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Alan Rickman, el poder del teatro en la gran pantalla
Alan Rickman, con sus jóvenes compañeros de reparto en «Harry Potter y el prisionero de Azkaban»

Alan Rickman, el poder del teatro en la gran pantalla

Su personaje en «Harry Potter» le dio la fama, pero fue un actor todoterreno, que la Academia de Holywood nunca supo apreciar

Día 14/01/2016 - 19.43h

Alan Rickman podía ser un actor invisible, tan escondido y entregado a sus personajes que solo el espectador avisado detectaba que, bajo la piel de aquellos series de ficción, había alguien real, un intérprete, quizá con menos ganas de hacerse notar que de ejecutar su trabajo a la perfección. Por desgracia, los académicos de Hollywood no tuvieron mayor agudeza visual y ni siquiera llegó a estar nominado en los Oscar con cerca de medio centenar de películas.

Como tantos monstruos británicos de la interpretación, aquella fuerza provenía del teatro o, como mínimo, se había forjado sobre las tablas en multitud de ensayos y representaciones. En el caso de Rickman, que se formó en la Real Academia de Arte Dramático de Londres, el reglamento interno de la institución obligaba a sus licenciados, una vez dado el salto a la interpretación profesional (él lo hizo en 1975), a hacer solo teatro de repertorio los dos primeros años.

No es casualidad que incluso cuando trabajó en televisión su primer papel fuera en «Romeo y Julieta», bajo la alargada sombra de Shakespeare. En los ochenta siguió haciendo teatro sin descanso, aunque empezó a convertirse en un rostro conocido en los hogares británicos gracias a sus papeles en la pequeña pantalla. Un telefilme, «Rasputín», le otorgó su primer reconocimiento internacional, en 1996, con un Globo de Oro y un Emmy. Antes ya había llamado la atención del gran público, sin embargo, en «La jungla de cristal» y en «Robin Hood, príncipe de los ladrones». No eran los mejores papeles posibles, pero con dos éxitos de taquilla tan grandes era imposible que su calidad permaneciera oculta bajo la gruesa membrana de impersonalidad en la que suele ir envuelto un blockbuster.

Sin conseguir casi nunca los papeles que merecía, al menos siguió destacando en títulos como «Ciudadano Bob Roberts» (no por casualidad dirigida por otro actor, Tim Robbins), «Sentido y sensibildad», «Michael Collins» y «Dogma», entre otros. Ya en el siglo XXI, se aferró a un personaje que le iba como anillo al dedo, el de Severus Snape en la serie de películas sobre Harry Potter, elegido por la propia autora de las novelas, J. K. Rowling. Entre uno y otro título, que lo convirtió en un actor popular entre el público más joven, tuvo tiempo de rodar ««Love actually», «El perfume, historia de un asesino» y «El mayordomo».

Él mismo dirigió dos películas, ambas notables: «El invitado de invierno», con Phyllida Law y Emma Thompson, y «A little chaos» (no estrenada en España), que protagonizó junto con Kate Winslet y Stanley Tucci. En la primera solo hacía un cameo, sin acreditar.

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