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Mi padre, el preso que rechazó el pastel de cumpleaños del Sha

Mi padre, el preso que rechazó el pastel de cumpleaños del Sha

El cineasta galo Kheiron estrena «O los tres o ninguno», una comedia que cuenta la huida real de su familia de Irán a Francia

Día 29/03/2016 - 13.02h

A principios de 2015 se produjo el atentado de Charlie Hebdo, en el que terroristas islámicos asesinaron a varios de los dibujantes de la revista satírica. El recurrente debate sobre la libertad de expresión, sobre los límites del humor y la provocación, volvía de la manera más atroz al debate público. La manida frase de «eso no se lo dices a un musulman» no valía entonces. Ni tampoco cuando Siniestro Total cantaba, por Jomeini, lo de «Ayatollah no me toques la pirola». O cuando el Cómico Suicida se plantó en una mezquita megáfono en mano («Hola yonkis del Islam...»), o cuando las Femen propusieron al Comité Olímpico que hubiera una competición de lapidación,... Y también, por descontado, hay otro tipo de críticas menos aguerridas. El miércoles pasado se estrenó en nuestro país «O los tres o ninguno», película francesa que cuenta desde el humor, pero en este caso blanco y luminoso, la complicada huida de una familia de Irán tras la llegada al poder de Jomeini después de derrocar al Sha. Es una historia real, la de los padres de este director galo llamado Kheiron (algo así como el Paco León de Francia), y que con este filme quería transmitir los valores de sus progenitores «porque podrían inspirar a otros».

El marcado tono positivo y chistoso de la película, parecido al de «La vida es bella» de Benigni, es de obligatoria pregunta. «He leído críticas que dicen que hasta la prisión de la película es agradable, que se hacen chistes en la cárcel. Pero es que los detenidos hacen chistes en las cárceles. Sufres, estás triste, pero con otros recluidos que están en la misma mierda encuentras momentos de evasión», responde un risueño Kheiron, que también protagoniza el filme, y que atiende a ABC en la sede del Instituto francés de España. ¿Es el humor un arma de eficacia masiva? «A todo el mundo le gusta reír. No hay nadie a quien le cuentes un chiste y diga: 'Jaja, te odio. Me has hecho reír'. Cuando haces a alguien reír, le emocionas y va a mejor, da igual cual sea el mensaje», analiza el comediante galo.

La cinta consta de dos mitades: la huida de Irán y el establecimiento en Francia. En la primera parte se cuenta como el padre de familia, junto a otros «progres», luchan por derrocar al Sah, cuya ridícula caricatura (al estilo del presidente de la empresa de la serie «The IT Crowd») ofrece uno de los mayores divertimentos del filme. Y que además es la llave para uno de los momentos cumbres de la cinta: encerrados el grupo de opositores en la cárcel, donde su padre estuvo durante siete años, el magnánimo Sha les «regala» la obligación de comerse un pastel para celebrar su cumpleaños. Todos los presos comen, pero el protagonista se niega. Y el golpe de dignidad le cuesta temporadas de aislamiento y palizas (y además el Sha podía dictar la orden de ejecución...). «Al año siguiente el director de la cárcel le dijo a mi padre: 'Te voy a ofrecer el pastel y no vas a querer. Y te voy a tener que pegar y me vas a humillar delante de todos. Te propongo ponerte en aislamiento esta noche, y así tú no te comes el pastel y yo no te pego'», cuenta orgulloso Kheiron.

Luego llega el ayatola Jomeini. Y con él, la decepción. Porque el protagonista y su círculo lucha por la democracia y lo que se establece es una teocracia. ¿Había ingenuidad en la lucha de su padre y compañeros por confiar en Jomeini? «En la película tenía que ir rápido, pero fueron cinco años en los que Jomeini era un estratega, donde decía que el poder era para el pueblo y que no lo quería. Tardó muchos años en mostrar su auténtico rostro y fue demasiado tarde», explica el director.

Así que no les queda más remedio que salir del país. Y el protagonista, dado lo arriesgado de la aventura, propone marcharse él solo. Su mujer le dice tajante: «O los tres o ninguno». Este tercero en concordia sería el propio Kheiron, recién nacido, que aguanto la épica travesía por incluso las montañas con 1,3 metros de nieve para poder escapar de Irán rumbo a Francia. Y enfrentarse allí a otros problemas bien conocidos: de integración, de desarraigo, marginalidad, lingüisticos, etc. Finalmente, el protagonista acaba dirigiendo un centro cultural en un barrio difícil.

Con el drama de los refugiados, el reciente atentado en Bruselas por parte de Daesh, y que hace poco sufrió París, y el auge en los últimos tiempos del movimiento ultraderechista en Francia, está cinta está de plena actualidad. ¿Hay un debate tenso en su país sobre la inmigración? «Sí, hay un falso debate que ha empezado sobre la identidad nacional que elude los problemas atuénticos. Cuanta más desgraciada es la gente, más fácil es señalar a alguien con el dedo. La culpa es la crisis, y con el Daesh, con los problemas de paro, de vivienda, es un periodo propicio para el odio. ¿Es la suya una película buenista? «Estamos en un periodo tan cínico que la gente empieza a creer que el cinismo es lo normal y la bondad es anormal. Es al revés. Yo cuento una historia real. Hay ejemplos de bondad, de ayuda mutua, y funciona. A los que la película les parece naif, buenista o cándida tienen el derecho a pensarlo, pero esto existió», zanja.

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