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El fenómeno Deadpool arrasa a los superhéroes
Escena de «Deadpool»

El fenómeno Deadpool arrasa a los superhéroes

El «patito feo» de los superhéroes, su primo lejano, acaba de darles una paliza en la taquilla

Día 20/02/2016 - 06.56h

El fenómeno Deadpool: 265 millones de dólares en su estreno de fin de semana global y 134 en Estados Unidos. Los ejecutivos de Hollywood no entienden nada. Tan propensos a buscar el dinero a lo grande no entienden cómo una película de menor presupuesto (Fox se ha gastó 200 millones en «X Men, días del futuro pasado» por 58 en este filme) se imponen a los grandes monstruos de superhéroes. En sus cerebros obnubilados por el vil metal aún no entienden que un antihéroe, gamberro, mal hablado, soez y transgresor puede imponerse a los serios, estirados y correctos Batman, Spiderman, Iron Man y demás productos de Marvel.

En realidad, nadie creía en Deadpool. De hecho, su guión estuvo corriendo de despacho a despacho sin que ningún ejecutivo tuviese los redaños de ponerse a la tarea. Se dice que fue el mismo Ryan Reynolds quien filtró parte del guión para que los internautas tuviesen una reacción y obligasen a los ejecutivos a decidirse. El mismo Reynolds dice con sorna que «estoy casi seguro, al 60 por ciento, de que no fui yo el que filtró dicho guión». La reacción popular fue tan unánime y favorable que Fox decidió hacer una prueba de metraje de bajo presupuesto.

El éxito fue inmediato y la causa era evidente: los personajes de la película han sabido hablar al espectador en su propio lenguaje, lo que le acerca a la calle y produce una empatía total con el espectador. En realidad, Deadpool siempre ha sido la oveja negra de la familia de los superhéroes, o la oveja blanca según se mire, porque ha acabado siendo el preferido del público (miren las cifras del cuadro anexo donde se le compara con sus primos superhéroes).

Peligro latente

El miedo que acosaba a los ejecutivos es que el posible éxito de «Deadpool» era al mismo tiempo un riesgo excesivo: con ese lenguaje y esa violencia explícita, la cinta no podía tener otra calificación que la R (solo para mayores) lo que descartaba a un montón de público que no podría verla, con lo que suponía de merma de taquilla. Pero algún ejecutivo valiente y arrojado, decidió arriesgarse y no censurar nada de la cinta. El público le ha dado la razón.

El problema es que en algunos mercados europeos el gesto no parece haber convencido porque ya se están viendo trailers con censura y sin censura, una especie de globo sonda que los ejecutivos atrincherados han lanzado para ver por dónde respira la gente. Es un peligro enorme para la cinta. Quién vea los dos trailer comparados verá que las modificaciones hechas en los diálogos en la cinta censurada destrozan la película, que pasa de ser un filme divertido, sarcástico, atrevido e innovador, a un filme plano, soso, memo y retrógrado, nada ver con el espíritu del filme elaborado por Miller.

Una cosa es segura, el fenómeno está lanzado y ya no hay quien lo pare. «Deadpool» ha roto los esquemas tan rígidos que hasta ahora regían en la Meca cinematográfica por lo que es posible que tengamos que prepararnos para un aluvión de imitadores que querrán ser gracioso a costa de lo que sea. Veremos...

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