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El carpintero pacifista que casi mata a Hitler
A Georg Elser le interpreta en la película Christian Friedel

El carpintero pacifista que casi mata a Hitler

Oliver Hirschbiegel estrena una película sobre Georg Elser, el magnicida que fabricó una bomba que por 13 minutos no cambió la historia

Día 07/03/2016 - 19.02h

Al contrario que un rebelde de salón, Georg Elser decidió actuar. A este simple carpintero, además de acordeonista de banda de pueblo, le sobraron 13 minutos para matar a Adolf Hitler con una bomba que aprendió a fabricar por sí mismo. En 1938 la popularidad del Führer en Alemania estaba por las nubes, pero el magnicida analizó el exaltado panorama sociopolítico con una lucidez tremenda y concluyó que el régimen nazi iba a suponer la devastación de su país. Así, intentó asesinar al líder del Tercer Reich en un caso ejemplar de triunfo de la voluntad individual sobre la inercia del rebaño de alemanes que consideraron a este lobo solitario una vergüenza nacional, hasta el punto de llegar a olvidarle premeditadamente por vergüenza propia posterior, según explica Oliver Hirschbiegel, director de la recién estrenada «13 minutos para matar a Hitler» en donde se cuenta esta fascinante historia basada en hechos reales.

Todo hubiera cambiado de tener éxito el atentado de ese 8 de noviembre de 1939 en la cervecería muniquesa Bürgerbräukeller. Al final murieron ocho personas por el explosivo de Elser, interpretado en el filme por Christian Friedel, que en absoluto daba el perfil tipo para llevar a cabo esta acción: era un bon vivant mujeriego que no militaba en el partido comunista, aunque sí era simpatizante, y que rechazaba la violencia porque de hecho era un convencido pacifista. «Es una persona que se levanta y que en contra de sus propias creencias decide que tiene que hacer algo. Era el único que veía esta realidad y que tenía la fuerza de llevarlo a cabo solo, lo cual es sorprendente. Parecía un visionario. Es un caso tan raro que pienso que era necesario contar esta historia», explica el cineasta, que compara a Elser con Snowden «porque fue el único que actuó entre miles de personas que sabían que espiando a los ciudadanos estaban haciendo algo ilegal e impropio de una democracia».

Otro de los aspectos interesantes de esta cinta es como se muestra el proceso de penetración del nacionalsocialismo en el ambiente rural. En el pueblecito del protagonista vemos como los nazis, una vez ya impuestos como los amos de la barraca, utilizan simplonas y naifs imágenes que les funcionan («Ohhh», suspira la manada ante las imágenes de un primer plano de una rubicunda niña con coletas en el proyector del pueblo) y que junto a las promesas de asfalto e iluminación convierten a Hitler en el salvador de un pueblo ahogado por las sanciones de la Primera Guerra Mundial. «En estas comunidades rurales es muy importante que puedan confiar los unos en los otros. Si dices: ?Yo no formo parte de esto?, te quedas como apartado. ¿Quién quiere quedarse apartado? Cuando te niegas a hacer el saludo hitleriano te quedas fuera. Fue cada vez más difícil para la gente decir que no».

También estuvieron en esta historia un policía nazi, Arthur Nebe, y un miembro de la Gestapo, Heinrich Müller. El primero es perspicaz y más blando, el segundo es resolutivo. «Los nazis contaban con buenos policías. Nebe quería comprender qué era lo que movía a Elser y si había alguien detrás. A lo mejor era inteligente, pero todos eran personas mediocres», afirma Hirschbiegel. ¿Cómo ven los jóvenes alemanes este pasado? «Odian que se les identifique con eso. No basta con que se les diga que nosotros somos culpables, hay que plantear las preguntas adecuadas para que hagan un análisis creativo. Yo no levanto el dedo, solo cuento la historia de un valiente que no podía quedarse inmóvil ante las dictaduras que se avecinaban. Si solo les das clases magistrales, no les importará», responde.

Y, como en ocasiones ocurre, se produce el repudio del espíritu libre. «En secreto muchos alemanes pensaban que era un traidor porque no es algo típico alemán levantarse contra sus propios líderes. Hace 25 años años la percepción cambió», dice el cineasta. Elser permaneció varios años encarcelado en el campo de concentración de Dachau, concretamente hasta el 9 de abril de 1945, cuando le ejecutaron a escondidas. Hitler se suicidó veinte días después. ¿Por qué no le mataron antes? «Por una idea tonta. Querían hacer un juicio espectáculo contra él después de la victoria de Hitler, que le consideraba su enemigo personal porque venía de la clase obrera y él también pensaba que venía de la clase obrera».

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