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Yared Zeleke: «Mi historia es la de miles de refugiados que no quieren irse de casa»
Yared Zeleke, director de «Efraín»

Yared Zeleke: «Mi historia es la de miles de refugiados que no quieren irse de casa»

El director de «Efraín» se convirtió el año pasado en el primer etíope de la historia en ser seleccionado para el Festival de Cannes con esta película sobre la perdida de la inocencia

Día 11/04/2016 - 11.14h

Yared Zeleke (Adís Abeba, 1978) ya ha hecho historia. Con su primera película, «Efraín», se ha convertido en el primer etíope seleccionado para el Festival de Cannes y uno de los pocos directores que ha conseguido traspasar las fronteras del país. El joven cineasta no hace más que recibir elogios allá por donde va con esta emotiva historia, en parte autobiográfica, sobre la pérdida de inocencia de un niño que se ve obligado a abandonar a su padre y refugiarse en la Etiopía rural contemporánea. «Crecí en Adís Abeba durante la dictadura comunista y no fui un privilegiado, pero mi infancia fue como un cuento de hadas. Viví rodeado de amor», recuerda. Pero a los 10 años, en plena guerra civil, su familia le sacó de allí en cuanto tuvo la primera oportunidad. Se fue con su padre a Estados Unidos en busca de una vida mejor. «Aquello me rompió el corazón y, realmente, nunca lo superé. Cuando mi padre murió hace cinco años, empecé a escribir esta historia para hablar de ese dolor», explica.

- ¿Recuerda lo que sintió el día que se marchó de Etiopía?

- Esa es una pregunta que aprecio que me hagas y lo que te voy a contar es muy personal, pero voy a hacerlo porque nadie se había interesado antes por ello. Aquel día me trastornó por completo, tanto que, de manera extraña, aún sueño con ello. Y fue tal la sensación de tristeza que me costó mucho volver a Etiopía. Cuando finalmente lo hice, la mujer que me había criado allí y a quien yo llamaba mamá estaba en su lecho de muerte, agonizando. Mi historia es como la de miles de niños refugiados que no quieren irse de su casa. Nadie elige marcharse de su hogar.

- Problemas de Etiopía como la sequía, el paro o la desigualdad están muy presentes en «Efraín». ¿Cuál fue la reacción de los etíopes al ver la película?

- Muy buena. Nadie ha criticado ningún aspecto del filme ni el hecho de que retrate a la iglesia o el papel de las mujeres, algo que me sorprende. La gente me ha dicho cosas como: «Me has contado la historia de mi infancia». Incluso mi tío, que no es una persona muy formada, comentó que era una historia sencilla, pero con muchas capas. Y otros espectadores incluso pensaron que era un documental.

- ¿Que diferencia hay entre lo que destacaron los etíopes con respecto a los europeos?

- Los etíopes comentaron mucho el tema de la exportación de los alimentos para conseguir moneda, que ha hecho que los precios de la comida aumenten, mientras que los europeos pensaron que Etiopía es más patriarcal de lo que en realidad es. Sí que se favorece a los hombres en mi país, pero como en cualquier otro. Sin embargo, no es la Turquía que se refleja en «Mustang». Los hombres no tienen ese tipo de control sobre las mujeres.

- En Estados Unidos rechazaron la película...

- Compartí el guion con varios productores neoyorquinos y a casi todos les gustó la idea, pero decían que la película sería demasiado cara y muy difícil de realizar. Y es cierto que lo fue. No se imaginaban que un filme de este calibre, realizado en África, pudiera llevarse a cabo, porque estamos hablando de una zona rural de Etiopía, un territorio desconocido para el cine y en general. El único motivo por el que he rodado «Efraín» es porque una productora amiga de Ghana que vive en París creyó en la historia y presentó el guion a varios certámenes, hasta que ganó varios premios en Francia y Alemania.

- ¿Está la industria del cine etíope en un buen momento?

- Es muy difícil comparar el cine etíope con el de los otros países porque solo se rueda sobre, por y para Etiopía. Pero es una buena industria y los espectadores están hambrientos de verse a sí mismos, por lo que se consume. Y hay mucho talento, sobre todo entre las directoras. Lo malo es que la mayoría de las películas cuentan historias de la clase media y alta, mientras que el 85% de los habitantes son agricultores humildes. Eso no es bueno para la identidad y la psicología del país, sobre todo para la juventud. Tampoco me gusta que muchos filmes son copias de Bollywood y Hollywood.

- ¿Cómo encontró a una actor tan expresivo como el debutante Rediat Amare, de nueve años?

- En una prueba para 7.000 personas, la mayoría niños. Pero ninguno de los otros se le acercaba a la suela del zapato. De manera instantánea pensé que debía ser él. Realmente tiene un don que no consiste sólo en ser bueno proyectando las emociones delante de la cámara, sino también por su profesionalidad.

- ¿Ha pensado alguna vez qué sería de su personaje, Efraín, en el futuro?

- Eso es interesante. Creo que sería un chef en un restaurante de la ciudad, porque tradicionalmente, en el mundo rural, son las mujeres las que cocinan. Pero en las ciudades ahora cada vez hay más hombres en la cocinas. La secuela, de hecho, va sobre las experiencias de Tsión en la ciudad, la chica que acompaña a Efráin en el filme.

- La mayoría de los actores también debutan. ¿Fue premeditado?

- Fue consecuencia de que Etiopía es un país donde no hay muchos actores formados profesionalmente para actuar frente a una cámara, así de sencillo.

- Después del éxito de «Efráin», ¿ha pensado en su carrera como director a largo plazo?

- Creo que ahora sí. Se ha convertido en la película más importante de África del año pasado y tengo mucha suerte. Tengo muchas más cosas que contar a parte de la infancia en Etiopía y espero poder hacerlo.

- ¿Qué le hubiera gustado hacer en «Efraín» que no haya hecho si hubiera contado con más presupuesto?

- Hubiera hecho exactamente lo mismo. Nunca me imaginé que fuera a contar ni con el presupuesto que obtuve, un millón y medio, que es mucho para una película africana.

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