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Este domingo con ABC, «Armas de mujer»: dos mujeres y un destino

Este domingo con ABC, «Armas de mujer»: dos mujeres y un destino

Por solo 1,99 euros, este periódico ofrece a sus lectores el mejor cine de los 80, en este caso una historia de chica mala, chica buena

Día 23/01/2016 - 02.43h

El destino era Harrison Ford o un despacho con grandes ventanales mirando a Manhattan, o quizás ambas cosas. Hacia esos dos caramelos enfocaban su mirada una tímida pero ambiciosa secretaria (Melanie Griffith) y su odiosa y manipuladora jefa (Sigourney Weaber).

La historia está tratada en clave de fábula de cenicienta que busca el triunfo y su príncipe azul (el omnipresente Indie) cuando en aquellos tiempos se consideraba que el olimpo de los dioses era ser un ejecutivo poderoso y respetado (todo lo contrario que ahora, que salir a la calle con corbata y camisa empieza a ser peligroso).

Nichols, un director que siempre se ha movido con facilidad y mucha habilidad en el mundo de la comedia, echó algo de salsa en la trama cuando se empieza a ver que la mosquita muerta de Melanie no lo es tanto, está muy viva y a la chita callando va comiendo trozos del pastel a su rival, que cada vez se muestra más opresora y cruel en sus actuaciones.

Probablemente fue ese giro de chica avispada lo que hizo que los críticos aceptasen de muy buen grado una película que en condiciones normales habría sido una comedia normal. Muchos la consideraron, divertida, emocionante, optimista y casi mágicas. Además, el éxito de público fue tremendo. Costó 28 millones de dólares y recaudó 103 y afianzó la popularidad de sus protagonistas.

El filme tuvo además la participación de un Harrison Ford en plena efervescencia, adorado por las mujeres y en un papel que el actor necesitaba para realizar otros registros diferentes.

Por otra parte, el director supo encauzar la trama hacia el recurrente chica buena chica mala, ambas en busca de un objetivo común que, además esta vez era doble. Con algunos giros en el guión y un toque de emoción final a Nichols le quedó una comedia ligera pero de gran efervescencia.

La película tuvo varias anécdotas curiosas. Por ejemplo, Melanie impuso la moda de ir en zapatillas al trabajo para cambiarse de calzado poco antes de llegar a él. En una escena a Weawer le regalan un gorila de peluche cuando la última película que había rodado fue precisamente «Gorilas en la niebla».

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