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Ricardo Darín: «Hemos usado la muerte para hablar de la vida»
Ricardo Darín, en la presentación de «Truman»

Ricardo Darín: «Hemos usado la muerte para hablar de la vida»

El protagonista de «Truman» interpreta a un enfermo terminal que se reúne con su mejor amigo para, a modo de despedida, repasar pasado, presente y el escaso futuro

D�a 02/11/2015 - 08.45h

A Ricardo Darín nunca le han gustado las cosas fáciles. Debe ser herencia de sus tiempos de chico ?callejero? como suelen contar sus biografías. En «Truman», la película que se estrena hoy y que le valió la Concha de Plata San Sebastián como mejor actor junto a Javier Cámara, ha optado por una vuelta de tuerca en su ya excelsa carrera cinematográfica. Es la historia de un enfermo terminal que se reúne con su mejor amigo para, a modo de despedida, repasar pasado, presente y el escaso futuro. Lo terrible del asunto es que el padre de Darín murió de cáncer y a personas próximas al director, Cesc Gay, les pasó lo mismo.

El perro que da nombre a la película, Truman, en realidad se llamaba Troilo, y murió al poco de acabar la película. A Darín, conversador ameno, incansable y lleno de vida, se le llenan los ojos de lágrimas cuando lo recuerda, lo mismo que le pasó al leer el guión. Era un reto que un actor como él, reconocido de forma unánima como uno de los mejores del mundo, no podía rechazar.

-Es una película que se puede considerar como una lección sobre la vida y sobre la muerte.

-Exactamente. No es una película sobre la muerte. Películas sobre la muerte son esas en la que aparece un tipo con una metralleta y mata a 67 tíos. Esa sí, pero esto usa como excusa la muerte para hablar de la vida. Todo depende de cómo nos paremos ante ella. Habla de todo, de la familia, de las amistades, de las relaciones. Es lo que se ha propuesto Cesc. Algo le pasó y se lanzó a escribir sobre esa experiencia. Ha utilizado como motor central el tema de la muerte pero en realidad lo que quiso hacer fue desparramar temas. Se permitió el lujo de revisar muchas más cosas de la vida que de la muerte. Sobre la muerte en realidad solo se permitió la licencia de decidir y que no te vengan a decir lo que tienes que hacer porque hay que estar en los zapatos del fulano en sí.

-La película hace mucho hincapié en la amistad, en una clase de amistad que es optimista y al mismo tiempo esperanzadora porque uno no sabe si aún existen amistades así en unos tiempos tan materialistas como estos. Y si sigue existiendo, bienvenida sea.

-Creo que sí existe, lo que pasa es que sería pretencioso por nuestra parte intentar descubrirlas en relaciones efímeras u ocasionales. Creo profundamente que la amistad es uno de los sentimientos más complejos que hay porque no es como un familiar al que todos tenemos la obligación de querer. Es una elección, una corriente de afecto recíproco que se nutre de aciertos y desaciertos. Se asume como compleja pero se defiende a sí misma. Entiendo por dónde va la pregunta porque la dinámica de la vida cada vez lo pone peor, pero rescatemos la posibilidad de que exista. Yo por lo pronto lo siento con varias personas a las que no he traicionado, sin quitar que puedo haber cometido errores con ellas.

-La otra gran relación que está presente en la película es con su perro. ¿Ha sentido alguna vinculación tan fuerte con algún animal?

-Todo el tiempo, desde que nací. Soy profundamente perrero. Tengo cuatro perros en mi casa y no sé a cual de ellos quiero más. Hace mes y medio que me fui de casa y no veo la hora de volver. Cuando hablo con mi hija le pido que me haga skype para verlos porque necesito que me escuchen. Es que ¿hay alguien que se comporte de forma más incondicional cuando atraviesas la puerta de casa? Es alguien que no te pregunta absolutamente nada, solo mueve la cola y da saltos de alegría como si volvieras de la guerra. No hay nada más grande que eso. Todo lo demás está sujeto a negociaciones permanentes.Y sí, adoro a los animales, especialmente a los perros y a los caballos.

-En la película predominan también los silencios, las miradas, callar lo que ya se sabes. ¿Fue complejo el rodaje en ese sentido?

-Lo más complicado del rodaje, con lo que nos tuvimos que enfrentar, fue con la emoción porque permanentemente teníamos que discurrir por una cornisa en la que no podíamos irnos a lo hiperdramático ni tampoco buscar la comicidad barata. Sí permitir que si de una situación tensa salía una nota de humor dejar que fluyera porque forma parte de la vida. Lo difícil era enfrentarse a esas emociones y tener que controlar dichas emociones. En estos casos una pausa que dure un segundo más de lo aconsejable automáticamente te lleva a ser atrapado por el pantano de la emoción. Y eso no lo podíamos permitir.

-Dificil trabajar en esas condiciones.

-Mucho, porque incluso los chicos de técnica, que es raro que les pase, estaban tan enfrascados en ello que se veían atrapados porque había tanta tensión que el aire se cortaba con una tijera. Fue durísimo. Afortunadamente entre toma y toma, había dos payasos como nosotros con tres naranjas en la mano... Pero siempre creí que era para escapar de eso y encontrar un balance.

-Sobre la contención y el sentimentalismo, parece que en la película se da a entender que los hombres son más contenidos y las mujeres más expresivas.

-No sé. Esa es una opinión de Cesc que respeto. Puede que los hombres, dependiendo de algunas situaciones geográficas, sean más pudorosos pero... No lo tengo claro porque yo no me quedo con ganas de decirles a mis amigos varones lo que siento por ellos. A lo mejor soy demasiado femenino en mi componente cromosómico pero yo no haría esa diferencia entre hombre y mujer, pero sí entre gente dispuesta y gente no dispuesta. Lo que sí sería una buena idea es imaginar cómo sería esta propuesta interpretada por dos mujeres. Creo que irían por otro camino.

-Tal y como están las cosas, con tanto reconocimiento, con la cantidad de premios que está acaparando, ¿se ve en la cúspide de su carrera?

-Je (sonríe con un atisbo de modestia en el rostro). No, no, la verdad es que no. Cuando tienes la suerte que estoy teniendo yo de encarar trabajos y recibir aceptación, luego otro que no tiente tanto éxito, y después otra vez que sí... No sé, te das cuenta de que esta profesión funciona en esos parámetros. La sensación que tengo es que todavía estoy de ida. No me siento recostado sobre ninguna situación privilegiada. Sé que en la medida en que vas acumulando situaciones agradables también vas poniendo el listón en un punto desde el que vas a ser juzgado. Me ha pasado: en alguna película en la que yo pensé que estaba muy bien por alguna razón de que los planetas se alinearon alguien dijo, bueno Darín, como siempre bien. Por eso soy cuidadoso porque sé que esto es un examen permanente todos los días. Los trabajos de exposición pública, usted lo sabe bien, son ríspidos, cruentos, y está bien que sea así porque es un trabajo privilegiado.

-Yo voy a discrepar.

-Ah bien, eso me reconforta (dice entre risas)

-No, le digo que igual no es consciente de lo que provoca entre la gente. No se le puede juzgar. Usted es Darín. No le digo que esté por encima del bien o del mal, pero casi.

-No, a ver, claro que lo sé. Hablo con la gente, soy un tipo de a pie, paseo y lo veo, me detengo, me paro y charlo. Tendría que estar momificado para no sentir el cariño y el aprecio de la gente. Lo que digo es que no me siento instalado en un lugar de infalibilidad. Leo, «Darín un éxito de taquilla». Es que no es así. Yo he hecho cosas que no ha ido a ver nadie, pero nadie. No ha ido ni mi madre. Cuando oigo esa clase de cosas pienso que me podría subir a esa moto y hacerme el Brad Pitt, pero no me sale y, además, no tengo tantos niños.

-Pues con esta película la ha fastidiado pero bien. A usted que no le gustan los Oscar ni las celebraciones ni que le premien en exceso, ahora se va a ver de gala en gala recibiendo galardones a todas horas...

-No lo creo, no lo creo (se ríe con ganas). Esas cosas nunca se saben. Yo sé que los premios son amables en muchos de los casos. Pero lo más importante para nosotros, la mayor recompensa, es cuando un trabajo acaba siendo expuesto para su destinatario final, que es la audiencia, porque ahí es donde se completa el circuito. Como nos está pasando en Argentina. Hace años, pero muchos años, que allí no pasaba lo que está pasando con «Truman». Lo que nos devuelven es de una amabilidad y de una calidez tremenda, incluso en casos extremos de gente que se ve sumergida en casos como el de mi personaje. Y que han tomado la película como un bálsamo.

-La gente más que los premios.

-Exacto. Los premios, las críticas, el reconocimiento están muy bien, pero la puntada final la da la gente. Y ese es un placer enorme.

-¿En Argentina lo están petando?

-Totalmente. Además, ahora tenemos una ventaja. Antes dependíamos de los medios de comunicación, pero ahora con las redes sociales la gente, cuando se ve emocionada con algo, corre a volcar sus apreciaciones y enseguida corren la voz. Las historias así movilizan y eso te hace enorgullecerte mucho más que los premios, que son todo ego ego y más ego.

-¿Que aprendió Darín de este personaje?

-Este es un libro que cuando lo leí me conmocionó. Luego, nos pusimos a hablar y lo discutimos miles de veces durante veinte días encerrados, tratando de sacarle punta y brillo a todo lo que queríamos. Aprendí mucho de esta historia porque uno cree que sabe tratar a la gente querida pero no es tan fácil. De aquí sale uno reconfortado y siento que soy mejor persona después de haber realizado este proyecto.

-No sé hasta qué punto Cesc, con una historia tan suya, tan personal, les ha dado margen de maniobra a los actores.

- Es que mire (duda durante unos segundos)... El cine es de los directores. Los actores somos elementos que entran en danza con mayor o menor suerte dependiendo de muchas cosas, pero el cine es del director porque es él que va a acabar decidiendo el final a la hora de montaje, como va a ser el encuadre, el color, el ritmo, la vibración. Va a decidir la duración de un plano, para saber si está medido, correcto, o si se sobreactua o se es soso. Y a lo mejor la diferencia es de medio segundo. Si el director puede reescribir es bueno. Hay escenas que no están y Cesc fue valiente al sacarlas porque dejarlas podría haber sobrecargado las tintas o abonar mucho un perfil más humorístico. Ha conseguido un transitar armonioso que no atropella al espectador. Él ha tenido que ver con todo, escribió, eligió a los actores con su química. Ha tenido tantos aciertos que lo primero que yo sentí cuando nos galardonaron fue que no le premiaran como director. Me extrañó, la verdad.

-¿Y el teatro cómo le va? Parece que muy bien parece porque no hay manera de conseguir entradas para ir a verle.

-Fenomenal, va muy bien. Ese teatro con ese triple escenario funcionando al mismo tiempo es algo maravilloso. Nunca me había pasado. Nos congraciamos con el resto de los elencos. Nos cruzamos en los pasillos y, afortunadamente, la mayoría son mujeres... La gente lo disfruta y para nosotros es algo muy soñado porque el teatro es siempre muy incierto.

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