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La obsesión por las armas que inspiró películas como «Taxi Driver»

La obsesión por las armas que inspiró películas como «Taxi Driver»

La enfermiza educación a la que fueron sometidos los hermanos malditos, Paul y Leonard Schrader, marcó su carrera en el cine, y también la de grandes cineastas que dirigían sus guiones

D�a 17/09/2015 - 14.14h

Cuentan que, en ocasiones, la ficción supera a la realidad. Presumen menos, en cambio, cuando no dicen que la credibilidad de algunas ficciones se esfumaría si sus escenas no estuviesen inspiradas en hechos reales. La imaginación tiene sus límites. Las historias de amor, los biopics... muchas vidas han dado el salto a la gran pantalla porque conmueven, conectan con el espectador. Pero algunas películas no se contentan con emocionar a la platea, buscan conmocionar, perturbar, inquietar a un público que se siente a salvo por la distancia entre lo capturado por el proyector y sus butacas. Pero los 24 fotogramas por segundo de la gran pantalla ejercen una magnética atracción capaz de salvar cualquier barrera.

La vida de los hermanos Schrader era digna de la más escabrosa ficción. Dedicados al séptimo arte, sus extrañas aficiones terminaron siéndolo, a su vez, para millares de espectadores. No fue mérito propio, sin embargo, a pesar del talento que ambos atesoraban para el celuloide, sobre todo para los guiones. Leonard, el mayor, fue el artífice del libreto de «El beso de la mujer araña», por el que rozó la estatuilla dorada en 1982, pero solo William Hurt se llevó el Oscar a casa por su papel protagonista en el filme.

El menor de los hermanos, Paul, adaptó a la gran pantalla alguna de las historias que su hermano creaba. Lo hizo, por ejemplo, con el guión de «Yakuza» en 1974; tras las cámaras de este clásico del cine, Sydney Pollack. Sería esta colaboración la que le colocaría, a él y no a Leonard, en el epicentro del interés de la nueva generación de directores de Hollywood, esos cineastas que cambiarían, como ya hicieran sus predecesores, la forma de entender el séptimo arte, trasladando sus propias vivencias a las cintas que filmaban.

En 1976 escribiría el guión de «Fascinación» para Brian de Palma y, ese mismo año, comenzaría un productivo binomio con Martin Scorsese, en el que concebirían algunas joyas del siglo XX. Marty dirigió los guiones del menor de los Schrader en «Taxi driver» y «Toro salvaje», ambas protagonizadas por Robert de Niro, y también en «La última tentación de Cristo». Pero su fructífera relación terminaría a finales de la década de los noventa tras colaborar en «Al límite», que pondría punto y final también a su amistad.

Los hermanos malditos

Paul y Leonard, los hermanos malditos del séptimo arte, crecieron bajo el influjo de la estricta fe calvinista en la que los sometía su padre. Una educación que marcaría la obra de ambos y cuya tortuosa influencia describe Peter Biskind en el capítulo diez («Ciudadano Caín») de su libro «Moteros tranquilos, toros salvajes». Recoge para ello el testimonio de John Millius, guionista de «Apocalipsis Now» y también coetáneo de los Schrader, que cuenta a través de varias anécdotas la extraña y morbosa afición que los hermanos Paul y Leonard Schrader profesaban por las armas.

El origen de esta siniestra conducta provenía de ese asfixiante y férreo adoctrinamiento paterno, incrementado por la extraña colección de suicidios convertidos ya en una tradición familiar. Dos de sus primos por parte de padre acabaron con sus respectivas vidas de una forma macabra y frívola, pues el suicidio precedente dictaba la fecha en la que el otro habría de suicidarse, y el segundo de los hermanos, primos de los Schrader, terminó con su vida en el aniversario de la muerte del suicidio del primero.

Milius, también director de la serie de la HBO «Roma», cuenta sobre Paul Schrader, guionista de «Taxi Driver» o «Toro Salvaje», que estando ambos en una armería el dependiente le tendió a Schrader una pistola del calibre 38. «Paul vio a una chica junto a las raquetas de tenis apuntó el cañón a su cabeza y la siguió por toda la tienda apretando el gatillo unas cuantas veces». ¿Les suena de algo esa perturbadora escena? Si han visto «Taxi Driver» tiene su razón de ser que lo haga, pues fue emulada en la ficción por uno de los grandes cineastas. «Si alguna vez hubo un psicópata la que no había que venderle nunca un revólver, ese era Paul», dice Milius, «le conté esa historia a Scorsese y la puso en «Taxi Driver». La escena de Robert de Niro en el papel del trastornado taxista Travis Bickle ha pasado ya a los anales del séptimo arte como una de las más míticas.

Pero el hermano de Paul, Leonard, guionista de «El beso de la mujer araña», tampoco estaba exento de la maldición familiar. El libro de Peter Biskind recoge una reflexión del propio Schrader, que da buena cuenta del estado de perturbación en el que se hallaba. «Descubrí que si me metía el cañón en la boca, como si fuera un chupete, me quedaba dormido. Funcionó dos o tres semanas, hasta que de repente ya no me sirvió. Porque había estado chupando un arma descargada. Yo sabía que si cargaba la muy puta, esa noche iba a dormir».

Otra de De Niro

¿Se basó Michael Cimino en la tortuosa relación de los hermanos Schrader por las armas en su película «El cazador» (The Deer Hunter)? En la cinta, el personaje interpretado por John Cazale siente fascinación por el arma, va a todos lados acompañado de un revólver y, según recoge Biskind en su libro, Paul también lo hacía. De hecho, hasta dormía con el revólver sobre la mesilla de noche.

Leonard no se quedaba atrás. Su necesidad de dormir con un revólver cargado recuerda a las escenas de la ruleta rusa del filme de Cimino. No al tortuoso juego al que los vietnamitas conminan a llevar a cabo a Michael (De Niro) y Nick (Christopher Walken) sino al momento en el que este último se desvía del camino que toma el primero y, en vez de volver a casa, se adentra en lo morboso del juego, desafiando a la muerte. Si bien es cierto que Leonard Schrader no apretaba el gatillo, esa necesidad de saber que el arma estaba cargada para dormir, esa locura solo frenada al sentir la amenaza como real, es muy similar en la ficción y en la realidad de Schrader.

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