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«El abrazo de la serpiente»: el embrujo de un Amazonas todavía místico
«El dinero les gusta a las hormigas. A mí me sabe mal», dice el chamán Karamakate en un momento del filme

«El abrazo de la serpiente»: el embrujo de un Amazonas todavía místico

La película dirigida por el colombiano Ciro Guerra está nominada al Oscar a la mejor cinta extranjera

Día 23/02/2016 - 10.01h

«¿Tú te dedicas a estudiar a las plantas? Es lo más sensato que le he escuchado decir a un blanco en toda mi vida», sentencia un viejo chamán de una tribu indígena del Amazonas, llamado Karamakate, a un explorador occidental en la película «El abrazo de la serpiente». Y luego se mofa altivo cuando éste le ofrece pagar por sus servicios: «El dinero les gusta a las hormigas. A mí me sabe mal». Las perlas de sabiduría ancestral ofrecidas por este último superviviente de su pueblo, que además ha elegido aislarse dentro incluso del ignoto mundo del Amazonas, representan el diálogo entre civilizaciones que quiso plantear Ciro Guerra, el director de esta cinta colombiana nominada a los Oscar. «Karamakate está inspirado en varios personajes reales, a algunos incluso los conocí personalmente».

El filme cuenta en blanco y negro las andanzas de dos exploradores del viejo mundo, a partir de sus propios diarios reales, en sendos momentos cronológicos diferentes a principios del s.XX. «Me parecía fascinante la historia de estos dos hombres que dejaron sus familias y sociedades y recorrieron durante muchos años una tierra desconocida. Es un poco como el cine, que cuando empiezas un proyecto no sabes por qué caminos vas a ir para llegar al otro lado». El rodaje en la selva, con índigenas verdaderos, les obligó a ser muy previsores y, al no disponer de electricidad, depender de la luz del día para rodar. Pero salió bien y sintieron que la naturaleza les ayudó. ¿Espiritualmente cómo le ha enriquecido esta experiencia? «Pasas varios años viendo el mundo desde otra perspectiva en y cuando vuelves nada se ve igual. Me siento mucho más liviano, emocional, intelectual y espiritualmente. Pero no es posible resumir algo en palabras lo que es imposible de expresar», expresa el cineasta, admirador de grandes directores sudamericanos como Tomás Gutiérrez Alea, Leonardo Favio o su compatriota Víctor Gaviria.

«Soñar no me da miedo, lo que me da miedo es morir en este infierno», delira el alemán Grünberg. «Tienes que controlarte, vas a acabar con todo», le contesta un impertérrito Karamakate, al que también se le conoce como «El mueve-mundos». Un indígena que también está allí, ayudante del explorador, le pide al chamán que a ver si le puede dar semen de sol. ¿Es favorable al uso de drogas para buscar el autoconocimiento? «En el mundo moderno las plantas sagradas de los pueblos indígenas han sido sintetizadas y deformadas para convertirse en un tema recreativo y hedonista. Pero para estas comunidades estas plantas contienen un conocimiento sagrado y profundo que se puede absorber a través de una ritualidad, con respeto y devoción, tanto por ellos como por todos los seres vivos. Ellos se aproximan a eso de una manera de la que tenemos mucho que aprender. Rechazo el uso recreativo de las drogas. Sobre todo porque termina siendo un motor para el capitalismo más salvaje y en su peor cara», contesta Guerra.

Otro de los aspectos nucleares de la película es la defensa de la identidad de los pueblos indígenas del Amazonas, la resistencia que ofrecen hacia la tendencia monocultural imperante. «En el Amazonas hay muchas personas que luchan por mantenerse vivos y vigentes a pesar de que hay fuerzas mucho más grandes que ellos que les empujan hacia esa idea de la monocultura. Siento que estamos viviendo un proceso de cambio y que se están despertando las conciencias para respetar a las culturas tradicionales de antes», explica el cineasta.

Guerra, quizá por su apellido, emprendió el proyecto intentando responder a esta pregunta autoformulada: ¿es posible a través del conocimiento y el arte trascender la brutalidad o estamos condenados a matarnos a lo largo de la historia? «La historia de la Amazonía es de mucha violencia y dolor, de destrozo y atrocidad, pero al mismo tiempo es una historia de la que se pueden obtener muchas cosas», reflexiona el director de esta película tan especial que nace también de la curiosidad sobre el Amazonía, ya que «es muy desconocida para nosotros los colombianos, siempre ha estado bajo el manto del misterio».

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