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Una hipnosis real para rescatar la fallida «Regresión» de Amenábar

Una hipnosis real para rescatar la fallida «Regresión» de Amenábar

El mentalista Javier José Sánchez hipnotiza en directo a los voluntarios que acuden a La Escalera de Jacob en La Latina con motivo del lanzamiento en DVD y Blu-ray del filme del director

Día 08/02/2016 - 03.26h

Suena tópico, pero a veces la realidad supera a la ficción. Al rescate del gran Alejandro Amenábar tuvo que acudir el mentalista Javier José Sánchez. La vuelta al cine de suspense del realizador no cumplió con las expectativas, y fue con motivo del lanzamiento de la película en DVD y Blu-ray cuando Sánchez hipnotizó desde La Latina de Madrid a los que levantó de la butaca el hispano-chileno con «Regresión».

La hipnosis real y la de la pantalla poco tienen en común, herederas lógicas de sus hacedores. Pero, salvando las distancias, «encantador» y director, algo se parecen, siendo, a su modo, ambos precoces. Si el primero yahipnotizaba a sus compañeros de clase y profesores a los 8 años, ducho en los entresijos de la mente gracias a su tío, el Gran Profesor Max, Amenábar cosechaba fama internacional y otro Oscar para el cine español gracias a su «Mar Adentro» a los 32 años.

Sí saben, en cambio, jugar con las ganas y crear expectación, aunque sus espectáculos, por momentos, terminen sabiendo a poco, a superfluo. Aunque para disfrutar de su hechizo hace falta predisposición, cuando las costuras quedan tan pronto al descubierto es fácil desengañarse de la ilusión que se han esforzado en tejer.

De cinco voluntarios iniciales, tan solo pasan dos la prueba. Los demás son «menos sugestionables», razona el hipnotizador, «aunque podría trabajar con ellos». Un hombre, adulto, y una mujer, joven. Ninguno Ethan Hawke, el detective, ni tampoco Emma Watson, la víctima.

Si en la película el tono tenebroso y «truedetectivesco» busca inquietar, en la sala, la curiosidad inicial se marchita en algunos a golpe de carcajada. Y es que ambas se desinflan cuando el espectador se percata de qué va la cosa, cuando en vez de platea, piensa y adivina al creador.

Sí sobresale Sánchez en la honestidad, pues no duda en mostrar de antemano las cartas con las que cuenta, mientras Amenábar prefiere cultivar un producto tan redondo que rechina por impostado. El primero, que no es mago aunque muchos los confundan, muestra los resortes, sin engaños. El segundo, los camufla, intentando absorber al público para que no se percate de sus artimañas, sin conseguirlo.

Aunque la voluntaria, Laura, tiembla ante los casi dos metros del mentalista durante la hipnosis, como si pudiera verlo, no se acongoja ante las imágenes inducidas en la regresión, como si hace el personaje de Watson. No hay abusos sexuales, ni sectas, ni mentiras en su infancia. Tan solo timidez a los tres años a los que Sánchez la «transporta». Al «miedo» de una Hermione ya crecidita en la pantalla lo sucede el frío de una niña... en la playa.

No todas las maniobras salen a veces. El que se calificaba, valga la redundancia por su título, como el «esperado regreso» del realizador a un género en el que se ha movido como pez en el agua ha terminado siendo «una gran decepción, aburrida, vulgar y predecible» para la crítica que le aupó, concretamente para Peter Bradshaw, de 'The Guardian'.

Por su parte, el heredero del primer mago en hipnotizar a través del teléfono, se termina escudando en «la sosez» de los voluntarios cuando eran pequeños para apaciguar las ansias del público por algo más de, ya que estamos, espectáculo. La discontinuidad quizás no sea, en cambio, su culpa, sino la de la falta de concentración tras las interrupciones curiosas de una radio retransmitiendo en directo.

¿Qué hay de «real» en la ficción?

Lejos de entrar en polémicas, Sánchez alude a la película para recalcar la intención de maquillar con la que Amenábar intenta cautivar al público, al fin y al cabo se trata de una ficción a pesar de su impronta «basada en hechos reales». Marcando las distancias, el hipnotizador asegura que el final de una regresión no deja secuelas, que el sufrimiento, si lo hay, no perdura cuando el sujeto despierta. De hecho sugiere que si él dejase de intervenir, el sueño del hipnotizado no sería permanente, sino que duraría lo que el cansancio del mismo. Pero sí apostilla: «Lo que plantea la película es que el hipnotizador induce un mensaje y el sujeto no sabe si es real o no. En las regresiones reales, en cambio, lo que se hace son preguntas clave pero solo se debe guiar, no influir. En 'Regresión', durante la hipnosis, le dicen que hay personas encapuchadas», y termina viéndolas. Por eso hay que ser precavido, advierte, «la mente es peligrosa, uno no sabe qué pasa y si se puede influir. Hay que evitar meterse y dejar a la persona con una mala sensación. Yo procuro ir de lo malo a lo bueno, cambiarle así el concepto».

Sánchez no necesita péndulo ni, como el personaje de la película, «el método del compás y la música, para dar ritmo y estética». Emplea lo que su tío y los libros le revelaron, la concentración y el esfuerzo. Y con un gesto, posa su mano sobre los voluntarios... y los despierta.

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