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«El guardián invisible»: cine negro en las entrañas de Elizondo
El director Fernando González Molina da indicaciones a la protagonista de «El guardián invisible», Marta Etura, durante el rodaje en Elizondo

«El guardián invisible»: cine negro en las entrañas de Elizondo

ABC viaja al rodaje en el valle de Baztán de la adaptación cinematográfica de la famosa novela de Dolores Redondo, dirigida por Fernando González Molina

Día 18/04/2016 - 14.19h

Cuando Dolores Redondo leyó la noticia en ABC hace cinco años, no se imaginó ni por lo más remoto lo que se le venía encima. «La Guardia Civil investiga el asesinato de una bebé a manos de una secta hace 30 años», decía el titular que le inspiró para escribir «El guardián invisible», primera entrega de una de las trilogías que más pasión ha levantado en los últimos años. Un fenómeno nacional e internacional que comenzó con una llamada desde el Festival de Cannes en mayo de 2012: «Está aquí el productor de 'Millenium', que quiere los derechos de tu novela para llevarla al cine», le dijo su agente. «Imagínate la alegría, esos días no dormía por la noches del vértigo que sentía. Era una autora absolutamente desconocida, con una obra no publicada. ¿Que Peter Nadermann quiere los derechos? Pues tómalos», recuerda la escritora, sentada en un banco junto al puente de Elizondo donde, al mismo tiempo, se está rodando una de las escenas de la adaptación cinematográfica con Fernando González Molina, como director, y Marta Etura, como protagonista.

Una rápida mirada alrededor nos descubre el valle de Baztán, la frondosidad de sus bosques, sus prados de altura y el color verde rodeando a sus antiguas casas señoriales. Ese fue el escenario escogido por Redondo para esta novela negra que narra el regreso de la inspectora jefa de Homicidios de la Policía Foral de Navarra, Amaia Salazar, a su Elizondo natal, de donde huyó por un terrible trauma de la niñez. Allí tendrá que investigar los asesinatos de una serie de niñas, donde entrerán en juego los seres más inquietantes de las leyendas del norte. «Queríamos hacer un thriller profundamente internacional y, a la vez, anclado a Navarra. Algo que ha funcionado en la literatura y que, viendo las primeras imágenes, tengo la sensación de que va a funcionar también en la cinta», cuenta el también director de películas como «Palmeras en la nieve» (2014) o «Tengo ganas de ti» (2012) desde otro de los puentes de este pequeño pueblo al que le llevaban de excursión desde Pamplona cuando era un niño. Si atendemos a las cifras del libro, no lo tiene fácil: alrededor de un millón de ejemplares vendidos y 57 reediciones en más de 30 países de todo el mundo, tales como Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Alemania, Suecia, Corea, Francia o Italia.

«Pensar en todo eso es una pasada. Llegué por primera vez al set hace dos días, en el momento en el que se preparaba la secuencia del funeral, con aquellas 200 personas desmontando literalmente la iglesia de Elizondo por dentro y montando las grúas, y pensé: 'Ostras, esta escena la inventé yo y la escribí en la pequeña mesa donde hacían mis hijos los deberes'. Aquello me hizo sentir como si estuviera mirando al abismo, pero un abismo muy atrayente», recuerda Redondo, que consiguió traerse al productor alemán un par de días a este munipio de tres mil habitantes para arrancarle la promesa de que se rodaría en este enclave descrito por el director como «un escenario cinematográfico increíble». Le llevó por los caminos embarrados del Sendero de Infierno de Lekaroz (Infernuko Erreka), atravesó prados, caseríos, robles y castaños, y llegó hasta el molino Errotaberri, al que antaño llevaban los vecinos de Elbete el cereal. Le sumergió en estas tierras misteriosas, de brujas, akelarres y lugares perdidos junto al río donde aparece el cadáver desnudo de la adolescente al comienzo de la novela. Comieron chuletón y bebieron sidra. «Con este paisaje no podemos buscar otro», le insistió... y Nadermann entendió que el filme debía rodarse aquí.

«El paisaje es otro protagonista de la película, un personaje fundamental. Amaia Salazar y el Baztán son igual de importantes», reafirma González Molina, quien cree que están siendo «muy fieles a la protagonista del libro», que era una de las preocupaciones de Dolores Redondo: «Quería que fuera ese personaje fuerte y, a la vez, con un profundo drama interior. Y creo que la esencia de ese viaje personal de Amaia al Baztán para reencontrarse con su pasado está en la película», explica el director, que no puede evitar los paralelismos con uno de sus títulos favoritos de los 90 en lo que respecta a la trama, «El silencio de los corderos», y el primer cine de Polanski, en la estética. Lo explica bien el director de Arte, Anton Laguna, en la visita que realiza ABC por los escenarios del rodaje. «Tratamos de darle una estética menos rural, más oscura y nórdica de lo que leemos en el libro, al estilo de 'Millenium' o la serie 'The Killing'. Que tuviera una factura más internacional y alejarnos de lo que estábamos acostumbrados a ver aquí», cuenta, mientras pasea por el interior de una borda, tratando de esquivar las telerañas y un gato muerto como parte del decorado. «No, el gato es de verdad. Apareció aquí y lo dejamos en el mismo sitio», puntualiza con una sonrisa traviesa.

Los txantxigorris

Tanto Dolores Redondo como Fernando González Molina están encantados por cómo les han integrado los vecinos. «Son muy discretos. Yo decía: 'Se va a liar una muy gorda, teniendo en cuenta que aquí 'El guardián invisible' es un fenómeno. Pues nada, te encuentras a siete personas y no dicen nada. Todo el valle se está portando muy bien con nosotros y espero devolverles eso, que se sientan orgullosos de que su pueblo está muy bien representado en la pantalla». Tendrán que esperar hasta el estreno, a principios de 2017.

Una de esas vecinas es Mari Carmen, que aparece citada en el libro como dueña de la tienda de confección en la que la madre de Amaia Salazar le compraba la ropa de pequeña. Es tímida y amable a partes iguales, por lo que este dato no lo desvela ella, lo descubrimos después en las páginas del libro. «Es que los baztaneses somos muy recogidos y un poco vergonzosos, no nos gusta salir. Ahora es una pasada, porque vienen un montón de visitantes por la novela todos los fines de semana», cuenta la comerciante, que confiesa que cuando ve el rodaje se oculta en la tienda.

Hace tres años, Juan Mari Ondikol y Beatriz Ruiz de Laguinaga comenzaron a organizar visitas guiadas por los escenarios del pueblo que aparecen en el libro: «Fue a petición de la gente que venía buscando las localizaciones y Dolores nos ayudó a ubicarlas. Esta semana Santa tuvimos todos los días grupos de 30 personas y, a veces, repetíamos». El escaparate de la librería Nafarpress está copado por productos relacionados con la obra de Redondo, incluídas las ediciones en catalán, coreano, alemán y francés, además de la versión en cómic de la historia de Amaia Salazar. Y en la pastelería Malkorra, después de que hace décadas dejaran de hacerse los txantxigorris, esas tortas de manteca, harina, azúcar, levadura y chicharrones fritos que se cocinaban antaño en las casas, tan presentes en la trama, han comenzado a elaborarlas de nuevo.

Cuenta Dolores Redondo que uno de los primeros comentarios que le hicieron en Elizondo cuando se estrenó «El guardián invisible» fue el de una señora muy mayor que le paró por la calle y me dijo: «Perdona, te quiero decir una cosa y que no te siente mal. A mí me gusta mucho lo que escribes, pero, ¿y si la gente piensa luego que aquí hacemos esas cosas?».

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