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«Amama», segunda temporada de «Loreak» en versión caserío
El director de la película, Asier Altuna

«Amama», segunda temporada de «Loreak» en versión caserío

La película vasca de Asier Altuna arrancó los mayores aplausos hasta ahora de la competición

Día 21/09/2015 - 19.25h

Todavía no es tradición, pero lo será en un par de años: la película vasca y en vasco de la competición por la Concha de Oro, «Amama», fue la gran protagonista del día. Una película diminuta pero empapada de emociones, como «Loreak», y que quiere hablar poéticamente de ese potaje de tradiciones de caserío que unen el alma vasca con el neolítico, tan sólo unas ochenta abuelas atrás. Amama es abuela, sí, el personaje que tradicionalmente adjudica a los recién nacidos su papel futuro mediante el color en un árbol recién plantado y que crecerá al ritmo de los descendientes. El director, Asier Altuna, describe el peso de la tradición en una familia con dos hijos y una hija, y cada uno su papel designado: el heredero del caserío, el vago y la rebelde (árboles de color rojo, blanco y negro)? Identidad pura, pues el caserío no se divide (un único heredero), que es más o menos lo que busca un Estado de sí mismo.

«Amama» es un confuso elogio de la tradición, con esos personajes rocosos, como el padre, que no ve más allá de su caserío, dueño y señor de su pasado, pero que ya no controla su futuro, pues el mundo penetra ahí, en el cercado familiar, pero también es al tiempo un evidente elogio al progreso, al vuelo y a las corrientes de aire que no huelan a neolítico. Altuna entiende a ese hombre que siembra puerros a miles pero también recoge la señal en internet; y entiende a sus hijos, que sueñan otras realidades y buscan otros horizontes. Queda confuso en sus elogios contradictorios, porque uno no sabe si la película te anima a mandar a los hijos a desasnarse en un curso de inglés a Brighton, o a seguir plantando árboles y pintando en ellos el futuro de la descendencia. Sea lo que sea que proponga «Amama», lo cierto es que lo hace mimando los perfiles de sus personajes (por cierto, los del padre y el hijo heredero, clavaditos a Jesulín) y la boscosa geografía exterior y la árida interior, donde las emociones parecen sinónimo de secretos.

El otro título de la competición era «Eva no duerme», coproducción entre Argentina, España y Francia dirigida por Pablo Agüero y que se centra en la figura (muerta) de Eva Perón, el llanto de un pueblo, la simbología de un legado embalsamado y cuya disputa es material político, revolucionario, contrarrevolucionario y conflicto ideológico durante décadas? Muy cargada de imagen y de lirismo metafórico, «Eva no duerme» se estanca como narración casi antes de arrancar, aunque permite el entretenimiento con el uso de diversos materiales de archivo y documental. Encaja mal en ellos la ficción, y es casi anecdótica la presencia de sus protagonistas, un Gael García Bernal que aún se estará preguntando cuál es su papel, un Denis Lavant que no es otra cosa que un cromo de la coproducción y un Imanol Arias de embalsamador en una secuencia desechada del «Doctor Mabuse»? Tanto le sobran a Agüero los actores que tiene ahí dentro a uno de los mejores del mundo, Miguel Ángel Solá, y lo mantiene al otro lado del teléfono sin darle la bolilla de una cámara. La competición necesita ya algo potente, excelente, una película que contrapese a la maravillosa «Truman» y le permita al jurado seguir la tradición de equivocarse y no premiarla.

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