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Mark Ruffalo: «No entiendo cómo esta depravación ocurre en mi país»

Mark Ruffalo: «No entiendo cómo esta depravación ocurre en mi país»

El actor, nominado al Oscar, es uno de los protagonistas de «Spotlight», la película que denuncia a los curas pederastas

Día 30/01/2016 - 06.10h

El titulo de la película, «Spotlight», da nombre también a la sección de investigación del periódico «Boston Globe», que destapó uno de los más sórdidos capítulos de la Iglesia católica. La cinta filtra los aspectos personales del trabajo periodístico, mostrando los personajes sin considerar su personalidad.

La actitud política del filme se define en una de sus frases memorables, de boca del abogado Mitch Garabedian, interpretado por Stanley Tucci, que representa a las víctimas de los sacerdotes pedófilos. «Si es el pueblo quien educa a un niño, entonces es el pueblo quien abusa de él». La conducta privada y los pensamientos de cada individuo son de interés social en una cinta que muestra la actitud ambigua hacia la verdad, que es más importante que la búsqueda de la verdad.

«Descubrí que no importaba cuántas veces leyera el guión durante los ensayos, cada vez que me metía en la piel del personaje me golpeaban las palabras, la realidad de esta investigación. Yo conocía la historia y, aunque suene extraño, me siento bendecido por poder contarla en el cine. Como artistas nos han dado la oportunidad de revelar algo de una manera que puede abrir los ojos, que puede ayudar a mucha gente a cambiar sus vidas. Rodar este filme ha sido realmente satisfactorio para mí», confesó Michael Keaton, que en «Spotlight» interpreta a Walter «Robby» Robinson, editor de la sección. La cinta narra cómo los periodistas van levantando, piedra a piedra, el sistemático encubrimiento de abusos sexuales dentro de la Iglesia católica de Boston y cómo las instituciones se protegen unas a otras, ignorando el problema. «Cuando estaba leyendo el caso del padre John Geogham me sorprendí al ver que, después de treinta años de abusos, su ultimo empleo fuera a cargo de los monaguillos. Me pareció depravado. No podía entender como ocurría algo así en mi país y fue entonces cuando me dije que esta era una historia que debía contar», explica apasionadamente Mark Ruffalo.

La maldad escondida

El actor, nominado al Oscar por su interpretación, da vida a Mike Rezenes, uno de los periodistas del equipo. La acción comienza en 2001 con la llegada de un nuevo editor, Marty Baron, interpretado por Liev Schreiber. En un almuerzo con Walter Robinson le pide que investigue un incidente sobre un sacerdote local acusado de abusar niños. Es entonces cuando encuentran un armario lleno de secretos. «Lo que más me sorprendió fue no hallar entre los miles de documentos de la Iglesia, pasados entre cardenales y sacerdotes sobre qué hacer con este u otro padre, una mención a lo ocurrido con los niños. La Iglesia escondía y habilitaba el comportamiento de sus clérigos, mientras desdeñaba a los miles de niños perjudicados por los abusos», revela Tom McCarthy, director y guionista de la cinta. Los tres mosqueteros de este equipo periodístico son Matty Carroll, interpretado por Brian d?Arcy; James, Mike Rezendes (Mark Ruffalo); y Sacha Pfeiffer, representada por una Rachel McAdams que se olvida del glamur de Hollywood para actuar con credibilidad. «Fue un interesante cambio de tercio para mí. El guión me despertó la curiosidad porque mostramos a gente que en teoría se interesa por la justicia, pero que en realidad no ayudan a quienes lo necesitan. En una misma zona hay demasiadas personas con excusas», nos declaró la actriz antes de recibir la nominación al Oscar por su papel. «Sasha fue muy generosa conmigo porque contestó todas las preguntas que le hice, incluso las más tontas, aunque para mí ninguna lo fuera».

La exposición periodística del «Boston Globe» sobre los abusos ganó el premio Pulitzer, pero su impacto fue mucho mayor. Dos años después de su publicación y tras 800 artículos impresos sobre el mismo tema, más de 150 eclesiásticos fueron acusados de abuso sexual, cerca de 500 víctimas denunciaron los hechos y las donaciones a las archidiócesis de la Iglesia se redujeron en un 50%. «Todos hemos oído esta historia, pero hay lugar para un filme de estas características. Creo que a través de lo que proponemos se puede aprender. No ocurre muchas veces en la carrera de un actor que uno puede sentirse realmente orgulloso de lo que hace», termina diciendo Ruffalo. La complejidad alcanza su momento de pausa en un banco de la ciudad, con un sándwich en la mano, cuando el abogado de las víctimas revela al personaje de Ruffalo que su obsesión le ha llevado a ser un paria.

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