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«Los Minions», la traviesa e imparable avalancha amarilla
«Los Minions» es el estreno fuerte de este fin de semana

«Los Minions», la traviesa e imparable avalancha amarilla

La película cuenta la increíble historia de esta tribu desde el comienzo de los tiempos y sus enfrentamientos con personajes como Napoleón, Hitler o el Yeti

Día 03/07/2015 - 02.08h

Los Minions son un ejército de galipandias amarillas, entre emoticones y supositorios, e inquietos y joviales como una gota de azogue. Aparecieron como grupo de combate junto a Gru, su villano favorito, y arrapiezos y ladronzuelos le robaron la película y su secuela hasta convertirse en eso que se llama un «spin off», o sea en una salpicadura que salta de esa historia y que se convierte en el protagonista de su propia película. La salpicadura son los Minions, y su propia película tiene exactamente el mismo nombre. La esencia de estos Minions es realmente terrorífica: son servidores del Mal?, y en esta película se nos cuenta su increíble historia desde el comienzo de los tiempos y su incesante búsqueda de un gran villano al que servir? Pero al mismo tiempo se convierte en una precuela de lo vivido por ellos en las dos entregas de «Gru, mi villano favorito», pues el argumento de «Los Minions» va a chocarse frontalmente con el supervillano Gru cuando empezaba, de niño, a hacer sus canalladas.

Pierre Coffin y Chris Renaud eran los directores de «Gru?», y la dirección de este «spin off» sólo lleva un cincuenta por ciento de aquel dúo originario (Pierre Coffin) y tiene ahora como codirector a Kyle Balda, director de «Lorax» y de varios cortos sobre Los Minions. El arranque es sencillamente espectacular, pues se remonta a los orígenes de esta tribu aplatanada que ya buscaba villano al que servir en la Edad de Piedra y su notable y extravagante evolución a lo largo de la historia junto a los más grandes «malos», como el T. Rex, Napoleón, Hitler o el Yeti, tras su retiro a la Antártida. Todo es ingenio, alusión, divertimento, incluso cinefilia con sus constantes referencias al cine de aventuras, de atracos perfectos o de superhéroes.

Como película infantil que es, «Los Minions» se centra en una aventura muy, muy comprensible, especialmente cuando enfoca a lo que es el corazón de su argumento: la aparición y fascinación que ejerce sobre ellos la supervillana Scarlet Overkill, una granuja engreída y despiadada que pretende birlarle la Corona a la Reina de Inglaterra en plena era «Beat», con los Beatles cruzando el célebre paso de cebra de Abbey Road y con un compañero villano que es el perfecto cruce entre Iggy Pop y Mario Vaquerizo. Una película perfecta para enviarle guiños a los adultos, con esa primera parte histórica, simbólica y cinéfila, y también a los niños, con una segunda parte de agitada aventura y gamberrada en la que los Minions son el patio de un colegio en el que no son ni buenos ni malos, sino todo lo contrario.

El lenguaje de los Minions

Tan interesante como mojar pan resulta en esta película el texto, o más precisamente, el lenguaje de los Minions, una especie de gracioso esperanto que podría fascinar, por su poder etimológico, a Víctor García de la Concha? igual de ingenioso en su inglés original que en su traducción al castellano, y que hace perfectamente comprensible el trabajo descacharrante que han tenido que hacer sus famosas voces: Sandra Bullock, John Hamm, Michael Keaton, Steve Carell?, en inglés, y Alejandra Jiménez y Quim Gutiérrez en su doblaje al español. Y la caracterización de la Reina Isabel II, con la voz de Jennifer Saunders, tiene, con otra intención, gracia y caricatura, el empaque parecido a la que logró Helen Mirren en el film de Stephen Frears.

Pero, la pregunta sería: ¿hay algo más que un lógico ?spin off? en esta avalancha de Minions y le otorga algún sentido a lo ya visto en las dos entregas de ?Gru??? Y la respuesta es que sí, que hay un alarde de imaginación que le otorga el sello de precuela imprescindible, aunque sólo sea por esa fabulosa interpretación de los años sesenta, de la música, del aroma Richard Lester o comedia Ealing, por su sentido Warhol y porque todo ello no le afecta (o la voz no se afecta para contarlo) a su inevitable encanto y explosión jocosa para el público infantil, capaz de pintarse de amarillo para el resto del verano.

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