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La fabulosa historia del crítico de cine inventado para hacer reseñas positivas
Rob Schneider, en una escena de «Estoy hecho un animal», título que el inexistente David Manning calificó como «otro éxito»

La fabulosa historia del crítico de cine inventado para hacer reseñas positivas

El directivo de una productora ideó la estratagema para poner por las nubes todas sus películas

Día 27/04/2016 - 13.43h

Es bien sabido que el papel del crítico de cine cada vez es menos relevante. El éxito de una película en taquilla depende más de las estrategias de marketing y del número de copias que logra lanzar una distribuidora en el fin de semana del estreno. A los que aún sobreviven escribiendo reseñas cada semana siempre les queda la posibilidad de reivindicar un título pequeño y darle el empujón necesario. Para completar el milagro, luego hará falta que el boca a boca llegue a tiempo, antes de que la cartelera lo engulla con su voracidad habitual. Ocurre poco, pero aún se conocen casos.

No siempre fue así, sin embargo. No hace falta remontarse a André Bazin o a nuestro Alfonso Sánchez para encontrar casos de críticos con influencia. La prueba es que en una fecha tan cercana como el año 2000, una de las «majors» llegó al extremo de inventarse un crítico ficticio para conseguir buenas reseñas de sus películas. Un ejecutivo de Sony tuvo la idea, pensando en los estrenos de su filial Columbia Pictures.

El nombre que eligió fue el de David Manning, en honor a uno de sus amigos, supuesto empleado de un pequeño semanario de Connecticut, «The Ridgefield Press». La importancia del medio en estos casos no es tan importante como la posibilidad de extraer una frase y colocarla en el cartel, en los tráilers y en el resto de material de promoción. Manning no dudó en alabar títulos como «Destino de caballero», que no estaba mal del todo, y «Estoy hecho un animal», comedia más discutible protagonizada por Rob Schneider que fue calificada como «otro éxito», en contra de la opinión mayoritaria de sus colegas de carne y hueso.

Un ordenador le prestó su voz

Otros títulos promocionados con este método fueron «El hombre sin sombra», «El patriota» y «Límite vertical». Lo más sorprendente, con todo, no fue que Manning pudiera escribir reseñas, sino que llegó a hablar en la radio, el 10 de junio de 2001. Ocurrió en el programa satírico «Le show», presentado por Harry Shearer. Un sintetizador de voz hizo posible el engaño.

La historia se acabó cuando John Horn, periodista de «Newsweek», descubrió el pastel y comprobó que en «The Ridgefield Press» no trabajaba nadie con ese nombre. En el semanario se enteraron entonces del engaño, en el que también habían sido utilizados. Horn tiró del hilo y forzó a la compañía a pedir perdón. Los propios responsables de las películas beneficiadas se sintieron mal. Ya que el autor era inventado, dijo uno, le podían haber endosado frases más inteligentes. Tampoco quedó nunca claro por qué se recurría a las frases de Manning incluso cuando había otras auténticas igualmente laudatorias.

El 3 de agosto de 2005, Sony llegó a un acuerdo extrajudicial y ofreció cinco dólares de indemnización a cada persona que hubiera pagado por ver alguna de las películas mencionadas arriba influido por los comentarios de Manning. Se desconoce cuántas personas reclamaron su billete, aunque se sabe que fueron dos espectadores de California, Omar Rezec y Ann Belknap, quienes interpusieron la denuncia, según recoge «The Telegraph». El acuerdo total hablaba de 1,5 millones de dólares.

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