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El calvario de rodar «El renacido»: frío extremo, aguas heladas y un oso muy humano

El calvario de rodar «El renacido»: frío extremo, aguas heladas y un oso muy humano

«Fue muy duro», ha reconocido Leonardo DiCpario, que decidió realizar muchas de las arriesgadas escenas de su última película, en vez de dejarse doblar por especialistas

Día 08/02/2016 - 10.07h

El rodaje de «El renacido» resultó especialmente duro dadas las condiciones en las que Iñárritu quiso recrear la vida de los tramperos, que no era ni sencilla ni fácil, sino todo lo contrario. El que se llevó la peor parte fue, claro, Leonardo DiCaprio, sobre todo cuando decidió llevar a cabo muchas de las escenas arriesgadas en vez de dejarse doblar por especialistas. Leo fue enterrado bajo la nieve, caminó desnudo a muchos grados bajo cero y saltó a las heladas aguas de un río. Además tuvo que comer hígado de bisonte cuando es sabido que es vegano: «Fue muy duro, sobre todo hincarle el diente a esa membrana que tiene alrededor y que te estalla en la boca cuando la muerdes», dijo Leo.

Todo era necesario para revivir la vida de aquellos tramperos que intentaban ganarse la vida a finales del siglo XVII cuando las tribus indígenas empezaron a intercambiar sus pieles por herramientas de metal europeas. A principios del siglo XIX, cuando la demanda de sombreros adornados con pieles se disparó en Europa (los precios de la piel de castor alcanzaron los seis dólares los 500 gramos), el comercio de pieles se convirtió en un gran impulso para la economía americana, así como en el responsable de las nuevas rutas comerciales que prepararían el terreno para el desarrollo del Oeste. En 1820, el comercio de pieles había llegado hasta las Montañas Rocosas y se había hecho muy competitivo, con comerciantes que luchaban entre sí pero también contra las tribus nativas. Hugh Glass (el personaje que interpreta DiCaprio) trabajó para la Rocky Mountain Fur Company. Al final, sucedió lo de siempre: los tramperos vivían endeudados mientras que los propietarios de las compañías de pieles se hacían muy ricos.

Un aspecto importante del filme fue la relación de los tramperos con los Arikara, un tribu india poco conocida. Retratar al pueblo Arikara era tan importante para Iñárritu que contrató al asesor Loren Yellowbird Sr., miembro de dicha tribu, historiador, antropólogo e intérprete principal y ranger en el Fort Union Trading Post (Dakota del Norte).

Para Yellowbird, resultó gratificante ver a los Arikara convertirse en parte integrante de la historia. «Hay mucha gente que desconoce lo que son los Arikara, así que esta era una oportunidad de mostrar otra perspectiva y resucitar aquel mundo. Por ejemplo quería dar a conocer que aquellos tramperos venían y no eran respetuosos con nada. Invadían territorios de otras personas y se adueñaban de las cosas. No había negociación. Los tramperos simplemente cogían lo que querían».

Durísimo rodaje

El rodaje fue duro no solo para los actores (hacía tanto frío que llevaron hasta siete juegos de ropa térmica encima), sino también para el equipo técnico. El director de fotografía Emmanuel Lubezki, alias «El Chivo», quiso recrear aquel mundo con total fidelidad así que solo rodó con luz natural, lo que obligaba a ir contra reloj en todas las tomas. Lubezki empleó una amplia gama de lentes de gran angular (desde 12 a 21 mm) para producir mucha profundidad de campo. También los maquilladores y peluqueros trabajaron duro. DiCaprio se sometió todos los días a cinco horas de maquillaje para reproducir las graves heridas producidas por el oso. Incluso los fuertes construidos fueron envejecidos para que parecieran hoscos y desvencijados.

El oso fue punto y aparte. Aunque Iñárritu dio pocos detalles al respecto se sabe que había un actor dentro (Glenn Ennis), que estudió detenidamente los ataques de los osos y llegó a la conclusión de que era como el juego del gato y el ratón. Luego, Iñárritu detalló digitalmente el ataque. Fue la única licencia que se permitió con los ordenadores.

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