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Ida Panahandeh: «Es natural que los directores iraníes no puedan expresarse con libertad»
Ida Panahandeh, durante el rodaje de «Nihad»

Ida Panahandeh: «Es natural que los directores iraníes no puedan expresarse con libertad»

La directora de «Nahid», una cinta contra la represión de la mujer en Irán

Día 16/02/2016 - 09.36h

Ida Panahandeh está harta de hablar de censura, pero lo acepta con un estoicismo apagado. Sabe que para Occidente, conjugar «Irán» y «cine» refiere a casos como los de los directores Jafar Panahi, Mohsen Makhmalbaf o Abbas Kiarostami, y a los implacables rigores que han sufrido por traducir en imágenes lo que el régimen islámico quiere ocultar. Sabe lo que se espera de ella. Que como mujer iraní que ha rodado «Nahid», una película sobre una joven a la que la sociedad margina por querer casarse en segundas nupcias, proteste contra los latigazos, los arrestos domiciliarios o los exilios forzosos de otros compañeros. Pero no lo hace, y se atrinchera en la prudencia. «Vivimos en un país donde conviven desde los hombres más fanáticos hasta los más seglares. Formamos parte de una cultura que lleva muchos años intentando pasar de lo más tradicional a lo más moderno. Pero la mayoría de la gente de Irán piensa de manera tradicional, y por otro lado nuestro gobierno es un gobierno religioso. Es natural que en estas circunstancias los directores de cine iraníes no puedan expresar con libertad todo lo que se les pasa por la mente», explica.

Según dice, ella no ha sufrido ninguna clase de cortapisa a la hora de filmar la difícil situación de la mujer en Irán, y menciona al director Asghar Farhadi ?actualmente exiliado en EE.UU.? para subrayar su posición: «Todo el mundo ha visto sus películas y lo han alabado. Nada ni nadie ha impedido en Irán que él pudiera realizar su trabajo y hasta donde yo sé, sus películas no han sido censuradas», añade. En su opinión, el régimen castiga la tergiversación, no la libertad de expresión, como erróneamente asume el público occidental: «No es razonable que desde vuestras casas o vuestros lugares de trabajo, leáis ciertos periódicos influidos políticamente o algunas emisoras de televisión que solo narran parte de la realidad, y no podáis tener una opinión certera sobre un país, sus gentes o su antigua cultura», asegura. Aunque concede que «tampoco nosotros tampoco hemos podido, por muchas razones, transmitir una imagen correcta de nosotros mismos durante muchos años», quizá dejando en el aire si el fanático control del cine ha sido uno de esos obstáculos. Quizá invitando a leerla entre líneas y a interpretar su tibieza: «Mientras viva y trabaje en mi país, acataré sus normas y sus leyes», apostilla.

Una tibieza que contrasta con el valiente alegato de su cinta, que indisimuladamente se alza contra la represión social de la mujer en su país: «Siempre he alabado a aquellas personas que luchan por conseguir y conservar sus derechos», apunta Panahandeh, que se considera a sí misma afortunada dentro de una generación en la que «no estamos obligadas a pensar en casarnos pronto, ni ser madres nada más casarnos». La cineasta rechaza el debate político, porque «no sé hacer otra cosa más que dirigir películas y cocinar», y en una de las dos labores es mucho menos estoica.

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