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«El juez»: las tripas y el corazón de un proceso judicial en Francia

«El juez»: las tripas y el corazón de un proceso judicial en Francia

Fabrice Luchini protagoniza esta película, recién estrenada en nuestro país, que muestra, además del juicio con jurado popular, lo que ocurre entre bambalinas

Día 11/04/2016 - 11.15h

Un jurado popular, compuesto por miembros de diferente clase social, raza y religión, debe dirimir sobre un terrible caso: la muerte de un niño de dos años quizá por las patadas de su padre. El juicio fluye bajo la batuta del presidente del tribunal, interpretado por el gran Fabrice Luchini, un tipo algo antipático, distante, incisivo y vanidoso. «¿No es feliz?», le pregunta una ayudante de la judicatura. «¡Madre mía! ¿Si soy feliz? Yo no soy tan ambicioso», contesta el protagonista de «El juez», película francesa recién estrenada en nuestro país.

¿Quería contar una historia de amor? «No esencialmente. Quería mostrar un juicio en Francia, que es una situación de mezcla de personas de diferentes clases, que también ocurre en el colegio y antes en la mili, pero que se da poco», explica Christian Vincent, el director de la cinta, que añade sonriente: «Y además me gusta mostrar cómo trabaja la gente». Como en «Spotlight». En Francia los juicios con penas de menos de 10 años funcionan con este sistema de jurado popular que se muestra en la cinta, formado por seis miembros y tres suplentes que son elegidos a partir de las listas electorales (además de otros requisitos como tener más de 26 años y ninguna condena), a los que pagan «no mucho» y que deben abandonar su puesto de trabajo el tiempo que corresponda con su labor.

El director también ha querido mostrar lo que hay detrás de las bambalinas del juicio, sin rechazar el toque humorístico a lo largo del filme, como las discusiones grupales del jurado popular, sus diversas realidades, y lo que a veces surge... en en un momento cumbre el presidente del tribunal (que no juez, cosa que enerva muchísimo al personaje... ¡y aquí se ha titulado así!) se explica a la concernida echando mano de un poema de Antoine Pol: «Quiero dedicar este poema a todas las mujeres que amamos durante algunos instantes secretos, a las que apenas conocemos».

La idea la película nace de una insinuación a Vincent por parte de su productor para que pensara algo para rodar con Luchini. Y justo éste acababa de leer «Los testigos», de Georges Simenon, del que es fan absoluto, y, aunque no es una adaptación del libro, se le encendió la bombilla para empezar a dibujar esta historia con el actor como protagonista. Para documentarse acudió a muchos jucios, por ejemplo el de una violación múltiple, pero el caso no es real ni está inspirado en ninguno. «El objetivo de la Justicia no es sacar a la luz la verdad, es reafirmar los preceptos de la Ley.... y castigarnos en consecuencia», dice el personaje de Luchini en otra gran escena de la cinta. «El presidente del Tribunal tiene una labor de psicólogo, de tranquilizador. Cuando dice eso quizá fue un poco lejos, pero estaban muy desajustados. Participar en un jurado popular puede ser un periodo traumático», dice el cineasta, casi un calco de un Tim Robbins, aunque menos corpulento y alto además de peinado muy despeinadamente.

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