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Así era el código de censura que controló Hollywood durante treinta años
«Tarzán» en 1934 (izqda), antes de la imposición del Código Hays y en una imagen de 1941

Así era el código de censura que controló Hollywood durante treinta años

El objetivo del Código Hays, vigente entre 1934 y 1967, era «no rebajar el nivel moral de los espectadores»

D�a 02/07/2015 - 17.46h

Si alguna vez te has preguntado por qué el cine americano clásico siempre tiene un final moralista y hay una división tajante entre bueno y malos, la respuesta, al menos en parte, está en el Código Hays. Este reglamento, que dominó Hollywood entre 1934 y 1967, tenía como objetivo «no rebajar el nivel moral de los espectadores», y de paso, suponía una medida proteccionista, ya que impedía la llegada de muchas películas europeas que no se adaptaban a estos principios.

El código Hays, que recibe su nombre de su impulsor, William H. Hays, imponía sus principios no solo en temas relacionados con el desnudo, el consumo de alcohol o la religión, sino también con los crímenes o los bailes.

Sobre la sexualidad, el código era tajante: «el adulterio y todo comportamiento sexual ilícito, a veces necesarios para la Intriga, no deben ser objeto de una demostración demasiado precisa, ni ser justificados o presentados bajo un aspecto atractivo». Esto ocurre en películas como «Perdición» o «El cartero llama dos veces» donde las relaciones adúlteras de sus protagonistas no quedan sin castigo. También el final de «Casablanca» es una concesión al código, con una Ingrid Bergman desconsolada tras su desencuentro cn Humphrey Bogart.

En este sentido, el código también desanima a que haya escenas de pasión en la trama «salvo que sean indispensables». «No sé mostrarán besos ni abrazos de una lascividad excesiva, de poses o gestos sugestivos. En general, el tema de la pasión debe ser abordado de manera que no despierte emociones viles o groseras seducción: la violación», explica. Por supuesto, esto incluye las «perversiones sexuales», en las que en aquel momento incluían la homosexualidad.

En el ámbito del vestuario, el código Hays prohibía el desnudo completo, «no admisible en ningún caso» e incluso las escenas de las mujeres quitándose las medias. Por ello, en «Con faldas y a lo loco» decidieron incluir más lentejuelas en el vestido de Marilyn Monroe en una de las escenas más sensuales de la película. De hecho, llama poderosamente la atención ver a Jane, interpretada por Maureen O'Sullivan, con un vestuario más atrevido en las películas de principios de los treinta, como «Tarzan y su compañera», que en las posteriores secuelas de los años 40, como «El tesoro de Tarzán».

Respecto a los hombres, el código explica que no pueden mostrarse quitándose los pantalones y que sus «órganos genitales no se deben delatar bajo un ropaje de bolsas o de pliegues sugestivos. Si un tema histórico exige un pantalón ajustado, la forma característica de los órganos genitales debe ser suprimida en la medida de lo posible».

Alcohol, religión y blasfemias

Aunque es habitual ver a los bohemios protagonistas de este tipo de películas bebiendo alcohol, el Código obligaba a no mostrarlo de manera excesiva. De hecho, «El hombre del brazo de oro» (1955), una película cuyo protagonista era drogadicto, renunció a conseguir el visto bueno de la censura.

La religión también debía ser tratada con respeto. «Los ministros del culto en sus funciones de ministros de culto no serán mostrados nunca bajo un aspecto cómico o crapuloso. Los sacerdotes, los pastores y las religiosas nunca se podrán mostrar capaces de un crimen o de un grupo impuro». Con ello, se prohibían blasfemias como «Dios, Señor, Jesús o Cristo empleadas con irreverencia, mierda, kilombo, jodido, virgen, puta, mariquita, cornudo, hijo de puta...».

Violencia

El Código también es muy tajante en cuestiones de asesinatos: «La técnica del asesinato deberá ser presentada de manera que no suscite imitación [...] La venganza, en nuestros días, no será justificada. Los métodos de los criminales no deberán ser presentados con precisión», entre otros. También advierte que hay que tratar con precaución la crueldad con animales y niños, el estrangulamiento, lo macabro, el tráfico de mujeres, las operaciones quirúrgicas y las heridas, donde se debe mostrar «un mínimo estricto de sangre, incluso en los films de guerra».

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