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La mejor película de Truffaut, el mejor libro de Hitchcock

La mejor película de Truffaut, el mejor libro de Hitchcock

Se estrena el documental «Hitchcock / Truffaut», 50 años después de la publicación de la mítica entrevista entre ambos genios

Día 05/04/2016 - 10.43h

Se cumplen cincuenta años de la publicación del, digámoslo sin rodeos, mejor libro sobre el séptimo arte que existe, «El cine según Hitchcock». Y del principio de una hermosa amistad entre dos genios. Es el libro que más vocaciones ha despertado, el que más cineastas han leído y el que más veces se han bebido. Wes Anderson tenía que sujetar sus páginas con una goma. David Fincher asegura que lo devoró cerca de 200 veces. No sorprende que sea la obra más influyente. Cuando François Truffaut lo alumbró en 1966, el británico apenas era considerado un autor menor, indigno del Oscar que nunca ganó, un simple artesano con buen ojo para la taquilla. El mundo entero comprendió su error. Ni en «La naranja mecánica» abrían los ojos con tanta eficacia.

(Este crítico valora el documental con 4 estrellas)

Como apunta Scorsese, otro cinéfilo de manual, fue una obra «revolucionaria». «Nos radicalizó como cineastas», asegura. Truffaut, mucho más que un simple admirador treintañero, no solo había arrancado al orondo sesentón la entrevista de su vida. Ya en su carta de solicitud había explicado su intención de demostrar que era «el mejor director del mundo», lo que arrancó lágrimas de emoción al hombre que tantos gritos de terror había conseguido del público. Como vivimos una época maravillosa ?no se dejen engañar por las apariencias?, sus páginas acaban de ser reeditadas por Alianza. Si les gusta el cine y no las han leído, abandonen este texto ahora mismo y corran a por un ejemplar, antes de que vuelvan a agotarse.

De aquellas 30 horas de entrevista cocida a fuego lento a lo largo de ocho días ?ahora las distribuidoras suelen conceder entre cinco y veinte minutos, a menudo en grupo? ha nacido el documental «Hitchcock / Truffaut. En gran medida se lo debemos a Serge Toubiana, uno de sus guionistas, quien en 1993 descubrió las cintas magnetofónicas en casa de su amigo François. «Un momento milagroso», recuerda. Gracias a este hallazgo conservamos intacta la lección inmortal de un maestro iluminado por el infinito amor al cine que le profesaba otro. Exenta de pedantería, esta clase magistral ayuda a comprender conceptos clave en la realización de películas y la puesta en escena, aclara que es el «Mac Guffin», sitúa en su contexto la frase de que los actores «son como ganado» y desvela por qué Ingrid Bergman y Cary Grant odiaban su beso eterno en «Encadenados», que permitió al público «hacer el amor con ambos».

Para que el cuadro aguante en el marco de una sala llena de público, lo más deseable, el director Kent Jones recurre a imágenes de las obras de ambos cineastas, a las fotografías que disparó entonces Philippe Halsman y a los comentarios de monstruos como los citados Scorsese, Fincher y Anderson, además de Richard Linklater, James Gray, Peter Bogdanovich...

El documental no alcanza la categoría del libro sencillamente porque, como pasa con cualquier adaptación ?¿podría competir en los Oscar en la categoría de mejor guión adaptado??, es imposible encajar en un largometraje sus cuatrocientas páginas, páginas como golpes. Los guionistas Jones y Toubiana hacen, sin embargo, una excelente lectura. Extractan algunos de los mejores pasajes y mantienen el ritmo y la unidad. En este punto no está de más recordar la anécdota que cuenta Hitchcock sobre dos cabras que se están merendando los rollos de una película basada en un best seller y una le dice a la otra: «Pues a mí me gustaba más el libro».

En el pase para la crítica, fue grato comprobar que los conocedores de la obra siguen disfrutando por dentro y que quienes descubren la conversación por primera vez ríen por fuera. El socarrón sentido del humor del mago del suspense mantiene la misma vigencia que sus películas. Como dijo Cocteau de Proust y cita el propio Truffaut, «su obra continuará viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos».

El galo, por cierto, era todavía crítico cuando conoció al único director que cualquiera puede identificar solo por su silueta. Este se apiadó de él y de su amigo Claude Chabrol, que intentaban entrevistarlo para «Cahiers du cinéma». Corría el año 1955 y ambos acabaron en un estanque helado de la Costa Azul, no muy lejos de donde se rodaba «Atrapa a un ladrón». La anécdota, que sirve de introducción al libro, es una entre el millar que se cuentan mientras ambos desgranan la filmografía del británico, título por título. En un momento dado, y mientras critican a los críticos, don Alfredo tiene la ocurrencia de preguntarle a su entrevistador: «Por cierto, ¿usted a qué se dedicaba cuando nos conocimos?». Lo irónico del caso es que después de este fructífero encuentro Hitchcock solo rodó tres películas más, mientras que el aprendiz galo enfilaba lo mejor de su esplendorosa carrera, truncada después por una muerte prematura, solo tres años después del mutis del maestro.

Un detalle que quizá sorprenda es que en el documental se utilizan imágenes de las películas de entrevistado y entrevistador. En el caso de este último, y esto es lo más curioso, sale a relucir sobre todo su impresionante debut, «Los cuatrocientos golpes», pero no «La noche americana», otra obra maestra en la que Truffaut reflexionaba como nadie sobre el oficio de director y escribía una de sus hermosas declaraciones de amor al arte que lo sacó literalmente del reformatorio.

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