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La sospecha que sobrevuela sobre la facilidad para «comprar» un Globo de Oro

La sospecha que sobrevuela sobre la facilidad para «comprar» un Globo de Oro

En 1982 la mujer de un multimillonario israelí, que había sido «premiada» como peor actriz, fue reconocida con un Globo por el mismo papel. Varios votantes habían disfrutado de Las Vegas a cargo de su marido

Día 10/05/2016 - 01.40h

«Los Globos de Oro son como los Oscar, pero sin todo ese prestigio. Los Globos de Oro son a los Oscar lo que Kim Kardashian a Kate Middleton. Un poco más ruidosos, un poco más cutres, un poco más borrachos y un poco más fáciles de comprar». La irreverente cita es, cómo no, de Ricky Gervais, y la hizo frente al auditorio en una edición anterior a la presente de los Globos de Oro.

Un chiste que, como repite de vez en cuando sobre algunas de sus bromas, «es gracioso, porque es verdad». La compra de Globos de Oro, ya sea directísima o a través de agasajos es algo que en Hollywood se da por hecho con cierta naturalidad.

En una columna publicada recientemente en Variety por Peter Debruge, jefe de cine internacional en la publicación, hay un párrafo muy explícito que dice: «la Prensa Extranjera de Hollywood son un grupo de aproximadamente 90 'canapeistas' profesionales cuyos votos se puede (y se han) comprado con cenas, recuerdos y cartas de agradecimiento autografiados».

Afirmaciones como estas sobrevuelan la industria y salpican continuamente el prestigio de los Globos de Oro, lo que no evita que, efectivamente, los premios se hayan convertido en una forma de presión indirecta sobre la Academia y su ceremonia de los Oscar (estos sí, conocidamente insobornables).

Hay un famoso capítulo de estos premios que ha hecho que sea muy difícil que se quiten la etiqueta de «en venta». Sucedió en 1982. Pia Zadora, una actriz cuyo papel en «Butterfly» fue universalmente denostado por la crítica (hasta el punto de que fue «premiada» con un «Golden Raspberry Award» como peor actriz, se llevó un Globo de Oro por idéntico papel y película.

Tal fue el escándalo, que acabó trascendiendo que el marido de Zadora, el multimillonario israelí Meshulam Riklis, se había llevado de viaje a un buen puñado de miembros de la Asociación. Unos días en Las Vegas en los que habían podido asistir a fiestas, jugar unos dólares con dinero ajeno y disfrutar de hoteles a la altura del acontecimiento.

Aunque siempre se ha negado que tal regalo influyese en la elección de su esposa, lo cierto es que los premios han tenido siempre esa imagen de «comprables», ya sea, como decía el periodista de Variety, con invitaciones a cenas y fiestas exclusivas, ya sea a través de cosas más simples como una carta autografiada del premiable dirigida en el momento y al votante justo.

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