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«Sicario», la puerta del Infierno

«Sicario», la puerta del Infierno

Benicio del Toro se adentra de nuevo en los carteles de la droga, donde la ingenuidad se enfrenta a la dura verdad

D�a 13/11/2015 - 19.44h

Desde que Denis Villeneuve, director canadiense de amplio prestigio, puso sus pies en Hollywood, todo su camino ha empezado a oler a azufre del infierno. Lo fue en «Prisioneros», en «Enemy» y ahora ha entrado en llamas con «Sicario», donde ha reflejado un escenario muy pisado por el cine norteamericano: la frontera con México, donde los cárteles de la droga han impuesto su imperio y donde la vida no vale ni medio centavo. De Villeneuve se sabe que no importa tanto la historia sino cómo la cuenta. Así que el canadiense y su equipo no dudaron en adentrarse en Juárez, que es el corazón de la trama, la cinematográfica y la real.

La tasa de asesinatos en Juárez ha bajado desde 2012, pero sigue siendo una de las ciudades más peligrosas del mundo. A Villeneuve y su equipo nadie les ayudó, intentaron conseguir permisos y ni una sola agencia norteamericana se los concedió. Incluso algunos aseguraron que un Mustang les estuvo siguiendo las seis horas que estuvieron allí. No fue mucho tiempo, pero les ayudó a comprender cómo es aquello. Lo que más sorprendió a Villeneuve es que la vida seguía su rutina: los chicos jugaban, iban a la escuela, la gente paseaba por la calle, pero en esas seis horas había algo en el ambiente que olía a miedo y oscuridad.

De hecho, el productor Edward McDonnell preguntó a los federales cuál era la zona buena de la ciudad. Le respondieron: «La zona buena de la ciudad es donde no estén matando a nadie, y la zona mala donde estén matando a alguien». Evidentemente, no pudieron rodar en Juárez ni tampoco en el famoso Puente de las Américas, así que el director se creó uno y lo envejeció con manchas de aceite. El rodaje se realizó en Albuquerque, El Paso y Veracruz. Otra premisa fundamental fue contar con Benicio del Toro porque, según los productores, «es de esos actores que dicen ?dame pocas líneas. Quiero interpretar eso con la mirada, con mi forma de asentir con la cabeza o simplemente apartando la mirada?».

Benicio, al habla

Benicio, de cuyo papel se está gestando una secuela solo para su personaje (Alejandro, el fiscal convertido en sicario), señala que ha hecho otra película sobre drogas porque «lo único que puedo contestar es que me las ofrecen. Supongo que soy un actor que vive de la actualidad. Estas historias se leen a diario en los periódicos. Trato de no repetirme, aunque invariablemente interpreto personajes que viven en ese mundo. Al menos esta película tiene un ángulo distinto. Es un gran papel dentro de una película dirigida por un gran director, con quien estaba deseando trabajar». Respecto a cómo enfocó a Alejandro, Benicio afirma: «Cuando creas un personaje lo haces desde cero. Es excitante dar forma a tu papel durante el rodaje, conversar con el director y eliminar todo aquello que no funciona. Villeneuve es un artista capaz de escuchar la visión de los actores con quienes trabaja».

La otra protagonista, Emily Blunt, analizó «Sicario», señalando que «me tocó el corazón porque siento que es una historia fuerte y emotiva sobre la guerra de las drogas, una guerra que está ocurriendo en realidad. Lo que más llamó mi atención, y por lo que respeto tanto la humildad de Denis, es que cuando le decías algo te contestaba, ?no lo sé, déjame pensarlo y mañana te contesto?. Esa franqueza está presente en todas sus películas, permite que construyas un espacio para ti misma».

La frontera mexicana es un tema recurrido en Hollywood y, mirando el pasado, vemos que Del Toro ha estado en un buen número de películas que tratan el tema. No hay más que recordar «Traffic», quizás una de las más célebres. La película ganó cuatro Oscar. También se trató el tema en «No es país para viejos». Al igual que «Traffic», la película ganó cuatro Oscar. También es de destacar «Los tres entierros de Melquiades Estrada». De menos calado, pero interesantes son «Salvajes» (también con Benicio), «The Bridge», «Quiero la cabeza de Alfredo García» y la fallida «El Consejero», una de esas paranoias que le suelen dar a Ridley Scott.

«Traffic» y «Sicario» parecen las más logradas. Sobre todo esta última refleja con crudeza la lucha entre la legalidad y la realidad, tan alejadas ambas como el cielo del infierno o la ingenuidad de la dura experiencia que da el continuo olor a pólvora.

Desde que Denis Villeneuve, director canadiense de amplio prestigio, puso sus pies en Hollywood, todo su camino ha empezado a oler a azufre del infierno. Lo fue en «Prisioneros», en «Enemy» y ahora ha entrado en llamas con «Sicario», donde ha reflejado un escenario muy pisado por el cine norteamericano: la frontera con México, donde los cárteles de la droga han impuesto su imperio y donde la vida no vale ni medio centavo. De Villeneuve se sabe que no importa tanto la historia sino cómo la cuenta. Así que el canadiense y su equipo no dudaron en adentrarse en Juárez, que es el corazón de la trama, la cinematográfica y la real.

La tasa de asesinatos en Juárez ha bajado desde 2012, pero sigue siendo una de las ciudades más peligrosas del mundo. A Villeneuve y su equipo nadie les ayudó, intentaron conseguir permisos y ni una sola agencia norteamericana se los concedió. Incluso algunos aseguraron que un Mustang les estuvo siguiendo las seis horas que estuvieron allí. No fue mucho tiempo, pero les ayudó a comprender cómo es aquello. Lo que más sorprendió a Villeneuve es que la vida seguía su rutina: los chicos jugaban, iban a la escuela, la gente paseaba por la calle, pero en esas seis horas había algo en el ambiente que olía a miedo y oscuridad.

De hecho, el productor Edward McDonnell preguntó a los federales cuál era la zona buena de la ciudad. Le respondieron: «La zona buena de la ciudad es donde no estén matando a nadie, y la zona mala donde estén matando a alguien». Evidentemente, no pudieron rodar en Juárez ni tampoco en el famoso Puente de las Américas, así que el director se creó uno y lo envejeció con manchas de aceite. El rodaje se realizó en Albuquerque, El Paso y Veracruz. Otra premisa fundamental fue contar con Benicio del Toro porque, según los productores, «es de esos actores que dicen ?dame pocas líneas. Quiero interpretar eso con la mirada, con mi forma de asentir con la cabeza o simplemente apartando la mirada?».

Benicio, al habla

Benicio, de cuyo papel se está gestando una secuela solo para su personaje (Alejandro, el fiscal convertido en sicario), señala que ha hecho otra película sobre drogas porque «lo único que puedo contestar es que me las ofrecen. Supongo que soy un actor que vive de la actualidad. Estas historias se leen a diario en los periódicos. Trato de no repetirme, aunque invariablemente interpreto personajes que viven en ese mundo. Al menos esta película tiene un ángulo distinto. Es un gran papel dentro de una película dirigida por un gran director, con quien estaba deseando trabajar». Respecto a cómo enfocó a Alejandro, Benicio afirma: «Cuando creas un personaje lo haces desde cero. Es excitante dar forma a tu papel durante el rodaje, conversar con el director y eliminar todo aquello que no funciona. Villeneuve es un artista capaz de escuchar la visión de los actores con quienes trabaja».

La otra protagonista, Emily Blunt, analizó «Sicario», señalando que «me tocó el corazón porque siento que es una historia fuerte y emotiva sobre la guerra de las drogas, una guerra que está ocurriendo en realidad. Lo que más llamó mi atención, y por lo que respeto tanto la humildad de Denis, es que cuando le decías algo te contestaba, ?no lo sé, déjame pensarlo y mañana te contesto?. Esa franqueza está presente en todas sus películas, permite que construyas un espacio para ti misma».

La frontera mexicana es un tema recurrido en Hollywood y, mirando el pasado, vemos que Del Toro ha estado en un buen número de películas que tratan el tema. No hay más que recordar «Traffic», quizás una de las más célebres. La película ganó cuatro Oscar. También se trató el tema en «No es país para viejos». Al igual que «Traffic», la película ganó cuatro Oscar. También es de destacar «Los tres entierros de Melquiades Estrada». De menos calado, pero interesantes son «Salvajes» (también con Benicio), «The Bridge», «Quiero la cabeza de Alfredo García» y la fallida «El Consejero», una de esas paranoias que le suelen dar a Ridley Scott.

«Traffic» y «Sicario» parecen las más logradas. Sobre todo esta última refleja con crudeza la lucha entre la legalidad y la realidad, tan alejadas ambas como el cielo del infierno o la ingenuidad de la dura experiencia que da el continuo olor a pólvora.

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