película de Abel Ferrara, llega a nuestro país una recopilación de artículos del cineasta inéditos en español de fútbol, boxeo o ciclismo. «Pier Paolo Pasolini: sobre el deporte», se llama, y lo publica la editorial «Contra».

El intelectual, como indica Javier Bassas en el prólogo, se servía del deporte «para realizar un estudio de la Italia de su época, como un medio para interpretar los cambios culturales y sociales del país». En un artículo llamado «El muerto apestará toda la semana», publicado en «L´Unita», el periódico de izquierdas fundado por Antonio Gramsci, Pasolini hace una semblanza de las clases de «tifosi» italianos. «El 'tifo' es un pseudoconcepto. Fuente de errores, aberraciones y angustias», cita a Benedetto Croce. Para el director de «Saló o los 120 días de Sodoma», el tifosi napolitano, por ejemplo, no entiende de razonamientos, y tanto menos de lo que ve en el campo los domingos. «Solo es capaz de un único e inmutable pensamiento. Todo lo que está fijado y preconstituido genera la máscara, la caricatura. Esto es algo que humilla al hombre», dice. En el hincha romano, cuenta, hay «una dosis de escepticismo y de distancia que le evita parecer ridículo. En el propio equipo no exalta las glorias de la ciudad». Y de los recién emigrados a la capital italiana dice que son conmovedores por su provincialismo. «Su amor por la Roma arranca lágrimas», describe.

En otro texto, el afamado director italiano se debe plantar en el vestuario del Bolonia y le pregunta a un tal Furlanis sobre si tienen alguna directriz u obligación de frecuentar poco con cmujeres. Cosa que le confirma el futbolista. «¿Y no cree que esa represión tiene como objetivo daros una mayor agresividad en el campo?», le pregunta Pasolini. «Sí, sí, sin duda...», contesta Furlanis. En otro reflexiona sobre un comentario de «El mago» Helenio Herrera («El fútbol, y en general el deporte, sirve para distraer a los jóvenes de actitudes contestatarias. Sirve para tener tranquilos a los trabajadores. Sirve para no hacer la revolución. Como hace Franco en España con las corridas de toros»). Pasolini dice: «Herrera, sin darse cuenta, con atávica y ni siquiera antipática imprudencia, ha desenmascarado el fútbol y el deporte en general: su función reaccionaria, su sometimiento al poder». Y se indigna, pero no con Herrera, al que cree un inocente, sino con la ausencia de comentarios desde la izquierda sobre lo que él considera «una enormidad». «¿Acaso los periódicos de izquierdas tienen miedo de criticar a Herrera?, ¿tal vez porque los trabajadores van en masa a los estadios?... Como lo vivo desde dentro, puedo hablar sin la pureza de quien no conoce las cosas y no se ve implicado. Puedo permitirme por una vez escandalizarme».

Para Pasolini el fútbol es «el único gran rito que queda en nuestra época. Es un rito pero también es una evasión. El fútbol es el espectáculo que ha sustituido al teatro. El cine no ha podido, pero el fútbol sí», escribió para L'Europeo. Quizá todo esto sea porque el también novelista cree que en el fútbol «hay momentos exclusivamente poéticos: los momentos del gol. Cada gol es una invención. El pichichi de la liga es siempre el mejor poeta del año». Y es que hay pasión en los artículos, además de enjudia analítica; se nota que estaba muy implicado su corazón. No en vano: «Todas las tardes que pasé jugando al balón en los Prados de Caprara (jugaba seis y siete horas seguidas) fueron indudablemente las tardes más bellas de mi vida. Solo con pensarlo se me hace casi un nudo en la garganta». Ese «indudablemente», hablando de sus días más bellos, es de un rotundo excepcional.

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