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«La ley del mercado»: un hombre ante el coste ético de tragar con todo en su trabajo
Stéphane Brizé, en un encuentro con la prensa el pasado jueves

«La ley del mercado»: un hombre ante el coste ético de tragar con todo en su trabajo

En su nueva película, el director francés Stepehane Brizé pone a su héroe, interpretado por Vincent Lindon, ante un fastadidado dilema moral en el actual contexto de crisis económica

Día 10/05/2016 - 07.26h

«La ley del mercado» es una película que versa sin versos, puesto que lo hace desde una pretendida y austera forma hiperrealista, sobre los mecanismos del sistema económico al que estamos adscritos. A partir de los 20 meses de travesía por el desierto de Thierry buscando un trabajo para sostener a su familia, el filme quiere poner sobre la mesa el lugar del hombre en un mundo regido por la frialdad numérica. El héroe, interpretado soberbiamente por Vincent Lindon, encontrará finalmente un empleo de vigilante de seguridad en un hipermercado, que vendrá acompañado de un fastidiado dilema moral: ¿hay que tragar con todo?

«Es posible que todos tengamos un precio, pero hay que saber dónde colocar el listón. Si todos fuéramos capaces de suicidarnos momentáneamente para mantener la ética, no estaríamos donde estamos ahora», explica Lindon, que fue premiado en Cannes por este papel. Una visión que comparte el director de la cinta, Stéphane Brizé: «No puedo pensar que el individuo es solo víctima del sistema. Cualquier persona es más grande que un sistema represivo, aunque eso choca con lo cotidiano puesto que hay que pagar los recibos. Creo que el hombre puede decir sí o no, y ocupar un lugar sobre la imagen que tiene de sí mismo». Para el actor protagonista la situación de las relaciones laborales es como una pareja sadomasoquista: «Siempre habrá un sado y un masoca». Brizé dice que el trabajo es como el agua, un recurso que escasea: «Si no tienes de beber en el desierto y alguien tiene una botella, esa persona te puede pedir lo que quiera por ella. Y vas a tener que pagarlo», afirma.

Lindon, único actor profesional del filme

El único actor profesional del filme es el propio Lindon, el resto fueron reclutados en sus mismos puestos de trabajo: la que hace de trabajadora de la banca se dedica a eso, los vigilantes de seguridad del supermercado también lo son en la vida real, etc. Brizé incluso llego a estar presente en los interrogatorios a la gente que habían pillado robando en aras de superar el cliché. ¿Qué tal le ha sentado a la patronal francesa la película? «El expresidente dijo que la película era una caricatura de la empresa. Me pareció superdivertido porque evidentemente no podía decir otra cosa. Es como si el Papa dice algo distinto del 'no roben' o 'no engañen a sus mujeres'. Diciendo eso es una caricatura de sí mismo y no hace más que dar crédito al filme. A Donald Trump tampoco le gustaría probablemente y yo estaría muy orgulloso de ello. La película no es un ataque contra la empresa, no estoy en contra de ellas».

Lindon, elegantísimo al modo Jep Gambardella, nos cuenta a los periodistas en la librería «Ocho y medio» que su compromiso político, que expresa a través de sus películas, le impide conducir un Ferrari por Saint-Tropez. «La gente diría: este hombre es un mentiroso. Tampoco puedo dar entrevistas en un hotel tipo Ritz», dice el actor (y ahora resulta inevitable recordar la rueda de prensa de Richard Gere en el Hotel Palace para hablar de su película sobre las personas sin hogar). «En París no uso el coche, voy en metro y en Vespa. En mi coche no hay cristales tintados o, por ejemplo, hago la compra con los niños. Dentro del estrellato tengo una vida normalita», amplía para concretar la coherencia que le mueve el que fuera durante varios años pareja de Carolina de Mónaco.

Brizé tiene una visión pesimista sobre sus propios deseos de cambio: «La gente espera de manera irrealista que aparezca un hombre o un grupo de hombres, como puede ser Podemos, al modo de un grupo de providencia. Y hay que ver qué lugar ocupan en este engranaje. De momento, trágico; Syriza no ha hecho la Revolución ni mucho menos». Y conoce su misión: «Creo que el cine, los libros, no tienen la virtud de aportar soluciones, sino preguntas. Para mejorar hay que cuestionarse todo. El hecho de permitirse escucharlas ya es parte de la solución».

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