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La «trudetectivesca» y tenebrosa «Regresión» para un soleado día inaugural
Alejandro Amenábar, presentando «Regresión»en la inauguración del Festival de San Sebastián

La «trudetectivesca» y tenebrosa «Regresión» para un soleado día inaugural

Alejandro Amenábar abrió ayer la 63 edición del Festival que trae una buena remesa del cine español

D�a 19/09/2015 - 12.32h

Amenábar llegó a San Sebastián vestido de cualquier jueves y con la expresión feliz del niño que vuelve al cole con los deberes hechos. Su película, «Regresión», inauguraba esta edición del Festivalque ya había inaugurado horas antes un día amablemente soleado y el ambiente de hormiguero afanoso, con todo el obreraje transportando de aquí para allá el avituallamiento que tenía preparado el Kursaal para ellos. El primer día de un Festival como éste, tatuado por completo con la ciudad, produce siempre esa sensación fatigosa del gestioneo funcionarial, como de ir de ventanilla en ventanilla persiguiendo el sello. Pero el sello definitivo lo ponía «Regresión», una película que Amenábar se esfuerza en meter en la horma del zapato que más le gusta: una historia de intriga que busca su acomodo en los rincones del cerebro por el que nunca se pasa la aspiradora, un relato sucio sobre los trombos de la memoria, los complejos de culpa, la histeria colectiva, las conspiraciones contra los propios recuerdos y esas zonas jugosas para el cine de tembleque de las sectas maléficas, los abusos sexuales, la psiquiatría oscura y la investigación policial? Un director de tesis, como Amenábar, al encuentro aquí con la síntesis, otorgándole a todo ese fondillo propio de Serie B un clima y una mano estética a la altura de lo mejor que ha hecho, y sin perder de vista el enredo de la trama, que es un cuarteto de cuerda tensa: el detective Bruce Kenner entra en plancha en el caso de Angela, una joven que acusa a su padre (un hombre con cara de culpable de cualquier cosa) de abusos y de pertenecer a un clan diabólico, y para que no se escape ni una gota, el detective bucea en la investigación junto a un reconocido psicólogo, el doctor Raines. Antes de los grandes aciertos de esta película, muchos de ellos de carácter pictórico y atmosférico (se diría que Amenábar busca la abstracción en cuadros compuestos por la luz, el reflejo, el cristal y el rostro), está el de haber encontrado el tipo perfecto para cada personaje: el detective es Ethan Hawke, un actor en estado permanente como de haberse salido con el coche de la carretera; la joven es Emma Watson, rostro angelical que se ruborizaría al oír la palabra ?caca?; el padre es David Denzik, con una de esas caras que sólo encuadran bien las páginas de sucesos, y el psiquiatra es David Thewlis, gran actor pero con esa traza maléfica de quienes te echan unas gotas en el vaso sin que te des cuenta. Una plantilla perfecta para el desarrollo de la trama, tan engañosa que se le va tensando alrededor del cuello al protagonista detective, el cual, por lo negro, lo intenso, lo despiadado, desconfiado y enfermizo recuerda a otros ya célebres por el último cine y en especial las últimas series detectivescas.

Amenábar construye su historia sobre un hecho real ocurrido en Minnesota, en los años noventa, cuando tenían que pedir la vez las innumerables sectas diabólicas para hacer sus fechorías, pero lo que le interesa al director son los aspectos psicológicos: la potencia y perturbación de unos hechos capaces de influir y confundir la mente colectiva de un pueblo, hasta el punto de otorgarle a la fantasía los honores de memoria, recordar algo que no ocurrió. En fin, una película asfixiante y llena de cálculos y recovecos, y en contacto con diversos modos de la maldad. Pasado el trago y la inauguración, otro paisaje: hoy llega Raphael, en plan puede ser mi gran noche, con Álex de la Iglesia. Así es el Festival, un día tal y mañana cual: un es-cán-da-lo.

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