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«Soul's protest», la respuesta de Corea del Norte a «Titanic»

«Soul's protest», la respuesta de Corea del Norte a «Titanic»

El director y el reparto vieron la película de James Cameron más de 100 veces para tener todos los detalles fresquísimos

Día 25/04/2016 - 09.45h

De todas los filmes surgidos al rebufo del éxito planetario en 1997 del «Titanic» de James Cameron, «el hijo» más curioso de todos ellos quizá sea el norcoreano, como quizá no podría ser de otra manera. La película se podría considerar como la respuesta a «Titanic» por parte de Kim Jong-il, el exsátrapa de Corea del Norte (y padre del actual)...

Inspirados por la trágica cinta interpretada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, en el año 2000 se estrenó «Soul's protest», el Titanic norcoreano como fue bautizada rápidamente, y en cuya dirección estaba Kim Chung-song. La película cuenta el accidente del barco Ukishima Maru, que transportaba a miles de trabajadores forzados coreanos, y en el que cientos de ellos murieron ahogados por su hundimiento debido a una misteriosa explosión, que, según la postura de la cinta, o sea la norcoreana, fue deliveradamente llevada a cabo por la flota japonesa.

El filme nació con la idea de subirse al carro del éxito de la película de Cameron, pero, según el libro «Historia del cine norcoreano», de Johannes Schönherr, fue un fracaso de taquilla a nivel internacional, a pesar de los 10.000 extras involucrados, de la participación del propio ejercito del país...

Como bien es sabido, a Kim Jong-il le fascinaba el cine. Y para reflotar la industria de su país incluso envió a Rusia a directores para estudiar cine, incrementó el presupuesto destinado a los realizadores, e incluso secuestró a una estrella del cine surcoreano, al director Shin Sang-ok, para hacer películas para su régimen durante ocho años

Dos de las más famosas escenas de la película de Cameron, la «escena del vuelo» entre Leo y Kate o el dramático final, fueron replicadas en «Soul's protest». En el primer caso se hizo de una manera sutil, sin los brazos en cruz de ninguno, y mostrando simplemente unas tímidas miradas entre ambos. En el segundo caso, según describe la BBC, parecía que los que la rodaron «tenían los bocetos de la famosa escena de Titanic en la mano». No en vano, según el libro de Schönherr, el director y el elenco actoral habían visto «Titanic» más de 100 veces para tener todos los detalles fresquísimos.

Distribuida en teatros y la televisión, la película «presuntamente» tuvo un éxito estupendo a nivel nacional, pero fracasó en el ámbito internacional, como ya hemos mencionado. Fue al Festival de cine de Moscú, al de Hong Kong, en Corea del Sur se anunció como el «Titanic norcoreano» (en letras más grandes que las del propio título de la película)... pero no funcionó.

En 2001, hubo un brote verde. La Seoul's Narai Film Company compró los derechos de distribución en Corea del Sur de la cinta por la suma nada despreciable de 320.000 dólares. Era una gran oportunidad para generar ingresos, una de las grandes motivaciones del régimen de Kim Jong-il, pero el éxito duró poco. Ese mismo año, un juez japonés dictaminó que los 15 supervivientes de la catástrofe en la que se basaba la película, la de Unishima Maru, deberían recibir 375.000 dólares por explotar la historia de sus vidas sin su reconocimiento, sosteniendo además la postura siempre mantenida por Japón de que el barco había chocado con una mina estadounidense abandonada tras la Segunda Guerra Mundial.

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