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Esplendor y caída de los ladrones de guante blanco

Esplendor y caída de los ladrones de guante blanco

Nominada para cinco Oscar (película, director, actor de reparto, guión adaptado y montaje), «La gran apuesta» está siendo una de las sensaciones del año

Día 23/01/2016 - 02.43h

Nominada para cinco Oscar (película, director, actor de reparto, guión adaptado y montaje), «La gran apuesta» está siendo una de las sensaciones del año. Lo es principalmete porque toca uno de los grandes problemas de los últimos años: la mayor estafa jamás vista efectuada por brokers, banqueros y demás tiburones de diente blanco. En realidad, narra el inicio de la crisis económica y cómo unos visionarios de las finanzas lo vieron venir y se aprovecharon de ello.

La trama es contar lo que pasó y, sobre todo, cómo pasó (el mayor problema del filme es bajar los términos financieros a la calle, o para traspasarlo al terreno español, cómo decirle a los abuelitos la forma en que le robaron con las preferentes). La tentación de hacer la película le llegó al director Adam McKay (hasta ahora un cineasta de comedias facilonas -«Hermanos por pelotas» o «El reportero»- cuando hace cinco años leyó el libro de Michael Lewis: «Recuerdo que empecé a leerlo sobre las diez y media de lanoche. Pensé leo 40 páginas y lo dejo, pero no podía dejarlo. Acabé leyendómelo entero y lo terminé a las seis de la mañana. Le comenté a mi mujer que me encantaría hacerlo y me dijo que lo hiciera pero le respondí que era el director que hizo ?Hermanos por pelotas?, y que nadie querrá dármelo».

Una serie de coincidencias de alto nivel (Paramount se había asociado con Plan B, la productora de Brad Pitt), le facilitó el camino y así empezó el proyecto, que acabó siendo gigantesco porque comenzaron a apuntarse los grandes actores de Hollywood. En la travesía a lo largo del guión, los creadores de la gran apuesta se fueron dando cuenta de la magnitud de lo que estaban contando. El autor del libro que encandiló a McKay es Michael Lewis, quien no daba crédito a lo sucedido: «Los bancos como Goldman Sachs estaban llenos de los tipos más listos, inteligentes e instruidos de Harvard, Yale y Princenton. ¿Cómo pudieron pifiarla de esa manera?». La respuesta estaba clara: se hicieron adictos al dinero sin importarles nada más. Cuanto más tenían más querían. Lewis decidió que les interesaba más los que estaban en el otro lado de la moneda: «Mientras los chicos estúpidos seguian en la vorágine de autodestrucción me fijé en algunos tipos excéntricos de la periferia, unos inadaptados que se habían dado cuenta de lo corrupto que estaba todo y de que la farsa iba a reventar, por lo que decidieron ir contra los bancos y hundirlos».

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