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Chus Lampreave, la eterna secundaria que se convirtió en estrella a su pesar

La intérprete trabajó con los cineastas más importantes de nuestro país y con la inmensa mayoría de ellos repitió

Día 04/04/2016 - 19.32h

Este lunes nos ha dejado Chus Lampreave, una de las actrices más entrañables y queridas por el público del cine español, rostro permanente de los últimos 50 años de nuestra cinematografía. Y eso que no iba para actriz, ella quería ser pintora: a base de insistirle, con persistencia, lo acabaron consiguiendo... Pero no unos cualquieras, sino gente de la talla de Pedro Almodóvar o, más recientemente, Juan Antonio Bayona, que pertinaces la pudieron convencer finalmente para trabajar con ellos. Lampreave expresó así en 2012 su despreocupada filosofía laboral: «Ser actriz es una maravilla, pero yo nunca me lo creí. Si me llamaban otra vez, bien, y si no me llamaban, también bien»

A lo largo de su extensa carrera, con más de 80 películas y series a sus espaldas, la intérprete trabajó con los mejores directores patrios. Ferreri, Berlanga, Almodóvar, Trueba, Cuerda... Y con la inmensa mayoría de ellos repitió, prueba definitiva de sus bondades como actriz y de su ascendencia entre el público por ese toque especial que le daba a sus papeles.

Para ejemplificar esta devoción de los grandes por Lampreave, quién mejor que el director de cine manchego más prestigioso. En el libro de «Conversaciones con Almódovar», elaborado por Fréderic Strauss, el cineasta cuenta que es una de sus actrices favoritas. Lo explica así: «Chus es de esas actrices que, aunque solo aparece en la imagen unos segundos, me impresiona mucho». Su absoluta naturalidad, simpatía y enorme fuerza cómica la acabarían convirtiendo en una de las grandes secundarias de nuestro cine. El director de «Todo sobre mi madre» considera que puede ser la actriz que más quiere de todas las que han trabajado con él. Su chica Almodóvar.

Lampreave rodó sus primeras películas con Marco Ferreri cuando trabajó en España a finales de los 50, actuando con dos participaciones muy menores en dos de sus grandes clásicos: «El pisito» y «El cochecito». Ella había empezado en este mundillo por amistad, no era una actriz profesional. Trabaja con quien le apetecía. Un tal Berlanga, por ejemplo, con el que trabajó en «El verdugo».

Como hemos comentado antes, a Lampreave el cine no le interesó inicialmente, no era su vocación. Y como le gustaba la pintura, se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde la conoció Jaime de Armiñán, que la hizo debutar en televisión. «Era una chica morenita -escribió en ABC-. Tenía un raro sentido del humor -es decir, sentido del humor-, buen carácter, rapidez de improvisación, excelente oído y unos grandes ojos negros».

Pero fue Fernando Trueba y, sobre todo, Pedro Almodóvar quienes convirtieron a Chus Lampreave en un icono. Con el primero ganó un Goya por su papel de Doña Asun en «Belle Epoque», mientras que con el cineasta manchego firmó varios inolvidables papeles, entre ellos los de la abuela adicta a las magdalenas y el agua de Vichy en «¿Qué he hecho yo para merecer esto?»: el de portera testiga de Jehová en «Mujeres al borde de un ataque de nervios»; el de Tía Paula En «Volver» o el de madre de la escritora Leo Macías en «La flor de mi secreto», donde protagonizaba los mejores momentos junto a Rossy de Palma, a la que espetaba un sonoro «¡Cara de ladilla!»; el propio Pedro Almodóvar, precisamente, dirigió hace ocho años a las dos actrices en un anuncio en el que recreaban sus dos personajes de esta película.

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