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Sylvester Stallone: «Un día habrá que despedirse de Rocky Balboa»

Sylvester Stallone: «Un día habrá que despedirse de Rocky Balboa»

«Yo ya vivo en el pasado, porque es donde adquirí mi conocimiento», dice Stallone a ABC, dando paso a las nuevas generaciones para que Rocky siga vivo

Día 29/01/2016 - 13.17h

«Nosotros, los seres humanos, no nos quedamos permanentemente. Es un ciclo. Incluso los grandes héroes de la humanidad nos dejan. Un día habrá que despedirse de Rocky Balboa». Con esa filosofía, consciente del peso social adquirido por el personaje que él creo, se presentó Sylvester Stallone a la entrevista celebrada en el gimnasio de Filadelfia Front Street. Fue precisamente aquí, en este gimnasio, donde Michael B Jordan se preparó para interpretar a Adonis, el hijo de Apollo Creed, y donde se grabaron muchas de las escenas de «Creed». La nueva entrega de Rocky, la séptima de la saga, comienza con un llanto por la justicia, por una sociedad que necesita rescatar al joven Adonis del aislamiento, la pobreza y la brutalidad del sistema para los niños huérfanos. «Creed» es un filme sobre un joven peculiar que se beneficia de un pasado peculiar y camina hacia un futuro peculiar. [Este domingo con ABC, consigue «Rocky», la vida de Stallone golpe a golpe]

El comienzo de Creed evoca el oscuro destino de los adolescentes condenados por negligencia burocrática, por el racismo ordinario que palpita en América, encarcelados sin motivo, forzados a aguantar su situación. Coogler expresa su poder artístico en esas primeras secuencias que marcan el pasado del protagonista. «Yo he servido como asistente cinco años en una cárcel juvenil de San Francisco, donde mi padre trabajó como consejero de estos niños. Lo que ves en Adonis al principio es algo que ves en muchos de ellos. Es una parte esencial de la película» confesó el realizador. Fue precisamente esa persecución por la individualidad lo que atrajo a actor Michael B Jordan. «Adonis quiere entenderse pero su búsqueda es mitológica, porque su padre no es otro que Apollo Creed. Él quiere averiguar su lugar en el mundo a través de su progenitor. Muchos de nosotros nos enfrentamos a nuestra existencia mirándonos en el espejo de nuestros padres» admite el actor.

Es en ese momento, cuando la figura paterna aparece en escena, cuando volvemos a ver a Sylvester Stallone convertido, por séptima ocasión en su vida, en Rocky Balboa. «Estaba pensándolo el otro día, todo lo que tengo está unido directamente con el génesis de Rocky. Pero lo que es alucinante de este personaje es que sus historias que han quedado a nuestro alrededor sin ningún tipo de efectos especiales, sin carreras de coches, sin explosiones, que es lo que yo suelo hacer, en serio, sin balas, sin tacos y sin sexo. Nada. Por eso creo que es un fenómeno que esta generación, que no estaba viva cuando salió la tercera entrega, sea capaz de abrazar la saga y elevarla a otro nivel. Me siento muy orgulloso y sorprendido de que estemos aquí en la séptima entrega y que se llame Creed. Es un nuevo comienzo para Rocky y para otra nueva serie. Esto puede continuar. Lo que estos chicos pueden hacer, que yo no puedo, es conectar con su generación. Yo ya vivo en el pasado, porque es donde adquirí mi conocimiento, pero ellos están viviéndolo ahora mismo. Sus historias son reales, tienen presente, frente a lo retro que yo pueda ofrecer» confiesa entre emocionado y divertido Stallone dentro de su traje de chaqueta negro. Cuarenta años de legado, que le han supuesto un Globo de Oro y una segunda nominación al Oscar por un personaje que le dio una carrera y no le permitió romper con el estereotipo de tipo duro. «Yo cometí un grave error, pensé que la gente me iba a dejar crear otros personajes y no lo hicieron. Rocky siempre estará conmigo, mientras yo viva. He hecho las paces con el público y su idea de encasillarme».

Lucha fuera del ring

La transformación de Stallone en este filme es increíble, y necesaria, porque en esta ocasión la pelea se desarrolla fuera del ring. «Cuando te sientas en la silla de maquillaje y una hora después te ves convertido en una persona que ha perdido la salud, te asustas. Desde luego me identifico con ese momento porque, aunque es maquillaje, fui consciente que mucha gente atraviesa la enfermedad de Rocky. Tenía una responsabilidad muy grande y me lo tomé tan en serio que me ayudó con la interpretación. Un destino tan desdichado, tan doloroso, pone la vida en perspectiva. Me di cuenta que el reloj corre deprisa en mi contra y que cualquier día la moneda puede caer del otro lado. Me abrió los ojos frente a la mortalidad y después de esta entrevista creo que voy a ir a suicidarme» bromeó el actor.

Stallone asegura que a sus 69 años nunca ha perdido contacto con el adorado personaje que creó en Nueva York cuando era un actor arruinado y sin futuro. «Hay momentos, cuando me encuentro solo, escribiendo a las tres o las cuatro de la madrugada, en los que sigo manteniendo conversaciones con Rocky. En esos instantes se me ocurren las ideas más interesantes, porque hay un diálogo interno y creo que he capturado en este filme esa relación que mantengo con el personaje». Para Stallone no hay oponente más duro que enfrentarse a uno mismo y las decisiones que ha tomado. «Por las mañanas hay que mirarse en el espejo y reconocer en ese rostro a un duro contrincante».

No hay alivio para el boxeador que se expone en el ring, cada golpe es un castigo, el tiempo se hace eterno sobre la lona, especialmente si los puñetazos se reciben sobre heridas abiertas. «La vida es volátil. Cuando crees que lo tienes todo, de un día a otro se te escapa. Eso es lo que hace a Rocky intemporal. Es un hombre imperfecto, tratando de cambiar, intentando una perfección imposible, pero su actitud, su determinación por no acabar derrotado, lo convierte en un personaje real, humano, porque solo el tiempo es invencible».

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