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Paco León: «Si nos comportáramos como bonobos, nos iría mucho mejor a todos»
Paco León, en una foto tomada en medio del rodaje de su recién estrenada película

Paco León: «Si nos comportáramos como bonobos, nos iría mucho mejor a todos»

El actor y director estrena «Kiki, al amor se hace», una comedia romántica que utiliza las filias sexuales como hilo conductor para mostrar diversas relaciones entre parejas

Día 05/04/2016 - 19.23h

Cinco historias en un calenturiento verano madrileño, en el que, a través de diversas filias sexuales, se acaba hablando de amor. «Es que no aprovechamos Madrid», se dice en «Kiki, el amor se hace», la nueva película del sevillano Paco León, que afortunadamente incumple su promesa de no dirigir más tras sus Carminas. Y es que a poco que investigues, comenta el también actor, la capital del Reino esta llena de posibilidades...

Harpaxofilia (sentir placer al ser robado), dacrifilia (excitarse con el llanto o las lágrimas) o somnofilia (el gusto por tener sexo con personas dormidas) son algunas de las filias que tienen los personajes (interpretados, respectivamente, por Natalia de Molina, Candela Peña y Luis Bermejo) y que utiliza el cineasta, que también protagoniza la película, para «contar cosas que pienso que son interesantes de contar». Y para buscar de paso la siempre sana carcajada, en este caso con el sexo de por medio (y como medio). ABC se reunió con León en una cafetería de la Latina poco antes del estreno de «Kiki» para que nos contara más cosas interesantes sobre su último proyecto.

- La película va sobre las filias sexuales y es un encargo. ¿Quién se lo propone?

Vértigo Films me propone hacer un remake de «Little death», una película australiana sobre filias sexuales. Al principio no lo vi claro pero luego me pareció que no estaba mal la película y me daban la libertad para hacerlo a mí manera, para cambiarlo todo. Así podría ser una oportunidad para hablar de cosas que yo pienso que son interesantes de contar.

- ¿Qué cree que le define como cineasta?

Creo que la manera de rodar es muy concreta. Ruedo con dos cámaras, sin guión, los actores no tienen guión y se trabaja el texto desde la improvisación in situ. No hay ensayos previos. Y también esa búsqueda de lo arbitrario de la realidad, los cambios de temas pasan como pasan en la realidad. No sé si me explico, me gusta desdibujar las fronteras de los géneros. Efectos de thriller con remates de comedia y también cosas melodramáticas en busca de la mezcolanza de géneros.

- ¿Por qué le gusta mostrar lo chabacano?

Para mí los personajes se transmiten de muchas maneras, desde su forma de vestir hasta su forma de andar y su manera de hablar. Que todo el mundo hable igual no me lo creo. Hay gente que se expresa muy bien de manera chabacana. Como el personaje que trabaja en un teléfono erótico, que suele ser gente de pocos recursos. La actriz que lo interpreta había trabajado en un teléfono erótico, donde muchas veces les llaman para reírse de ellos.... Y ella que es una actriz amiga mía me ha contado mil anécdotas. No es que me fascine lo chabacano, es que no le hago ascos. No me epata, no me saca, para mí forma parte de la vida. No es lo que más me gusta de la vida pero tampoco lo rehuyo. Como lo escatológico.

- ¿Hay intolerancia respecto a las filias sexuales?

Siempre hay sitio para mejorar en la diversidad. No hay etiquetas, creo que hay tantas sexualidades como personas. Creo que a todo el mundo nos pica algo, todos tenemos nuestra «pedrá». Y luego muestro mi visión del sexo también en general. Como algo bueno, no como algo sórdido. El lenguaje del amor. Es una necesidad humana que no tiene porque ser oscura, sino luminosa. Hay una diferenciación entre filia y parafilia. El nombre de parafilia se lo dan los psiquiatras, lo hace patológico. La parafilia lo hace enfermedad y la filia no. Para los sexólogos es todo erótica y para los psiquiatras son problemas de la personalidad. Pero en realidad hasta el sexo más convencional si es una adicción puede ser patológico.

- ¿Puede una pareja resistir una insatisfactoria relación sexual?

En la película parece que el sexo es el causante, que puede provocar la ruptura de la pareja, que es el problema. Y al final se ve que el sexo es la solución. El primer paso es tener conciencia de lo que te gusta y luego compartirlo. Aquí se habla del sexo como salvador, como un lenguaje íntimo de pareja. Por eso esto es una comedia muy romántica que habla del amor, de que se construye, de ahí el subtítulo del «amor se hace». El amor de pareja, no solo el enamoramiento instantáneo, hay que currárselo.

- Candela Peña descubre su dacrifilia inesperadamente. ¿Puede ocurrir de adulto?

Supongo que sí, la verdad es que no conozco a nadie que le haya pasado. Pero supongo que sí. Puede haber filias ocultas, sí, hay que vivir con la ilusión (risas).

- ¿Cómo se ha documentado para preparar esta película?

Leyendo, hablando con la gente e, incluso, practicando algunas filias de alguna manera. Tengo una secuencia en un club de sexo de intercambio y se hacen sesiones de «fetish», «bondage», sadomaso y tal. No me pude resistir, me puse una máscara para que no me reconocieran y me metí. El personaje de Alexandra Jiménez, y su elefilia (atracción por los tejidos), está escrito con anécdotas de dos personas. El episodio del metro es una cosa real.

- El sexo es la mejor forma de hacer el amor, dice. ¿Y la guerra?

Puede existir el amor sin sexo y el sexo sin amor, pero cuando está junto es una maravilla. Y ninguna, la mejor forma de hacer la guerra no la hay. Creo que es necesario y subversivo seguir diciendo que es mejor hacer el amor y no la guerra, y que si nos comportáramos como bonobos nos iría mucho mejor a todos.

- La película muestra también la importancia de la comunicación en las parejas.

A mí me cuesta mucho hablar en términos de manifestar, de abrirle los ojos a la gente, de mostrar la verdad de la vida y del sexo. Me parece que en la película hay un escaparate en el que se ve que si se comenta la sexualidad y se comparte, muchísimo mejor va a ir. En mi parte, en mi pareja, abren la mente y les empiezan a pasar cosas, difíciles de encajar, y hace que la pareja vaya para delante. Para una pareja que dure mucho creo que es necesario estar pendiente de cómo cambian las necesidades de cada uno. Y las sexuales también.

- «Es que no aprovechamos Madrid». ¿Qué nos estamos perdiendo?

Es que en Madrid hay de todo. Gracias a esta película he descubierto locales, asociaciones culturales y liberales donde practican todo tipo de fiestas temáticas. Hay de todo, vivimos en una ciudad... Localizando locales para rodar vimos que había veintitantos de sexo, de intercambio de parejas. ¡En Madrid! Para mí fue una sorpresa.

- ¿Qué tal ha sido dirigirse?

Pensaba que iba a ser más complicado. Me ayudó mucho Ana Katz, compañera de reparto, que es actriz y directora y ha actuado en películas suyas. Decía Woody Allen que lo bueno de dirigirse a uno mismo es que tienes uno menos con el que discutir en el rodaje. Me sentí cómodo, no fue tan raro.

- Los diálogos son uno de sus puntos fuertes. ¿Apunta lo que va escuchando en su día a día?

Para mí es el descaro, los tacos, lo escatológico, me parece mucho más real. Yo tengo conversaciones cotidianas que son así. Apunto alguna cosa, sí. A mí me gustan mucho las anécdotas, lo uso todo. Yo lo aviso, si me contáis cualquiera cosa la puedo usar. A veces ni me acuerdo de quién me la contó. Y se escribe todo, sobre todo el trabajo de la estructura con Fernando Pérez, que ha sido el otro guionista con el que hemos hecho la adaptación. Siempre espero, eso sí, que en rodaje se termine, que se aporten más cosas. Aunque hasta el montaje de todas maneras no se termina. Hay frases muy claras que son así y que tienen que ser dichas así, y otras que aparecen... «Te voy a rajar de garganta a coño», que se dice en la película. A mí es lo que más me gusta de todo esto, el trabajo con el actor y de la escritura.

¿Qué quiere contar con esta película? ¿Qué ha aprendido?

Me gustaría que la gente saliera hablando de sus fantasías y le perdiera un poco el miedo a hablar de sus deseos y pulsiones. Y que fueran más tolerantes con la sexualidad de los otros. He aprendido a trajabar con gente muy importante... y que hay que seguir divirtiéndose.

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